Asapmi - Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infantojuvenil

Actividades 2018

Cafés asápmicos- Septiembre

Reseña del café: ¿Víctimas de ayer, denunciados de mañana?

Cafés asápmicos- Septiembre

¿Víctimas de ayer, denunciados de mañana?
Consideraciones acerca del maltrato de hijxs a madres y/o padres
Sandra Hiriart (Licenciada en Psicología UBA) y Susana Tesone (Licenciada en Trabajo Social)
La licenciada Tesone nos cuenta que el grupo de jóvenes de 14 a 21 años, que ella asiste, ejercen violencia hacia sus padres y/o madres como un mecanismo para conseguir por la fuerza algo que de otro modo no lograrían.
Si bien este tipo de violencia es bastante frecuente y va en aumento, según comenta Hiriart, tiene un escaso abordaje y no siempre un correcto tratamiento.
Ahora bien, ¿cuáles son los causantes de este tipo de maltrato? Entre ellos, Tesone cita el rompimiento de una jerarquía generacional funcional, la perdida del “sentido común” para resolver algunos conflictos, con lo cual se cree requerir de un “especialista”, llevando en muchas ocasiones a una patologización de la infancia; una supuesta cultura adolescente que es asimilada por los progenitores y produce un corrimiento del lugar del adulto; el desconocimiento de los nuevos códigos de los adolescentes; la ausencia de equilibrio entre derechos y responsabilidades, la cual provoca un patrón de abusos que no es visibilizado por los padres y/o madres; el estatuto de ciertos imaginarios sociales que deben ser cuestionados o superados como por ejemplo la amorosidad, la masculinidad y la familia. A estas causas en el caso argentino, se debe considerar el contexto sociohistórico y tener presente las secuelas que societariamente nos ha dejado la dictadura: las marcas del autoritarismo y la represión llevan a algunas familias a pasar de una conducta extrema a otra, en la cual se proyectan modelos familiares sin ninguna autoridad ni límites.
La intervención con estos grupos familiares pasa por un trabajo grupal que integra aspectos sociocomunitarios e interdisciplinares; lograr que las familias “nombren” el fenómeno de la violencia para poder visibilizarlo y sentirlo como un “problema a resolver”, lo cual llevaría a repensar la culpabilidad y salir de posiciones extremas y aumentar la capacidad de reflexionar sobre las propias prácticas familiares.
La violencia ejercida hacia padres y/o madres toma un cariz especial cuando se ejerce hacia las personas mayores de 60 años. Según datos de la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) en el primer cuatrimestre de este año se presentaron de 1 a 8 denuncias diarias, y en los últimos diez años, el 44% de las personas mayores presentaron denuncias por algún tipo de maltrato.
Concomitante con lo planteado por Tesone, Hiriart nos cuenta que el mayor porcentaje de hijxs violentxs nacieron entre los años 1974 y 1980 y entre otros rasgos en común, no han terminado los estudios secundarios, están empleadxs o subempleadxs, mantienen vínculos afectivos laxos, no tienen independencia habitacional, realizan un consumo cotidiano de drogas y alcohol, en todos los casos ha habido violencia previa de los padres y/o madres hacia lxs hijxs que hoy son agresores, y fundamentalmente, recalca Hiriart, ningunx de ellxs posee un proyecto de vida.
Ahora bien, los factores que deberían brindar protección a las personas mayores son ahora, los causales de la violencia ejercida hacia ellos, como son el tener una casa propia y una jubilación o pensión.
Del debate posterior a lo disertado, surgieron una serie de cuestiones que enriquecieron las exposiciones y reflexiones, que como afluentes, nos dejaron nuevas cuestiones para repensar nuestras prácticas y proyectar futuras acciones. Entre las primeras se concluye que no siempre los dispositivos asistenciales tienen éxito para revertir estas situaciones, por un lado se acude a la Justicia, la cual debería implementar estrategias para el trabajo comunitario de lxs agresores, que impliquen una sanción y una reparación. Por otro lado, es necesaria una reflexión cultural que reconstruya la identidad desde otra realidad y permita desnaturalizar los hechos de violencia.
Dentro de los interrogantes, los que con más fuerza resonaron fueron ¿Qué dispositivos hay que implementar en la cotidianeidad hacia por el lado el/la agresor/a y por otra hacia los adultos maltratados. A la vez repensar ¿quién determina el riesgo? Y el rol de lxs operadores de salud en la detección y denuncia de casos de maltrato.

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