Asapmi - Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infantojuvenil

Aspectos Jurídicos

DOS FALLOS ALENTADORES SOBRE EL SUPUESTO SINDROME DE ALIENACION PARENTAL Y EL CONCEPTO DE CO-CONSTRUCCION.

Tenemos el gusto de transcribir algunos párrafos de dos fallos reciente de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires.
Los mismos resultan alentadores por cuanto –el primero- resuelve un planteo de tenencia de hijos declarando la acientificidad del denominado “Síndrome de Alienación Parental” sin perjuicio de analizar la conflictiva del caso que entenderíamos se enmarca claramente en un supuesto de abuso emocional.
En el segundo, la misma corte bonaerense revocó un fallo de la Cámara de Casación Penal cuestionando fundadamente y derribando la mala y defensista utilización del concepto de co-construcción en un caso de abuso sexual infantil intrafamiliar que había motivado la absolución en dos instancias del imputado.
Sin perjuicio de posibilitarse la lectura completa de ambos fallos que están incluidos en nuestra página, se destacan los párrafos más relevantes de ambos decisorios.

CAUSA C. 118.503, "S. , D. CONTRA D. , M.N. . TENENCIA DE HIJOS" 22 de junio de 2016.
Del voto de la doctora Kogan:
Luego de reseñar algunos pasajes de la pericias psicológicas como del contenido de las propias manifestaciones de los niños vertidas en distintas audiencias (fs. 262/vta.), argumenta que el razonamiento judicial en el que se apoya la sentencia en crisis y la alusión que de oficio se realiza en torno a la existencia de un supuesto Síndrome de Alienación Parental (S.A.P.) que afectaría al grupo familiar, evidencia una absurda interpretación de la prueba pericial producida en autos, toda vez que en la experticia realizada no se hace alusión siquiera indirectamente a tal supuesto síndrome (fs. 263). … Finalmente, no puedo dejar de poner de relieve la inadecuada utilización de la figura del Síndrome de Alienación Parental (ver p. 246), que se halla cuestionada en cuanto a su existencia en el ámbito de la psicología y que a su vez no habría sido introducida en la litis por ninguna de las partes y a la que no se hace alusión alguna en las específicas pericias obrantes en autos.
Del voto del doctor Pettigiani:
En autos, tal como lo pone en evidencia el dictamen del señor Subprocurador General, la calificación de la conducta paterna como obstructiva de la vinculación de la madre con sus hijos, evidenciando un posible supuesto del denominado síndrome de alienación parental, carece de la debida acreditación, extremo que demuestra el absurdo invocado (conf. arts. 384, 474 y ccdtes., C.P.C.C.). Según el doctor Richard Gardner, quien propuso el término en 1985, este síndrome constituye un trastorno de un niño cuyos padres están involucrados en una separación altamente conflictiva, cuando es influido fuertemente por uno de ellos rechazando relacionarse con el otro sin justificación legítima. El progenitor alienante, mediante distintas estrategias de sistemático adoctrinamiento, realiza una especie de "lavado de cerebro" para transformar la conciencia de su hijo con el objeto de impedir, obstaculizar o destruir su vínculo con el otro progenitor, hasta hacerlo contradictorio con lo que debería esperarse de su condición amorosa (conf. "Legal and psychotherapeutic approaches to the three types of parental alienation syndrome families: When Psychiatry and the Law Join Forces", Asociación Americana de jueces, Court Review, Vol. 28, 1991, nº 1, págs. 14-21). Se describe la actuación alienante como una campaña de denigración o desvalorización, comparaciones peyorativas o insultos, subestimación o ridiculización de los sentimientos de los menores hacia el otro, incentivación de la conducta despectiva y de rechazo, o influyendo en los niños con mentiras sobre el otro, ocultándole información relevante, provocando conflictos entre éste y aquéllos, generándoles dependencia, miedos, acosos, exigiéndoles lealtades, usándolos como testigos o ejerciendo alguna otra forma de abuso emocional (v. asimismo, Baker, Amy, "Adult children of Parental Alienation Syndrome: Breaking the ties that blind", Norton Professional Book, Nueva York, 2007). Así, se lo conceptualiza como un desorden psicopatológico en el cual un niño, de forma permanente, denigra, insulta y hasta "odia" sin justificación alguna a uno de sus progenitores, proyectándose a menudo a su familia extendida. Es incluso capaz de exhibir un desprecio sin culpa por los sentimientos del padre que se encuentra en la mira (conf. Bolaños, Iñaki, "El Síndrome de Alienación Parental. Descripción y abordajes psico-legales" en Revista de Psicopatología clínica, legal y forense, Madrid, 2002, vol. 2, nº 3, p. 25-45). Lógicamente, el foco de atención debe ser puesto en el menor. Se suele aclarar que el niño es la verdadera víctima, ya que padece perturbaciones y disfunciones debido a que sus propios procesos de razonamiento han sido interrumpidos o coaccionados. Así, relaciona sus frustraciones con los pensamientos o recuerdos asociados al progenitor alienado, y por tanto desarrolla conforme vaya creciendo, una tendencia a proyectar toda su negatividad psicológica sobre la imagen que tiene de tal progenitor, lo que termina por destruirla y por extensión a la relación (en el mismo sentido, Darnall, Douglas, "Divorce casualties: Understanding Parental Alienation" 2º Edic., Taylor Trade, Maryland, 2008). Si bien el concepto carece de expresa recepción normativa en nuestro país, más allá de lo que pueda predicarse sobre el sustrato fáctico contemplado en la ley 24.270, sí la tiene en otros (p. ej. la ley brasilera 12.318 de 2010; el art. 323 sept., Cód. Civil para el Distrito Federal de México, según modificación introducida en 2013; etc.), así como ha sido conceptualmente reconocido, en general, por la jurisprudencia comparada (por todas, Tribunal Europeo de Derechos Humanos, casos "Elsholz v. Alemania", del 13-VII-2000; íd., "Zavrel c. República Checa", del 18-I-2007; íd., "Hofmann & Hofmann v. Alemania", del 25-IX-2007; íd., "Diamante & Pelliccioni v. San Marino", del 27-IX-2011; entre otros). Sin embargo, nacida para explicar falsas alegaciones de abuso sexual en niños (conf. Cárdenas, Eduardo, "El abuso de la denuncia de abuso", LL, 2000-E-1043), la tesis del doctor Gardner carece de consenso científico. Tanto para la Organización Mundial de la Salud como para la Asociación Americana de Psiquiatría, el S.A.P. no posee comprobación médica y por eso las dos principales nomencladoras del diagnóstico psicopatológico profesional a escala mundial (el CIE-10 y el DSM) han rechazado hasta ahora su inclusión en la lista de síndromes (conf. WHO, ICD- 2010, en http://apps.who.int/classifications/icd10/browse/2010/en; y APA, en http://www.psych.org/home/searchresults?k=parental%20alienation%20syndrome). Otro tanto sucede con los pronunciamientos desfavorables a su conceptualización clínica como síndrome, realizados por la Asociación Americana de Psicología (en http://www.apa.org/news/press/releases/2008/01/pas-syndrome.aspx), la Asociación Médica Americana, la Asociación Americana de Psicólogos, la Asociación Española de Neuropsiquiatría (marzo de 2010, en http://www.aen.es/docs/ Pronunciamiento_SAP.pdf), entre otros (conf. Escudero, Antonio, Aguilar, Lola y de la Cruz, Julia, "La lógica del Síndrome de Alienación Parental de Gardner (SAP): Terapia de la amenaza", en Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq., 2008, vol. XXVIII, nº 102, pág. 283-305). En la misma tesitura se encuentran los pronunciamientos contrarios a su rigor científico, efectuados por el Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires (en http://colegiodepsicologos.org.ar/sindrome_de_alienacion_parental.html), la Federación de Psicólogos de la República Argentina (en 2014, http://sap-no.blogspot.com.ar/2015/01/pronunciamiento-de-la-federacion-de.html) y la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de La Plata (en http://www.psico.unlp.edu.ar/pronunciamiento_facultad_de_psic_contra_el_sap). Ahora bien, más allá de este debate, es posible apreciar de las constancias de la causa que si bien de las pericias realizadas emana la necesidad de fortalecer el vínculo materno filial, que se encuentra dañado, no surge de ellas la verificación de una incidencia paterna que pueda ser calificada de alienante en perjuicio de los menores (arg. arts. 384, 474 y concs., C.P.C.C.). En efecto, los dictámenes obrantes en autos dan cuenta de la violencia psicológica ejercida mutuamente entre los progenitores, con descalificaciones recíprocas frente a sus hijos (fs. 101 y vta., 134 vta./135, 218 vta.). Una situación de permanente y creciente confrontación y continua desautorización mutua y desacuerdo que ha desdibujado el rol dual de autoridad de los padres, impidiendo la conformación de un subsistema parental en el cual se puedan impartir normas y educación en forma simultánea y coparticipativa, con aliento a la libre circulación de los niños por ambos contextos materno y paterno. Circunstancia que colocó a éstos en la ingrata situación de tener que elegir, alinearse o apoyar en forma excluyente a uno de sus padres, en desmedro del otro (fs. 134 vta./5, 218/219). Y esa opción de los niños, que se ha mantenido común e invariable a lo largo de la causa (fs. 99/101, 133/5, 218/9), fue hecha en favor del padre, identificándose con esa figura, en perjuicio de la madre, cuya autoridad se ha ido desconociendo a medida que los niños han alcanzado la adolescencia y mayor independencia (fs. 218/219). En la superficie, los menores justifican la selección de ese contexto alegando malos tratos de parte de su madre, así como que ésta habría realizado actos con el objeto de perjudicar su vinculación con su padre (como el cambio de turno en el colegio al que asistían, fs. 41 y 133 vta.). Asimismo, expresan cierta preferencia por el entorno familiar alternativo construido por el padre con su nueva pareja, en desmedro del reformulado por la madre (fs. 134). Pero su verdadera causa no posee relación alguna con la eventual impericia o negligencia de la progenitora para el ejercicio de su función materna, sino que se encuentra definida por la posición que los niños han tomado en el conflicto adulto, que ha abolido la coparentalidad y los ha obligado a tomar partido, manifestando una solidaridad mayor con el subsistema paterno, en oposición al materno (fs. 219). Así, tales sentimientos de apoyo de los niños hacia uno de sus progenitores importaron la necesaria exclusión del otro, pero no es posible concluir que dicha exclusión haya sido originada justamente por la actitud alienante del beneficiado, sino más bien por el cariz alcanzado por las mutuas desavenencias y la evolución del conflicto familiar en medio del cual los niños se encontraron envueltos. e esta forma, toda contraofensiva materna contra la figura paterna, evidenciada en los múltiples conflictos suscitados por el debido cumplimiento del régimen de visitas acordado mientras los niños vivían con su madre (fs. 108/109, 154 a 162, etc.), sólo alimentó la fantasía de los menores sobre la "maliciosidad" de ésta (fs. 219). Cierto es que la franca oposición de los niños con el proceder materno (que incluye desestima en caso de A. , y desdén y un discurso adultizado de parte de F. ) colocó a ésta en una postura de sumisión ante los deseos de aquéllos (fs. 134), pero dicha actuación de los menores, en tanto ambos mundos se presentan como excluyentes, en un estado de cosas cronificado en el tiempo, lejos de significar una cruel e injustificada negación hacia el progenitor excluido, les genera malestar y angustia (fs. 219). Se ha concluido así que resulta imperioso el inicio de un recorrido terapéutico sistémico-vincular a fin de generar nuevos canales de comunicación entre todos los integrantes del núcleo familiar (fs. 218/219). No surge de autos que éste haya comenzado, sino solamente en los niños, extremo que resulta insuficiente (fs. 128/130, expediente acollarado sobre régimen de visitas). De esta forma, a pesar de las denuncias cruzadas de manipulación, las actitudes de los menores no pueden ser atribuidas a una posible alienación parental. Pues a partir de las constancias de la causa, en este estado, a falta de una específica opinión terapéutica en dicho sentido, no es posible apreciar que el progenitor de los niños haya incurrido en las conductas compatibles con dicho cuadro, como tampoco -más allá de su eventual falta de aliento para que los niños compartan más actividades con su madre (fs. 128/30, expte. sobre visitas)- en una deliberada actitud obstruccionista sobre el vínculo afectivo habido entre ésta y sus hijos, dirigida a impedir o dificultar que los vea o ejerza su responsabilidad parental (conf. Herrera, Marisa, "Responsabilidad civil y Responsabilidad parental: daños por la obstrucción del derecho de comunicación entre padres e hijos. Los límites del Derecho", LL,á2011-A-1091; también, Jáuregui, Rodolfo G., "Un caso doloroso y una adecuada solución que limita el ejercicio abusivo e irregular de la responsabilidad parental", LLBAá2013, feb.,ápág. 23). Más bien, como fuera expuesto, los menores han sido colocados por ambos padres, por sus constantes e irreconciliables enfrentamientos, en la difícil situación de tener que elegir entre uno de ellos para sobrevivir al conflicto adulto, y en ese trance, en general, la autoridad materna ha resultado afectada (fs. 99/101, 133/135, 218/219). ….
… Una aclaración adicional respecto del modo que ha evaluado la alzada en derredor a la actitud obstruccionista del padre en la dinámica familiar: comparto los conceptos vertidos por los ministros que me anteceden sobre la falta de fundamentación médica, clínica o jurídica en la consideración del Síndrome de Alienación Parental (S.A.P.). Inclusive, aunque no sea el supuesto presente en el caso, por haberse evaluado en un hombre, desde que en general su aplicación ha sido dirigida de manera concreta a las mujeres. Y en este último colectivo, presupone un estereotipo por demás discriminatorio, pues se implica en el concepto que el mal se encuentra en la mujer y de ser ello así es factible que provoque una desprotección de las víctimas de violencia de género en el ámbito familiar, además de ser un método que inhibe la opinión de los niños. De ahí que lo que sí cabe tratar es de diferenciar a los hijos en el conflicto parental de otro tipo de violencias familiares y las implicancias que ello acarrea (ver Castañer, Analía, Margarita Griesbach Guizar y Luis Alberto Muñoz López, "Utilización de hijos e hijas en el conflicto parental y la violación de derechos del supuesto síndrome de alienación parental", http://equidad.scjn.gob.mx, biblioteca virtual). Mas ello no implica que no corresponda calificar la conducta del progenitor respecto de la participación del otro y que tenga incidencia al momento de resolver la modalidad de cuidado personal (ver Herrera, Marisa, "Código Civil y Comercial de la Nación comentado", tomo IV, arts. 594 a 723, Rubinzal Culzoni editores, Director Ricardo Luis Lorenzetti, Santa Fe, 2015, págs. 360 y 361).

CAUSA P. 128.026, "ALTUVE, CARLOS ARTURO -FISCAL-. RECURSO EXTRAORDINARIO DE INAPLICABILIDAD DE LEY EN CAUSA N° 71.426 DEL TRIBUNAL DE CASACIÓN PENAL, SALA I, SEGUIDA A A., M. M.". 9 de agosto de 2017

La Sala Primera del Tribunal de Casación Penal, mediante el pronunciamiento dictado el 5 de abril de 2016, rechazó el recurso de la especialidad interpuesto por el Fiscal, contra la sentencia del Tribunal Criminal n° 1 de Morón que dictó veredicto absolutorio, por duda, en torno a los hechos por los que fuera acusado como constitutivos de abuso sexual agravado por ser la víctima menor de edad, por configurar un sometimiento sexual gravemente ultrajante para la víctima, por haber resultado un grave daño en la salud mental y por haber sido perpetrado por su ascendiente, en concurso ideal con corrupción de menores, todos en concurso real entre sí (fs. 79/86 vta.).
El Fiscal ante el Tribunal de Casación Penal, doctor Carlos Arturo Altuve, interpuso la vía extraordinaria de inaplicabilidad de ley (fs. 91/116) que fue concedida (fs. 118/121 vta.).
La fiscalía sostuvo que el argumento de la co-construcción utilizado por el sentenciante para restar valor al relato del menor es un fundamento aparente que no se condice con las constancias de la causa.
Resaltó que todos los profesionales concluyeron en la existencia de abuso sexual "lo cual minimiza el margen de error vinculado a las falsas denuncias o falsos diagnósticos motivados por la inculcación maliciosa y parectentomía", que en su opinión queda descartada pues dos de las psicólogas entendieron que la madre, M. O., no intentaba separar a su hijo del padre, "sino que sólo buscaba respuestas" (fs. 109).
Referenció las pericias psicológicas que dan cuenta de que la señora O. no tiene capacidad intelectual para generar inducciones y manipulaciones en terceros, por lo cual A. no pudo realizar un relato co-construido (fs. 109).
Aseveró que la validación del discurso de la víctima surge de las afirmaciones de los profesionales mencionados y que, a pesar de ello, el sentenciante sostuvo la posibilidad de un relato coconstruído lo cual, en el caso, carece de base probatoria (fs. 109).
Concluyó, por todo ello, que la hipótesis del Tribunal de Casación no deriva de la racional y objetiva evaluación de las constancias del proceso, sino de una arbitraria y parcializada valoración de las mismas, patentizada por el apartamiento liso y llano de las que acreditan el hecho y la participación (fs. 110 y vta.).
Afirmó que pese al absurdo que evidencia la sentencia del tribunal de origen, el órgano intermedio no se detuvo a efectuar un análisis razonado y circunstanciado de los agravios que le fueron llevados.
También consideró absurdo que frente a los dichos del damnificado y de los profesionales que lo avalaron, se privilegiara la versión del imputado y sus familiares: que la madre mintiera "y que en la empresa engañosa arrastrara a todos los profesionales intervinientes, configura un despropósito que solo anida en la cabeza de los sentenciantes" (fs. 111/vta.).
Finalmente denunció el gravamen irreparable con relación a los derechos del menor víctima del delito, la violación del derecho a ser oído y de que su testimonio sea considerado válido (fs. 114). Adujo que en este tipo de hechos de abuso sexual, cuando existe una pericia psicológica que se expide sobre la fiabilidad del relato del menor, la lectura de los peritajes debe ir necesariamente acompañada de la explicación experta, en razón del ámbito de conocimientos especiales de los que carece el juzgador (fs. 114 vta.). Se refirió a la Convención de los Derechos del Niño y destacó que tratándose de una víctima de aquel tipo de delitos y menor de dieciocho años, se encuentra protegida por el Estado por pertenecer al colectivo de personas que cuentan con protección especial (fs. 115).

El Tribunal Oral en lo Criminal argumentó que "si bien el testimonio prestado por A. A. resultó verosímil -en tanto, expresó su verdad-, lo que no fue convincente fue el contenido del mismo (...) su discurso sobre la realidad histórica se encuentra distorsionado por otros factores, también discursivos que le generaron una convicción vivencial ‘pormenorizada’ sobre aquello que su padre hacía con él".
Aclaró que aunque A. fue preciso al referir que su padre habría abusado de él en reiteradas oportunidades, dicho relato, "en base a los criterios dogmáticos en materia de la psicología, debe entenderse como una co-construcción discursiva que fue adquiriendo una contundencia dialéctica con el pasar del tiempo y a la luz de las continuas y nuevas experiencias de vida del ya adolescente" (fs. 49 y vta.).
Expresó que la contundencia y convicción en el discurso de A. "se fue forjando con el tiempo y tuvo origen en el primer informe psicológico realizado por la licenciada Paula Allievi, quien (...) de manera apresurada, mediante técnicas, aunque, tal vez usuales, pero muy cuestionadas en la ciencia en trato -como ser el uso de muñecos- y ante la primer manifestación que pudiera dar el menor A. referente a un maltrato infantil o abuso, realizó inmediatamente un diagnóstico sobre abuso sexual, el cual rápidamente se lo comunicó a su progenitora, quien desde allí selló el camino a transitar respecto de aquello que le sucedería a su hijo" (fs. 50).
Sostuvo que desde ese preciso momento se puso en marcha todo un proceso que culmina con este caso penal y que la intervención de la Lic. Allievi "fue la piedra fundacional para tratar el caso de A. como un abuso sexual y a partir de allí, tanto el niño, como su madre y abuela materna, concentraron todos sus esfuerzos para sindicar a M. A. como un padre abusador"; a lo que siguió "una catarata de intervenciones de profesionales que sólo venían a dar cuenta y refrendar aquel primer diagnóstico, basándose en informes de informes y de la palabra del menor que ya estaba contaminada (co-construída) por el abordaje de la profesional que encasilló el caso como abuso sexual" (fs. 50 y vta.).
Subrayó, por un lado, que el supuesto abuso se habría producido muchos años después de la convivencia, precisamente cuando la pareja se rompe y ambos conforman una nueva relación amorosa y, por otro, las disimilitudes en las versiones sobre la relación sentimental entre A. y O., y la de éstos con su hijo, brindada por los distintos testigos que declararon en el debate.
Describió que mientras la progenitora del menor y su abuela materna refirieron que A. no quería ver a su padre porque éste era agresivo y que el niño se orinaba y defecaba encima cuando tenía que verlo, en contraposición, los abuelos paternos del niño, su tía P. A. A. y otros testigos, desmintieron las circunstancias aludidas relatando distintos sucesos en los cuales la madre del menor impedía el contacto con su padre, dejando en claro que A. nunca se negó a verlos (fs. 50 vta./51).
Concluyó que el relato del menor "resulta factible, pero el contenido del mismo (...) se encuentra viciado a la luz de una coconstrucción, donde colaboraron su entorno más cercano, profesionales de la psicología, con más el paso del tiempo que fue afianzando la idea del abuso" por lo que se no contaba con la certeza suficiente para sostener sin hesitación que hubieren existido los hechos que se le enrostran a M. A. (fs. cit. y vta.).
4. El Tribunal de Casación, a su turno, consideró que el razonamiento efectuado por el a quo resulta lógico y acorde a las constancias de la causa, ya que frente a la hipótesis acusatoria sostenida básicamente por los dichos del menor (de cinco años de edad al momento de los hechos), de su madre, su abuela y las profesionales psicólogas y psiquiatra que lo atendieron "se alza la firme postura de la defensa, construida no solamente por la versión contraria de los hechos que dio el acusado, sino también por las declaraciones de sus parientes, algunos convivientes con él, que tuvieron relación con la víctima en la época en la que habrían ocurrido los eventos juzgados" (fs. 83 vta.).
En ese sentido tuvo en cuenta que la madre del acusado y su actual pareja –D. V.- coincidieron en negar que el niño pudiera haber sido abusado porque cuando iba a la casa siempre había gente y entendió que frente a versiones contrapuestas, la falta de un examen físico de la víctima conforman un caudal probatorio que no ofrece certezas (fs. 84).


A la cuestión planteada, el señor Juez doctor de Lázzari dijo:

“En efecto, si el a quo pretendía sostener la interpretación del Tribunal en lo Criminal acerca de un relato co-construido debió analizar puntualmente los aportes efectuados por los distintos especialistas que se expidieron en este caso, tal como lo pidió el fiscal en su recurso, para demostrarlo. Nada de eso sucedió pues la apreciación de esa prueba fue vaga y genérica. Una vez despejada esta cuestión, que atañe al testimonio del niño -único testigo del abuso sexual denunciado- correspondería evaluar la incidencia de las demás pruebas y circunstancias relevantes para la dilucidación del caso.
Como lo ha sostenido esta Corte con anterioridad, el modo de resolver que se ha descripto configura un supuesto de arbitrariedad en razón de que no fueron examinados de manera suficiente los reclamos de la parte aún cuando podían ser conducentes para la correcta solución del pleito (cfr., en lo pertinente, CS: "Putallaz", sent. de 23 de marzo de 2010 y "Bielsa", sent. de 22 de noviembre de 2011).
Si bien los jueces no están obligados a tratar todos y cada uno de los argumentos de las partes, sino sólo aquéllos que estimen pertinentes para la resolución del caso, la Corte federal ha resuelto que son descalificables como actos judiciales válidos aquellas sentencias que se pronuncian sobre puntos trascendentes mediante breves afirmaciones genéricas sin referencia a los temas legales suscitados y concretamente sometidos a su apreciación (Fallos: 314:1366 y 1434; 318:2678; 319:2016; 326:1969 y causa T.938.XLI, "Tejerina, Romina Anahí s/homicidio calificado, San Pedro -causa 3897/05-", resuelta el 7 de noviembre de 2006, y sus citas), en tanto importan una violación a las reglas del debido proceso (CS, "Tarditi, Matías Esteban s/homicidio agravado ...", consid. III del dictamen del Procurador General de la Nación, al cual se remitió en la sentencia del 16/9/2008 y de modo similar en "Peralta, Gustavo Javier s/ recurso de casación", sentencia de 10-3-2009, por remisión al dictamen del Procurador Fiscal -consid. III-; P. 119.742, sent. de 29-12-2015).
Por consiguiente, y sin que lo que antecede importe un adelanto de opinión acerca del fondo del litigio, corresponde dejar sin efecto el fallo impugnado y devolver los autos a la instancia intermedia para que el Tribunal, debidamente integrado, dé adecuado tratamiento a los agravios que se le sometieron en el recurso de casación (art. 495 del CPP).

Ver fallos completos:
http://asapmi.org.ar/publicaciones/jurisprudencia/articulo.asp?id=1070
http://asapmi.org.ar/publicaciones/jurisprudencia/articulo.asp?id=1069

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