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Aspectos Jurídicos

La madre que omite dar protección a sus hijos es tan responsable penalmente como el propio autor del abuso sexual infantil

Dr. Diego Freedman

Un tema que merece especial atención es la responsabilidad penal de los padres, padrastros u otros encargados de cuidar a los niños y a las niñas —por ejemplo, las maestras jardineras— cuando facilitan el acaecimiento del delito de abuso sexual o este hecho ocurre en el momento en que la víctima está a su cuidado y no realizaron ningún tipo de medidas para protegerla o denunciar la situación al momento de tomar conocimiento permitiendo su reiteración.
Tradicionalmente, los delitos contra la integridad sexual eran comprendidos bajo la definición de “delitos de propia mano” limitándose así la posibilidad de ampliar la autoría, o en su caso, la participación. Sin embargo, en los hechos de abuso sexual infantil, que se producen en general en ámbitos de intimidad, se advierte la cooperación por acción o por omisión de las personas responsables del cuidado de los niños y de las niñas víctimas, sin necesidad de que sean los que materialmente efectúen la conducta típica de abuso sexual. En este sentido, se consideró “partícipe necesaria del delito de corrupción de menores, por omisión, a la mujer que estaba presente cuando el reo perpetraba actos depravados con el hijo de ésta, de sólo tres años de edad, y no hizo nada para evitarlo” .
Compartiendo el criterio, un reciente precedente de la Sala I de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional (ver aquí), al confirmar una resolución de un magistrado de grado, resulta un avance al analizar la responsabilidad penal de una madre en los hechos de abuso sexual sufridos por sus hijas y cometidos su padrastro .
Precisamente, la Sra. A. M. M. L. fue procesada por los delitos de abuso sexual continuado agravado por su condición de ascendiente y por haber configurado un sometimiento gravemente ultrajante, reiterado -tres hechos, en perjuicio de sus hijas A. B., L. S. y A. R. D.- en concurso real entre sí, y con el delito de abuso sexual agravado por su condición de ascendiente y por haber existido acceso carnal, en perjuicio de la primera de las nombradas ; atribuidos a título de partícipe necesaria en comisión por omisión por no haberlos evitado. Todos estos hechos fueron cometidos materialmente por su pareja conviviente, pero la madre tomó inequívoco conocimiento de su ocurrencia y omitió el cumpllimiento del deber de cuidado y protección de sus hijas.
En concreto, el fallo relata que la madre: 1) Omitió el cuidado de sus hijas, eludiendo observar la victimización de violencia física y abuso sexual, 2) Cuando tomó conocimiento de la violencia física y el abuso sexual no evitó que dichos actos continuaran ocurriendo, 3) No auxilió a sus hijas, brindándoles contención, cobijo y tranquilidad cuando le relataron los actos de violencia física y de abuso sexual que sufrían, 4) Simuló ante las autoridades de la escuela atender el relato de su hija A. R. D., y luego, una vez solas, la reprendió por lo que había contado amenazándola con que la iba a echar de la casa si el padrastro se iba; 5) Le contó al padrastro lo que sus hijas le habían referido, generando que las golpeara; 6) No les brindó a sus hijas la confianza necesaria que necesitaban para que le narraran los episodios de los cuales eran víctimas; 7) Hizo caso omiso a las recomendaciones que los especialistas de la escuela de las niñas le dieron al enterarse de lo que estaba padeciendo A. R. D. y cuando su pareja fue excluido del hogar permitió que regrese exponiendo nuevamente a las niñas a las conductas abusivas; 8) Avaló la violencia física que el padrastro ejercía para con sus hijos en tanto, ya que presenció palizas, golpes con ojotas o con un palo de la escoba, patadas, tiradas de cabello y la destrucción de objetos personales, y 9) Accedió ella misma a golpear a sus hijos cada vez que le era requerido por el padrastro.
Se advierte una muy prolija descripción del obrar de la madre y se detallan los incumplimientos en forma reiterada y consecutiva de su deber de protección respecto de sus hijas, lo cual tuvo como consecuencia que se mantenga la situación de su vulnerabilidad y que se puedan reiterar los hechos de abuso sexual. Es importante recalcar que no se responsabiliza meramente a la madre por su rol, es decir, por ejercer la patria potestad, lo cual se traduciría en una responsabilidad objetiva, sino que se analiza la evolución de los hechos y se identifica en concreta el obrar y las omisiones de la madre en distintas ocasiones en que se puso en peligro el bien jurídico (la integridad sexual de sus hijas).
Cabe remarcar que este obrar de la madre fue acreditado sobre la base del relato del padre, una hermana de las niñas (ambos testigos de oidas) y las propias víctimas. También se tuvo en cuenta las apreciaciones de la directora del colegio, que oyó el relato de la niña a su madre.
En definitiva, creemos que este precedente contribuye a analizar con mayor detenimiento las distintas responsabilidades en un hecho de abuso sexual infantil. Creemos que la Cámara al confirmar el procesamiento y explayarse sobre el obrar de la madre ha tenido una postura equilibrada para justificar un reproche penal por el incumplimiento de sus deberes de cuidado y protección y, a la vez, evitar caer en una responsabilidad objetiva que sería lesiva del principio de culpabilidad. Asimismo, resulta fundamental el valor que se le da a la declaración de las niñas víctimas en este caso. Generalmente, en los hechos de abuso sexual infantil, la acreditación de la autoría y la materialidad se realiza sobre la base de la declaración y de las pericias físicas y psicológicas de la víctima (aparte de alguna otra prueba complementaria). Pero, acá se debía acredita la conducta de la madre, que en concreto, no fue la autora material de estos hechos de abuso, sin embargo se consideró suficientemente probado su obrar, principalmente, por el relato de las niñas víctimas.
Diego Freedman

1. Romero Villanueva Horacio J., Código Penal de la Nación y Legislación Complementaria Anotados de jurisprudencia, 3ra. Edición ampliada y actualizada, Editorial Abeledo Perrot, 2008, p. 511, nota 137
2. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, Sala I, causa nro. 32.713, "M. L., A. M. y otra", 22 de abril de 2013.
3. Con más detalle los hechos imputados fueron: “1) Haber abusado sexualmente, en forma reiterada, contra la voluntad de la niña, mediante amenazas y golpes, de A. B. D. (nacida el 26/04/93), desde que la misma tenía 11 años de edad, con la cual convivía; ilícitos que se llevaron a cabo en el interior de los domicilios sitos en las calles XXXXX y XXXXX, ambos de esta ciudad, como así también en el interior del automóvil de su propiedad. Los abusos sexuales imputados a Á., consistieron primero en manoseos en las partes íntimas de la víctima (pechos, cola, vagina), ya sea por arriba de sus ropas o por debajo de las mismas, habiendo llegado en algunas oportunidades a introducirle dedos en la vagina. Asimismo, en varias oportunidades le practicó sexo oral a la joven y la obligó a que ella se lo practicara a él. Por último, intentó reiteradas veces, penetrar sexualmente a la joven contra la voluntad de ésta, sin lograrlo.
2) Haber abusado sexualmente, en forma reiterada, contra la voluntad de la niña, bajo amenazas y golpes, de A. R. D. (nacida el 17/01/97), desde que tenía 7 años de edad hasta los 10 años y 10 meses; ilícitos que se llevaron a cabo en el interior del domicilio XXXXX de esta ciudad, donde convivía con la joven, sus hermanos y su madre A. M. M. L. que era su concubina. Los abusos sexuales imputados a Á., consistieron primero en manoseos en todo el cuerpo de la joven por debajo de sus ropas (tocándole sus pechos, cola y vagina), exhibiéndole en una oportunidad su pene. Asimismo, en reiteradas oportunidades tomaba de las mejillas a la niña, le abría la boca por la fuerza y le introducía su lengua.
3) Haber abusado sexualmente, en forma reiterada, contra la voluntad de la niña, bajo amenazas y golpes, de L. S. D. (nacida el 05/10/90), desde el año 2002, en el que la joven tenía 12 años de edad. Ello, en el interior del domicilio sito en la calle XXXX de esta ciudad, donde convivía con la joven, sus hermanos y se madre A. M. M. L. que era su concubina. Los abusos sexuales imputados a Á., consistieron en tocarle la cola a pesar de que ésta le solicitara que no lo hiciera. A los 15 y 16 años de la joven la habría tocado en todo su cuerpo, de diferentes formas y en reiteradas oportunidades, introduciendo su mano por debajo de su ropa, tocándole la vagina y sus pechos. Haberle sacado la ropa a la joven, remera, corpiño y pantalón, mediante el uso de fuerza, dándole cachetazos. Haber obligado a la joven a tocarle el pene por arriba de la ropa cuando ésta se negó a dormir con él en la misma cama en el interior de una embarcación de su propiedad, ubicada en la localidad de XXXX”.-

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