Asapmi - Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infantojuvenil

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Rompiendo el último tabú: el abuso sexual infantil cometido por mujeres

Renee Koonin

Este artículo está escrito para las mujeres y presume un ofensor varón; sin embargo el South Eastern Center Against Sexual Assault (SECASA) reconoce que hombres y mujeres pueden ser sobrevivientes de abuso sexual y que los ofensores pueden ser varones y mujeres.

Este artículo apareció en el Australian Social Work journal, Volume 30, N° 2, Mayo de 1995. Este trabajo es un material registrado y está reproducido con la amable autorización de la autora y el Editor. Ninguna parte puede ser reproducida de algún modo sin la autorización escrita de éstos.
En las pasadas dos décadas la verdad de la violación sexual ha sido tratada una y otra vez. Finalmente, la magnitud de este problema está siendo reconocida. Se han escrito libros sobre la prevención y se ha establecido la intervención en los servicios de protección infantil (aunque inadecuada). El abuso sexual, y hasta hace poco el abuso sexual cometido por mujeres, se trató como un tema tabú. El conocimiento de que la abrumadora proporción del abuso sexual es llevado a cabo por hombres dejó el tema de las perpetradoras femeninas sin examinar. Habiendo avanzado algo sólo en forma reciente en una dura batalla por instalar el género y el poder masculino en el centro de un análisis del abuso sexual, los profesionales y teóricos se muestran comprensiblemente reacios a enfocarse de alguna manera en las abusadoras mujeres. Sin embargo, está siendo más claro que una minoría significativa de víctimas son abusadas por mujeres y es esencial que ningún/a chico/a sea silenciado/a por la ideología que niega la realidad del abuso cometido por mujeres. Este artículo examina las controversias que rodean el tema del abuso sexual femenino y las luchas que tenemos para confrontar este abuso. Se propone una explicación del abuso sexual cometido por mujeres dentro de una comprensión feminista. Se delinea la evidencia actual sobre la prevalencia del abuso sexual femenino y las características de las perpetradoras. Se explora la práctica de los profesionales que trabajan con víctimas infantiles o adultos sobrevivientes.
Pocos años atrás, hubiera sido inimaginable publicar un trabajo sobre abuso sexual infantil perpetrado por mujeres. Los imperativos políticos y de la práctica enfocaron urgentemente la atención sobre el predominio de los abusadores masculinos, y sobre los conceptos de poder y patriarcado, a medida que buscábamos comprender e intervenir sobre el abuso sexual infantil. Este análisis sigue siendo de máxima importancia para trabajar con la agresión del abuso sexual, aunque el contexto se ha cambiado lo suficiente como para concretar mi deseo de escribir un trabajo como este. ¿Qué ha cambiado?
Primero, he desarrollado una comprensión más profunda de mi propia experiencia y de sus implicaciones políticas. Soy una sobreviviente de incesto. Cuando recordé que fui abusada sexualmente por mi padrastro cuando era niña, me sentí devastada, pero no sorprendida. Cuando recordé que mi madre también había abusado sexualmente de mí, mi mundo se rompió en pedazos. Nada de lo que yo creía, ni mi trabajo como trabajadora social, educadora y activista me había preparado para esta verdad.
Una comprensión feminista del incesto y de la agresión sexual infantil, obtenida de mis años de práctica e investigación como trabajadora social y académica, me llevaron a mantener mi foco sobre el abuso del poder masculino como la causa de dilema. Etiqueté los intensos y diferentes sentimientos que experimenté acerca del abuso de mi madre como personales e idiosincráticos, y me sentí aún más aislada a la par que más avergonzada, más responsable por haber sido una víctima de un tipo de abuso sexual de tan rara ocurrencia como el cometido por mujeres. Eso ocurrió hasta que me encontré con otras mujeres que fueron víctimas de abuso sexual por sus madres, abuelas, tías, hermanas, primas y cuidadoras. Mi experiencia personal también fue compartida.
Al mismo tiempo que comencé a darme cuenta que mi experiencia no era única, la investigación emergente confirmaba que el abuso sexual cometido por mujeres podría no ser tan infrecuente como habíamos creído previamente. Mientras la mayor parte del abuso sexual es perpetrado por ofensores masculinos, nuestra responsabilidad hacia las víctimas infantiles y los adultos sobrevivientes de las ofensoras femeninas significa que no debemos atrevernos a pasar por alto esta minoría significativa.
Finalmente, y de máxima importancia, creo que una exploración del abuso sexual cometido por mujeres brinda una oportunidad de ampliar nuestra comprensión del abuso sexual y que esto no se contradice con un análisis feminista. Estos insights asegurarán una ayuda apropiada para los adultos sobrevivientes y los niños/as por quienes nos preocupamos. Hay niños/as y adultos/as a quienes no se les cree cuando revelan por primera vez el abuso sexual por una mujer. Claramente, los profesionales enfrentan la incertidumbre y la incomodidad al ser desafiadas tantas de sus creencias fundamentales. A pesar de estas dificultades, las lecciones de teoría y práctica necesitan ser extraídas de nuestra experiencia.
¿Qué es al abuso sexual?
El abuso sexual es definido como contacto sexual, yendo desde el toqueteo hasta el acto sexual entre un niño en la adolescencia media o menor y una persona al menos cinco años mayor (Briere 1992, p.4). Por implicación, el abuso sexual ocurre cuando una persona está involucrada en una actividad sexual que no comprende y a la cual no puede dar un consentimiento informado. Los niños nunca deberían ser considerados como capaces de dar consentimiento o de comprender suficientemente lo que ello implica. (En Australia la edad del consentimiento es de 16 años para las chicas y loso varones.)
En esencia, el abuso sexual es ‘la explotación de un niño para la gratificación sexual de un adulto’ (Frazer en Renvoize 1993, p.34). El South Australian Government Task Force definió la agresión sexual infantil como ‘la imposición de actividad sexual explícita a un niño que carece del poder y la autoridad para prevenir ser obligado al sometimiento’ (citado en Renvoize 1993, p.34). Tal abuso puede tomar muchas formas, desde la exposición, toqueteo, voyeurismo, exhibicionismo, hasta el sexo oral, acto sexual (oral, anal y vaginal) y la involucración con pornografía y prostitución infantil. Respecto del abuso sexual cometido por mujeres cualquiera de estos actos fuera de la penetración por el pene es posible. La penetración digital y con objetos sí existe.
Controversias
Existen riesgos inherentes involucrados en la discusión del abuso sexual por parte de mujeres. El reconocimiento del abuso sexual por mujeres puede ser usado como excusa para negar el sesgo de género en el abuso sexual (Forbes 1992-3). A las críticas de las organizadoras de la National Conference on Female Sexual Abuse llevada a cabo en Londres en Marzo de 1992 les preocupaba que los debates sirvieran para hacer retroceder el reloj a la época en que la literatura profesional sobre abuso sexual infantil miraba solamente a las teorías individualistas y no amenazantes de las causas del abuso. Esta bibliografía psiquiátrica, psicológica y de disfunción familiar ignoró la preponderancia de los abusadores masculinos, o buscó argumentar que la evidencia era casual, imprecisa o incompleta. Esto nos lleva a recordar que sólo cuando las feministas forzaron el tema del poder masculino en el análisis del abuso sexual infantil, la importancia central del género fue gradualmente reconocida (Kelly 1988-89).
Por tanto, existe la preocupación de que cualquier intento por sacar el foco del abuso masculino sirva a los fines políticos de alimentar lo que ‘muchos hacedores de políticas, profesionales, investigadores y periodistas desean urgentemente escuchar y creer’ (Nelson 1992). Los críticos ven cualquier énfasis sobre las abusadoras mujeres como parte del esfuerzo para volver a una teoría y práctica del abuso sexual infantil neutral al género (Forbes 1992-93) y un esfuerzo torpe de re enfatizar la culpa y la connivencia de la madre. La cobertura de los medios de comunicación de la conferencia de Londres refiriéndose al así llamado ‘descubrimiento’ del abuso sexual por parte de mujeres como la ‘punta del iceberg’ fue amplia (Heath,, 1992; Laurance, 1992; Marchant 1992; D Nelson 1992; Nelson y Oxford 1992; Sharpe 1992).
En este aspecto, están bien fundados los temores de que una discusión amplia del abuso sexual cometido por mujeres será utilizada para desviar la atención del abuso de poder por los hombres.
Como reacción, aquellos que argumentan que la atención debe ser puesta sobre el patriarcado son acusados de no querer escuchar la verdad, y de distorsionar la evidencia para apoyar la ideología (Forbes 1992-93). Como contraofensiva, las credenciales políticas de aquellos que reclaman que el abuso sexual femenino sea ubicado en la agenda política son desafiadas. Es más, existe la pregunta de por qué debería prestarse atención a la pequeña minoría de mujeres abusadoras, cuando los recursos deben ser enfocados urgentemente en las víctimas del abuso sexual infantil que es perpetrado en un 95% por hombres.
Reconozco estas controversias y conflictos y he visto los efectos debilitantes de tal polarización en servicios infantiles, grupos de mujeres y adultos/as sobrevivientes de abuso sexual. La National Conference on Female Sexual Abuse dio como resultado una ruptura casi completa en la comunicación entre la investigación, entrenamiento y organizaciones de servicio que se llaman a sí mismas feministas y otros prestadores de servicios que están planteando el tema de las abusadoras sexuales femeninas.
Hasta ahora en Australia nos las hemos arreglado para explorar este tema sin el mismo grado de disenso. El desafío para enfocar nuestras energías sobre un análisis efectivo, la intervención en y la prevención del abuso sexual infantil permanece.
‘Actos incalificables’: luchando para enfrentar el tema del abuso cometido por mujeres.
Las dificultades que enfrentan las mujeres (particularmente) para confrontar el tema del abuso sexual cometido por mujeres son fácilmente comprensibles cuando vemos cómo el argumento ‘las mujeres también lo hacen’ se utiliza tan prestamente para negar la importancia central del abuso del poder masculino en el abuso sexual (Crisp 1991). Liz Kelly (1991) acuñó el término ‘actos incalificables’ para ilustrar nuestro silenciamiento de estos temas. Sin embargo, argumenta que si fracasamos en desarrollar perspectivas feministas, traspasamos el tema a aquellos profesionales que niegan la significancia central del género en el abuso sexual, y los medios de comunicación, a través de nuestro silencio, continúan la conspiración para que fracasen aquellos que han sufrido por culpa de mujeres. De hecho fue un pequeño grupo de mujeres feministas el que primero encaró el tema del abuso sexual cometido por mujeres en una conferencia en Londres en 1990, aunque pidieron que no se publicite (Kelly 1990).
Las mujeres en la sociedad son las cuidadoras y protectoras. Aceptar que algunas mujeres también abusan sexualmente es por tanto difícil. Kelly (1991) argumenta que al desarrollar una comprensión de la opresión de las mujeres estamos involucradas en un proceso que incluye documentar las formas y extensión de la violencia masculina y revalorizar a las mujeres. Estos y otros factores llevaron a una idealización de las mujeres y sus relaciones. Mientras que privadamente conocemos la brecha entre nuestros ideales y la capacidad para vivir de acuerdo a ellos, hablar públicamente es amenazante en extremo. Sin embargo, el fracaso en nombrar y confrontar temas de poder entre las mujeres ha conducido a la caída de muchos grupos de mujeres, campañas y relaciones. Confrontar el tema del abuso de las mujeres es en el interés de las mujeres y los niños.
Desarrollando teoría
El mayor obstáculo para que las mujeres confronten el tema del abuso sexual cometido por mujeres es la creencia de que esto desafía al feminismo. Kelly (19991, p. 15) arguye que ‘el análisis feminista de la violencia de los hombres sólo es frágil si está sustentado por el esencialismo: la creencia de que la agresión es inherente en los hombres. La masculinidad y la feminidad son construcciones variables cultural e históricamente, a las que los individuos se acomodan más o menos confortablemente’. Un análisis estructural de la sociedad examina el uso de la fuerza y la coerción para mantener el poder, ya sea que la fuente de ese poder sea el género, la raza, la clase, la orientación sexual, la salud física o mental. Esta fuerza es con frecuencia legitimada socialmente. Un análisis estructural brinda las herramientas para explorar el acceso de las mujeres a y el uso de la violencia, pero esta exploración ha sido largamente evitada. Siguiendo esta argumentación, ‘los objetivos más probables de la violencia de las mujeres son los niños; el único grupo social sobre el cual las mujeres tienen un poder legitimado socialmente’ (Kelly 1991, p.15). La esfera de lo sexual es un área de poder para los hombres. Las mujeres que actúan sexualmente con violencia están actuando en contra de la construcción social de la feminidad, en contra de todas las expectativas, de ahí el escándalo/agravio unido a las perpetradoras de abuso sexual.
Young (1993) argumenta que un análisis del poder es solamente una solución parcial a la comprensión del abuso sexual cometido por mujeres al mismo tiempo que valida todas las demandas feministas sobre la posición de las mujeres en la sociedad. Afirma que algunas mujeres, dentro del limitado poder que tienen, pueden ser ‘abusivas, viciosas, crueles, posesivas, dominantes, violentas, manipuladoras, agresivas, deshonestas, auto engañosas, y criminales’ (Young 1993, p., 14). Mientras que esta conducta puede ser una reacción a la opresión patriarcal, necesitamos asegurarnos de que nuestra teoría no excusa a las mujeres adultas de la responsabilidad por sus acciones.
A aquellos que argumentan que porque algunas mujeres abusen sexualmente de los niños no deberíamos considerar irrelevante el género y preguntan, ‘¿Por qué la gente lo hace?’, ofrezco la respuesta que da Carol Anne Hooper (1989, p. 26) ‘¿Alguien argumentaría que porque tanto los hombres como las mujeres hacen las tareas de la casa, el género es irrelevante tanto en distribución como significado?’ Pero esto no debe ser utilizado como argumento para evitar la evidencia del abuso sexual cometido por mujeres. Si continuamos haciéndolo, estamos abiertos a las acusaciones de los/as sobrevivientes de que no los escucharemos. Silenciaremos a los niños/as y dejaremos el terreno vacante para la teoría y la práctica anti feminista. Es posible reconocer que algunas mujeres abusan sexualmente, sin perder de vista el hecho de que la mayoría de los abusadores sexuales son hombres. Es entonces factible explorar eso que es común y diferente entre el abuso sexual cometido por hombres y por mujeres y considerar si la comprensión que tenemos del abuso sexual masculino es relevante para las mujeres.
Evidencia actual sobre abuso sexual cometido por mujeres
La información que tenemos sobre mujeres que abusan sexualmente es extremadamente limitada, en parte por el menor número de casos y en parte porque no tenemos la rica literatura de los registros de los/as sobrevivientes que existe en el caso de aquellos/as abusados/as por hombres. Los registros de abuso sexual cometido por mujeres publicados incluyen SOW (¿) (Schriber 1973), When You’re ready (Evert y Bijkerk 987) y Ordinary Wonders (Green 1992).
Las estadísticas actuales indican que el abuso sexual cometido por mujeres es raro. David Finkelhor y Diana Russell (1984) estiman que el 5% del abuso de niñas y el 20% del abuso de niños es perpetrado por mujeres. Una sección del informe de 1990 de la British National Society for the Prevention of Cruelty to Children (NSPCC) estableció claramente que sus datos no respaldan el debate de la punta del iceberg sobre las abusadoras mujeres. Russell (1984) examina un rango de estudios self-report que indican que el 27% o menos de los varones y el 10% o menos de las mujeres fueron abusados sexualmente por una mujer. Hay excepciones que revelan una incidencia más alta pero en cada caso la data no es generalizable (por ejemplo, los estudios de las experiencias infantiles de ofensores sexuales encarcelados) o la data original se ha perdido y la validez del análisis se ha cuestionado (Russell 1984). Terry Macdonald, Director de Child Protection Services en el Adelaide Children’s Hospital estima que el 10% de los niños que ven ha sido sexualmente abusado por una mujer (Crisp 1991). Hanks y Saradjian (1991) informan sobre siete estudios que indican un porcentaje más alto de abusadoras femeninas (entre un 25 a un 60%), pero en estos casos la población estudiada fue una muestra clínica de ofensores sexuales en prisión, ofensores por incesto, violadores seriales y adolescentes varones que participaban en un centro de salud (Hanks y Saradjian 1991).
Existe una necesaria cautela al discutir el abuso sexual cometido por mujeres. Al examinar cualquier investigación, es vital considerar el lenguaje y las definiciones claramente (Forbes 1992-93). Algunos estudios incluyen el abuso cometido por chicas menores de 18 años. Aunque este abuso no es menos dañino para la víctima, llamar perpetradora a una niña de siete u ocho años presupone conocimiento, intención y comprensión más allá de sus años. Es más, lo que constituye abuso debe ser examinado y algunos investigadores extienden las definiciones de abuso mucho más allá que las presentadas en este artículo (Forbes 1992-93). Una estrategia utilizada para exagerar la prevalencia del abuso cometido por mujeres es señalar que ellas tienen acceso a los niños que están a su cuidado y se alega que las acciones cotidianas tales como hacer que el bebé duerma en su cama, o tocar los genitales del infante mientras le cambia el pañal pueden ser abusivas. (Crisp 1991; Groth 1979). Groth (1979, p.192) concluyó que la victimización sexual de los niños por las mujeres puede no ser tan infrecuente como se puede suponer a partir del pequeño número de casos identificados, a pesar del hecho de que él encontró solamente tres mujeres entre 253 ofensores sexuales en su trabajo profesional previo a 1979). Estas alegaciones son puestas en duda por Finkelhor y Russell (1984). Russell (1986; 1984) duda más delante de las nociones de que el abuso sexual cometido por mujeres está sub reportado porque puede ser percibido como menos abusivo que el perpetrado por hombres; que las mujeres enmascaran el comportamiento abusivo, que éste puede no ser medido ni percibido, menos probable de ser denunciado, y que debido a que los hombres son con más frecuencia las víctimas, es menos probable que lo revelen.
Aunque es esencial trabajar con la investigación disponible más reciente y no inflar las cifras a fuerza de emoción o ideología, debe recordarse que un par de décadas atrás, el abuso cometido por hombres era considerado raro. Al menos tenemos que estar abiertas a la posibilidad de que el abuso sexual cometido por mujeres puede ser más prevalente de lo que creemos actualmente, y por lo tanto brinda la oportunidad de revelarlo (Renvoize 1993). ¿Hay alguna evidencia que desafía el pensamiento actual sobre la prevalencia de las abusadoras sexuales femeninas?
Fueron mujeres valientes hablando sobre su abuso como niñas las que primero nos alertaron sobre la pasmosa incidencia de la victimización sexual de los niños/as. Del mismo modo, los/as adultos/as sobrevivientes de abuso sexual cometido por mujeres están avanzando, diciendo que hasta ahora se sintieron doblemente silenciados. Después de la National Conference on Female Sexual Abuse en Londres, el programa de radio ‘This Morning’ abrió una línea directa invitado a los que llamaban a hablar sobre el abuso de las mujeres. En un día recibieron cerca de 1.000 llamadas, 90% de las cuales afirmaron que nunca se lo habían contado a nadie (Elliott 1993). En Abril de 1993, un programa de televisión llamado ‘Actos Incalificables’, fue emitido por la BBC. Inmediatamente después de la emisión, el Broadcasting Support Services Helpline recibió 160 llamadas de mujeres abusadas cuando niñas por mujeres. En Norteamérica y el Reino Unido se han establecido grupos de auto-ayuda nacionales para sobrevivientes del abuso cometido por mujeres. Más cerca de casa, después del Incest Confest llevado a cabo en Sydney en Julio de 1991, se estableció un grupo para mujeres abusadas en su infancia por mujeres. Nada de esto nos da cifras de incidencia o prevalencia, pero estamos sabiendo de personas que hasta ahora habían estado en silencio.
¿Existe alguna evidencia directa de los niños/as de que la incidencia del abuso sexual cometido por mujeres puede ser más elevada que la que creemos actualmente? ChildLine es una línea de ayuda nacional para los niños/as que opera a través del Reino Unido. En los siete años desde que se estableció la organización, se documentaron 300.000 casos. Hay 2.700 llamadas recibidas diariamente y se estima que 10.000 llamadas por día no logran comunicarse. De estas llamadas, el 15% se relaciona a informes de abuso sexual, de los cuales el 10% de los niños/as reporta a una mujer como la abusadora. En el período entre Abril de 1990 y Marzo de 1991, 8.663 niños llamaron a ChildLine por abuso sexual. De estos, el 9% reportó a una mujer como la perpetradora, con una mayor probabilidad para los varones de ser abusados por mujeres, 1% de niñas , 12% de niños (Harrison 1993).
Christine Lawson es crítica de la investigación sobre abuso sexual femenino. Ella afirma que el enfoque del estudio puede ser un método poco fiable de evaluación de experiencias reprimidas, y que la mayor parte de los casos documentados provienen de la literatura clínica. Argumenta por lo tanto que los estudios de prevalencia deben ser diseñados específicamente para abordar la diversidad de conductas que rodean la experiencia de este abuso (Lawson 1993). Finkelhor (1979) acuerda que los estudios que hacen preguntas específicas sobre abuso sexual femenino ofrecen una tasa de prevalencia más elevada que las preguntas generales. Renvoize concluye que ‘aunque la mayor parte del material disponible actualmente muestra que comparativamente pocas mujeres están involucradas … también parece probable que la verdad sobre el abuso femenino pueda ser muy diferente. Tal como a fines de los 60’ Henry Kempe escribió sobre lo que entonces se llamó “bebé golpeado” y nadie quería aceptar que madres que eran amables figuras de Madonna pudiesen dañar deliberadamente de algún modo a sus propios hijos, así hoy existe la misma reticencia para creer que las madres podrían abusar sexualmente de sus propios retoños. … Ahora, muchos años después, parece posible que [nosotros] … podamos tener que aceptar que quizás tanto como el 25% del abuso sexual sea directamente cometido por mujeres’ (Renvoize 1993, p. 115). Es esencial en este debate no hacer planteos no comprobados sobre incidencia o prevalencia y alguna evidencia es muy discutida (Forbes 1992-93). Lo que es vital es que nuestra investigación y práctica sea conducida de tal modo que no clausuremos potenciales fuentes de información.

¿Qué sabemos sobre abusadoras mujeres?
Otra vez, debido a los números más escasos, el conocimiento sobre las mujeres abusadoras es incompleto/poco detallado y frecuentemente contradictorio, por lo que es difícil extraer conclusiones. Kathleen Faller publicó un estudio sobre 40 mujeres, 14% de abusadoras vistas en un programa durante 1978-87. Su investigación reveló un patrón diferente de ofensa que el hallado para los hombres. Cerca de las tres cuartas partes de las mujeres abusaron junto con los hombres (comparando con el 18,5% de los hombres en esta categoría). En 24 de los 29 casos, el reporte del abuso que hicieron los niños sugirió que los hombres habían iniciado el abuso, que los chicos experimentaron el abuso femenino como menos intrusivo y/o que las mujeres no querían participar del abuso. Sin embargo, Faller nos advierte acerca de aceptar incuestionablemente el rol de liderazgo del hombre. Los chicos/as evidencian más dolor emocional al recordar las instancias en que las mujeres los/as abusaron, y teniendo en cuenta que alrededor de las tres cuartas partes de estas mujeres eran la madre del niño, posiblemente fue más amenazante admitir que su cuidadora primaria fuese una abusadora. El 15% de las mujeres que abusaron eran madres solas/solteras que fueron definidas como ‘fusionadas’ con sus hijos, relacionándose con ellos como parejas sucedáneas, y el 10% fueron definidas como psicóticas (Faller 1987). Kelly (1991) se pregunta si estas dos últimas categorías son formas aceptables de explicación, desde el momento que estas mujeres fueron rechazadas por los hombres. ¿El patologizar a las mujeres las hace menos responsables? Faller incluye abusadoras adolescentes en su estudio, lo cual, yo argumentaría, requiere de un análisis y discusión separados. Solo una de las mujeres que abusaron era una abusadora que no tenía la custodia. Treinta y cuatro (85%) de estas mujeres eran madres de al menos uno de los chicos que abusaron mientras que el 55% abusó sólo de sus propios hijos. Las 40 perpetradoras femeninas abusaron de 63 víctimas, con veinticuatro (60%) habiendo victimizado a dos o más niños (Faller 1987).
En su investigación sobre mujeres abusadoras, Helga Hanks y Jacqui Saradjian (1991-1992) identificaron un número de categorías y características de abusadoras. Ellas pueden ser mujeres que iniciaron el abuso con sus propios hijos, mujeres que abusaron junto con los hombres, mujeres que abusaron como parte de una pareja casada, mujeres lesbianas, mujeres que abusaron de niños con dificultades de aprendizaje o discapacidades, mujeres que abusaron de adolescentes tanto como mujeres que participan en abusos rituales. El denominador común de todos estos grupos es el hecho de que casi todas ellas padecieron abuso cuando niñas, y están presentes otras formas de maltrato, particularmente abuso emocional.
Mathews, Matheus y Speltz (1989, citado en Hanks y Saradjian 1991) halló en su investigación tres categorías distintas de mujeres abusadoras:
• Mestras/amantes que por lo común están involucradas con adolescentes y/o pre púberes. Les quieren enseñar sobre sexo.
• Hombres que coaccionan a las ofensoras que inicialmente abusan en conjunto con un hombre pero más tarde pueden abusar independientemente. Este tipo de abusadora es extremadamente dependiente y no asertiva.
• Ofensoras propensas que han sido ellas mismas abusadas sexualmente desde una edad muy temprana. Inician el abuso ellas mismas y por lo general abusan de sus propios hijos. Su intención aparenta ser/aparece como una intimidad emocional no amenazante.
Jane Kinder Matthews y Ruth Mathews desarrollaron un programa para trabajar con ofensoras sexuales infantiles y han analizado su trabajo con 36 participantes (Matthews 1993). Del mismo modo que los ofensores varones, provienen de ambientes caóticos, abusivos, sienten que no tienen pertenencia y tienen bajo status entre sus pares. Con frecuencia son poco amigables, y harán casi cualquier cosa por ser aceptadas. Pero hay diferencias. Ninguna de las mujeres con las que trabajaron coaccionó a otros para ofender. Utilizan la fuerza o la violencia menos frecuentemente, y en grado menor que los varones, y es menos probable que utilicen amenazas para silenciar a sus víctimas. Encontraron que menos mujeres niegan el abuso inicialmente y están más dispuestas a hacerse responsables por su comportamiento. En contradicción con esto, Rina McCary, trabajando en Glasgow, encuentra que debido a la mayor inversión de las mujeres en el rol nutriente/protector la negación puede ser mayor. Los hombres generalmente comienzan a abusar a una edad más temprana (sólo dos de las 36 mujeres con quienes trabajaron cometieron abuso como adolescentes). Las mujeres también tienden a actuar sobre sí mismas a través de conductas de auto castigo y auto destrucción tales como padecer hambre o cortarse, prostituirse y colocarse en situaciones muy peligrosas (Matthew 1993).
El conocimiento sobre la sensibilidad/reacción de las mujeres ofensoras a la intervención es también confuso. Jane King (1989), informando sobre un programa de trabajo grupal con seis mujeres ofensoras encarceladas en Styal en el Reino Unido, concluye que las respuestas de las participantes variaron desde la negación total a la vergüenza y el arrepentimiento, con compromiso para cambiar su conducta. Matthews (1993) halló que las mujeres encuentran más difícil perdonarse a sí mismas que los hombres, y les lleva más tiempo correrse de la vergüenza y la culpa. El enojo de las mujeres hacia sí mismas tiende a estar más profundamente arraigado. Son más rápidas en desarrollar empatía por sus víctimas.
Implicaciones prácticas
Comprender que las mujeres abusan sexualmente tiene implicaciones prácticas en tres niveles: prevención primaria, trabajo con sobrevivientes adultos/as e intervención con niños/as. La intervención con ofensoras mujeres es un tópico separado que está fuera del alcance de este artículo. Las feministas han estado a la vanguardia en reconocer la extendida prevalencia del abuso sexual infantil y en plantear el tema en la agenda política. Las campañas de educación necesitan ser mantenidas y extendidas. Es esencial que continúen las internacionalmente aclamadas campañas de prevención en Australia, tales como ‘No Excuses, Never, Ever in NSW’. Mientras la predominancia del abuso cometido por varones necesita ser establecida claramente, es importante que la información pública incluya el hecho de que la victimización sexual cometida por mujeres ocurre. Tenemos que utilizar todos los medios disponibles para hacer que los abusadores se detengan, para informar a la sociedad de los efectos dañinos del abuso y para hacer campañas por recursos adecuados. Necesitamos llegar a todas las personas para informar a la comunidad de que el abuso sexual cometido por mujeres existe. Si las mujeres están siendo coaccionadas por los hombres para abusar, necesitan sentirse seguras para informarlo. Por tanto, los servicios de salud de las mujeres y los de violencia doméstica están excepcionalmente ubicados para asistir a las mujeres y prevenir el abuso, y para hacer explícita la naturaleza de la ‘relación pasada y presente con los hombres’ de las abusadoras (Forbes 1992, p. 110). Una mejor comprensión de la depresión postparto y menos visiones idealizadas de la maternidad permitirán más fácilmente a las mujeres expresar sus dudas, temores y visiones negativas hacia los niños pequeños. La discusión honesta, no judicativa aunque inflexible de estos sentimientos puede ayudar a prevenir que aquellas mujeres que experimentan dificultades con los límites trasladen ese sentimiento a la acción. Los prestadores de servicios necesitan información precisa sobre el abuso sexual femenino, con aporte de los/as sobrevivientes. Al mismo tiempo, se debe tener cuidado de asegurar que esta información no será mal utilizada para culpar a las mujeres, para promover o fomentar los intereses de los homofóbicos o para distorsionar la realidad de que la mayoría del abuso sexual es perpetrado por hombres (Young 1993).
¿Qué significa para el trabajo con niños/as y adultos/as sobrevivientes de abuso sexual cometido por mujeres, reconocer que las mujeres abusan sexualmente? Primero, es esencial recordar que los temas claves que están presentes en el trabajo con abuso sexual masculino, el sentimiento de total violación y traición a la confianza, están presentes en aquellos/as abusados por mujeres. La importancia central de trabajar para asegurar la seguridad del niño/a, recuperar la confianza, permitir a la víctima a romper el silencio, ser creída, entender que el abuso no fue su falta, llorar, lamentarse y expresar enojo no cambian. En el trabajo con adultos/as o adolescentes sobrevivientes deben abordarse los temas de conductas auto-destructivas, desarrollo de la auto estima y poder personal, expresión de sentimientos, la re-conexión con su cuerpo, intimidad, sexo y sexualidad, y el cuidado de los hijos.
¿Qué rasgos especiales deben considerarse al trabajar con aquellos/as abusados/as sexualmente por mujeres? Los niños/as que reportan abuso por parte de mujeres necesitan con urgencia ser creídos/as. Sgroi y Sargent (1993) informan que una historia de abuso sexual cometido por mujeres tiende a ser revelada más tarde en las relaciones terapéuticas. Argumentan que eso puede ser porque la víctima espera hasta sentirse más segura en la relación y por tanto más confiada en que será creída. Por otra parte, algunos/as clientes no lo recuerdan más temprano en el proceso, y Sgroi y Sargent proponen que el fracaso de los terapeutas para explorar la posibilidad de una historia como esa podría dar un mensaje implícito de que tal revelación es inaceptable. Se puede experimentar una vergüenza adicional porque este tipo de abuso es ‘infrecuente’. Claramente entonces, los profesionales necesitan explorar si el/la cliente recuerda el contacto sexual en la infancia tanto por parte de hombres como de mujeres.
La revelación y el mantenimiento de la realidad del abuso sexual son difíciles, no importa cuál es el género del abusador. Sgroi y Sargent (1993) hallaron que era más difícil para los/as sobrevivientes sostener la comprensión de que sus madres abusaron de ellos, debido al estereotipo de la madre nutriente y a la disonancia cognitiva entre esta imagen y la realidad de sí mismos como objetos de la gratificación sexual de sus madres.
La investigación indica que muchos/as niños/as abusados/as por mujeres también son sexualmente abusados/as por hombres. Es entonces virtualmente imposible diferenciar el impacto del abuso por parte de mujeres, y parece lógico anticipar efectos interactivos y acumulativos de abusos múltiples. Sin embargo, en el estudio de Sgroi y Sargenti (1993) las siete clientes adultas mujeres reportaron que el abuso sexual por parte de una pariente cercana fue el más dañino y vergonzante de los abusos que experimentaron, y debe alentarse la oportunidad para expresar estas necesidades. Russell( 1986) se opone a esto argumentando que algunas teóricas que creen que la incidencia de las perpetradoras mujeres ha sido mantenida abajo artificialmente consideran que con frecuencia las perpetradoras femeninas son consideradas menos abusivas, y que el niño/a puede realmente haber encontrado la experiencia placentera. La experiencia subjetiva del abuso debe por tanto ser explorada más profundamente.
Para las chicas abusadas por mujeres, la diferenciación y definición del self se transforma en extremadamente compleja. Al ser comunicado en forma poderosa que no hay separación, alcanzar la autonomía está lleno de dificultades. Las mujeres sobrevivientes reportan temores de llegar a ser como sus madres. Por ejemplo, dependientes de los hombres, abusivas hacia sus hijos o incapaces de liberarse ellas mismas de la dominación de su madre, aún cuando ésta haya muerto. Esta dificultad para separarse tiene implicancias para el desarrollo personal de la niña como un individuo autónomo, pareja, madre o potencial madre. Algunas mujeres evitan el contacto con mujeres mientras otras pasan su tiempo en grupos de mujeres, pero evitan la intimidad, sea sexual o no sexual. Las preguntas sobre sexualidad son manifiestas y la literatura sugiere evidencia de homofobia en algunas mujeres abusadas por mujeres (Young 1993).
Los/as profesionales que trabajan con niños/as o con sobrevivientes adultos/as sexualmente abusados/as por mujeres necesitan resolver sus propias ansiedades sobre las abusadoras sexuales. La abusadora es vista con frecuencia por la víctima como un monstruo demoníaco unidimensional o un santo y necesita ayuda para aceptarla como un ser humano multidimensional, con fortalezas y debilidades, que cometió una ofensa grave, y que puede estar sujeta a una denuncia penal. Esto sólo es posible si el trabajador/a puede tomar esta instancia.
El grupo de trabajo con chicas y mujeres abusadas por mujeres tiene implicaciones particulares. Si la chica es la única en el grupo abusada sexualmente por una mujer, puede sentirse aún más aislada. El temor de revelar un tópico tabú puede hacer menos probable que ella hable sobre su experiencia. Si no es posible formar un grupo con más de una chica abusada sexualmente por una mujer, puede ayudar incluir a alguien abusado físicamente por una mujer. También debería recordarse que las chicas sexualmente abusadas por una mujer al principio pueden sentirse particularmente amenazadas en un grupo donde son todas mujeres.
El camino hacia adelante
El propósito de este artículo es urgir a todos/as aquellos/as que trabajan con niños/as y adultos/as sobrevivientes de abuso sexual a que recuerden que las mujeres pueden, y lo hacen, abusar sexualmente. Sé que esto es un hecho desafiante para confrontar, no quiero minimizar la significación de género en nuestra comprensión del abuso sexual infantil, ni distorsionar los hechos. Quiero símplemente que hagamos todo lo que podamos para prevenir el abuso y permitir que aquellos/as que son sexualmente abusados/as se sientan libres para decir su verdad, ser creídos/as y ayudados/as a sanar. Kathy Evert (Evert y Bijkerk 1987, p.175) concluyó su autobiografía con estas palabras:
Con ayuda cuidadosa,
He recuperado mi alma,
Y ahora mi responsabilidad,
Es continuar con mi vida.
Y nuestra responsabilidad juntas, tú y yo
Es ayudar a salvar a todos los que podamos a lo largo del camino.

Claramente, las oportunidades para una futura investigación y una mejor práctica necesitan ser aprovechadas.

Referencias
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