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Abusadorxs sexuales: las mujeres como victimarias

Dra. María Inés Bringiotti

Abusadorxs sexuales: las mujeres como victimarias.

Dra. María Inés Bringiotti
Investigadora - UBA –
Dtora. Programa de Actualización: Abordaje Interdisciplinario de las Violencias en el ámbito familiar e institucional – Filosofía y Letras – UBA –

El abuso sexual infantil es uno de las formas más graves entre los abusos, por su impacto en el psiquismo de las víctimas y al mismo tiempo, es tabú para hablar, denunciar, asumir. Las noticias cada vez más frecuentes de casos de abuso sexual, podrían llevarnos al error de pensar rápidamente “hay más casos” y a continuación considerar que estamos atravesando una época muy violenta y transgresora. Sin embargo, y sin desconocer la ocurrencia y gravedad de los casos actuales, un rastreo por la historia de la familia, las mujeres y la infancia, nos asombraría al conocer el registros de casos de abusos sexuales que han ocurrido en distintas culturas y civilizaciones… ”civilizaciones”…?
Los relatos de abusos en la Magna Roma y en Grecia; el uso de niños en la corte francesa; la iniciación sexual por el padre; el derecho de pernada en la edad Media, son algunos ejemplos, podríamos seguir enumerando, pero no es el tema a desarrollar en estas reflexiones. Sólo recordemos que se abusa desde los comienzos de las distintas civilizaciones y por parte de diferentes sujetos, a veces avalados por costumbres, representaciones, permisos de determinada comunidad y en otros casos con clara transgresión a las normas.
Sin embargo, los análisis mencionados (Lloyds de Mausse; Badinter; Aries; entre otros) suelen mencionar como abusador el varón. Y varias pueden ser las explicaciones ante tal adjudicación: el hombre detentando poder; el modelo patriarcal de dominación; el hombre como activo; los “permisos” que les da determinada cultura o comunidad. Y de hecho las estadísticas muestran el alto porcentaje de abusos cometidos por los hombres. Es una característica intrínseca a la masculinidad? Si nos basamos en la construcción social de masculinidad es probable que lo sea, desde una construcción cultural y no por características biológicas y/o psicológicas deterministas.
Ahora bien, qué pasa cuando es la mujer que abusa? Veamos algunos datos que ofrecen las escasas investigaciones sobre el tema, más allá de los casos puntuales que pueden aportar las víctimas, familiares y/o terapeutas.
Tomemos la investigación realizada por López (1994), por ser una de más importantes ya que se realizó en España a nivel nacional y con una muestra representativa de ciudades y zonas urbanas y rurales, podemos observar que en el 86,61% los abusadores son varones y el 13,90 % son mujeres.
En cuanto a los abusadores, y el sexo de la víctima, vemos que los varones abusadores, abusaron en el 69,40% de los casos de varones y las mujeres abusadoras en el 30,60% de varones – ello redondearía el 100% de las víctimas masculinas. En el caso de víctimas mujeres, los varones abusaron de ellas en el 98,02% de los casos y las mujeres en el 1,98%. Más allá de la diferencia, que nos muestra que la mayoría de los abusadores son varones, podemos ver un dato a tener en cuenta, los varones abusan mayormente a las mujeres y las mujeres a los varones, puede parecer obvio pero es interesante que los datos lo visibilicen.
Respecto a las edades de los agresores, los varones inician el abuso a edades más tempranas que las mujeres, sin embargo el rango de edad donde se cometen más abusos es similar entre varones y mujeres – la franja entre 31 y 50 años - . Estudios de Estados Unidos, citados por López indican que un 21% de las agresiones las cometen menores de 18 años.
En la investigación de López, aparece un dato significativo: en cuanto a la relación del abusador con la víctima, no hay registros de abusos por parte de la madre biológica o adoptiva, con lo cual vemos que el porcentaje de mujeres abusadoras lo constituyen conocidas, familiares, profesoras….
Otra información interesante es la relativa a los tipos de abuso cometidos por varones y mujeres. En el caso de victimarios varones, según la encuesta de López, predominan caricias por debajo de la cintura, exhibicionismo, caricias por arriba de la cintura y masturbación. En las victimarias mujeres, también las caricias por debajo de la cintura se registran en primer lugar, pero en un porcentaje mucho más alto que en los abusadores varones. Le siguen en porcentajes, masturbación, sexo oral, y caricias por arriba de la cintura.
Más allá de las estadísticas que adjudican mayoritariamente el abuso a los varones, se conocen casos de mujeres abusadoras, pero qué opera en estos casos para su invisibilización?
López presenta una reflexión que merece ser analizada, “Existen diferencias significativas en función del tipo de abuso, siendo un hecho sobresaliente el que la madre biológica y la madre adoptiva no hayan cometido en ningún caso abuso sexual. La madre es precisamente la persona que más toca a los niños, con lo que pone de manifiesto claramente la diferencia entre las caricias afectivas y las caricias sexuales, el buen y el mal tocar, como ha sido llamado por algunos autores” (pag. 51)
Es realmente así? no se registran casos porque no ocurren o lo que no se registra es el abuso ? Las representaciones de la “sagrada función materna”, “la madre como cuidadora excelsa de su prole” y otras consideraciones, llevarían en muchos casos a que los cuidados maternales en cuanto a caricias, besos, higiene, sueño…puedan ocultar conductas abusivas difíciles de registrar en tanto no son ejercidas con violencia o amenazas.
Según Cortés Arboleda (1997) al referirse al sexo del victimario, cita la investigación de López y las cifras mencionadas sin aportar otros datos significativos. Sin embargo desarrolla extensamente los casos de incesto madre-hijo, planteando que mientras en la clínica se detecta que está subrepresentado en las investigaciones – ocurre más de lo que se registra –, en las investigaciones raramente aparece. Varios investigadores coinciden en explicar esta ausencia de registro en que los casos develados de incesto, surgieron luego de un prolongado proceso terapéutico, otros durante un tratamiento psiquiátrico y muy pocos fueron denunciados.
Colabora a esta invisibilización el hecho que muchos abusos revistan carácter de formas sutiles de abuso sexual, sin coacción, ni violencia. También tiene peso la lealtad a la madre que impide la revelación. El sesgo cultural ve a las madres como asexuadas y a los varones como potenciales abusadores. No se mira de la misma forma a una madre con su hijo en la cama que a un padre con su hija (pag. 187). La madre además está “autorizada” a realizar la higiene de su hijo en los primeros años.
Otros estudios muestran que un 56% de agresores sexuales varones habían sido víctimas de abuso sexual en la infancia, siendo el perpetrador una mujer en el 40% de los casos (pag. 197). Y en el caso de niñas y adolescentes abusadoras, la mayoría había sufrido alguna forma de abuso sexual. La pubertad y adolescencia son las etapas etarias donde se registraba el mayor número de abusos cometidos por estas mujeres sobre niñxs de 4 a 10 años.. (pag. 197).
Sánchez Medina, (2015) considera que “el tema de los abusos sexuales cometidos por mujeres es abordado en general de forma poco exhaustiva y con criterios muy restrictivos en casi todas las culturas y en publicaciones científicas, aunque cada vez se conocen más publicaciones, informaciones en páginas webs, asociaciones, fundaciones, etc., que pueden permitir trazar unas líneas de investigación básicas y que apunten a su conocimiento y detección, así como a su prevención. Los varones que han sido victimizados sexualmente suelen tener sentimientos encontrados y una actitud ambivalente con respecto a lo que les sucedió.
Si fueron agredidos por mujeres adultas suelen no informar nada y les resulta difícil etiquetar los hechos como abusivos. La presión social y la de sus pares en relación al desempeño sexual les llevan a considerar estas experiencias sexuales como una manera valiosa de aprender sobre el sexo y como una proeza. Los jóvenes encuentran también dificultades para manifestar lo sucedido ya que se las tienen que ver demás con la creencia de que “un hombre de verdad no deja pasar este tipo de oportunidades””.
“Si bien existen abundantes estudios sobre hombres que abusan sexualmente de menores, la literatura sobre mujeres que cometen abuso sexual es francamente escasa, siendo más frecuentes las comunicaciones de casos únicos o ciertos tipos de estudios poco controlados metodológicamente que cuentan con una pequeña muestra de mujeres... Así, un primer punto de vista sostiene la idea de que la incidencia del abuso sexual perpetrado por mujeres permanece subestimada pues, generalmente, no es denunciada. Ello, podría deberse a varias razones, tales como el hecho de que las victimas generalmente son menores cercanos a la perpetradora y no denuncian la agresión y, también, la presencia de actividades que han sido tradicionalmente desempeñadas por mujeres (Ej. bañar a los niños, vestirlos, etc.) y que pueden ser utilizadas como vehículos que “ocultan” la agresión sexual.
Un equipo de investigadores estadounidenses liderado por Lara Stemple, de la Facultad de Derecho de la Universidad de Los Ángeles (UCLA), tras analizar exhaustivamente datos de diversos informes criminológicos concluyen que los delitos sexuales de mujeres contra víctimas masculinas y femeninas son sorprendentemente comunes. Agregando que de ninguna manera pretenden minimizar el coste humano de la violencia sexual perpetrada por los hombres, pero afirman que sus resultados son "suficientemente robustos para obligar a repensar los estereotipos existentes en el ámbito de la agresión sexual y el género".

El equipo de Stemple comienza señalando los datos de una encuesta realizada en 2011 por el Center For Disease Control’s Survey (Centro de Control de Enfermedades), a varios miles de personas, para un estudio sobre violencia en la pareja y violencia sexual. Así comentan que cerca de 4,5 millones de hombres en los Estados Unidos habían sido forzados en algún momento de su vida a penetrar a otra persona, y en el 79,2% de los casos la persona que cometía la agresión forzando el acto sexual era una mujer.

El estudio también sugiere que "las evidencias apuntan a que la mayoría de las mujeres que cometen este tipo de agresiones han sido víctimas, a su vez, de importantes abusos sexuales durante la infancia".

Los autores del informe también señalan la existencia de una "cultura de la negación" de la delincuencia sexual femenina, que favorece que la mayoría de las mujeres infractoras no sean condenadas y que, cuando lo son, reciban penas más leves. Otra de las consecuencias negativas de esta "cultura", según los investigadores, es que "las víctimas sexuales de las mujeres resultan doblemente perjudicadas cuando no se trata su abuso como algo digno de atención". fuente: https://actualidad.rt.com/actualidad/244243-estudio-revela-agresiones-sexuales-hombres-mujeres

Respecto al abuso entre hermanos, la investigación y la bibliografía son escasas, lo notable es que en los estudios realizados y/o publicaciones, no se discrimina quien es el victimario – varón o mujer – y en los casos que se refieren al sexo, casi en su totalidad mencionan a los varones.
En nuestro país, por otro lado no existen investigaciones estadísticas que releven la prevalencia de abuso sexual, más allá de estudios específicos en alguna localidad o datos registrados en salud, en educación y/o justicia, tratándose en estos casos de abuso que han sido observados, registrados o denunciados. Por lo tanto no reflejan la magnitud del problema – casos no detectados, ni denunciados - y menos aún el abuso perpetrado por mujeres. Así mismo no se encuentran registros sobre abuso entre hermanos donde las mujeres son las que lo cometen.
El Estudio de prevalencia de abuso sexual en infancia y adolescencia (Bringiotti, Raffo, 2008) en estudiantes universitarios de CABA – 1560 casos - señalaron 1% de abuso por parte de la madre. El mismo estudio (Bringiotti, 2010) aplicado a población general – 1280 casos - indicó 1,8% de abuso por madres.
Así mismo un estudio complementario cualitativo (Bringiotti, 2012) con entrevistas a 40 mujeres abusadas en la infancia/ adolescencia no registraron ningún caso de abuso sexual cometidos por mujeres. Sin embargo metodológicamente es necesario señalar que mientras los dos primeros estudios en estudiantes universitarios y población general se llevaron a cabo a través de una muestra representativa, en el estudio cualitativo se llevó a cabo con mujeres que voluntariamente prestaron su conformidad para ser entrevistadas, nunca tendremos la certeza respecto al hecho que mujeres abusadas por mujeres tengan resistencia a contar sus experiencias y no se presten a ser entrevistadas.
Algunas conclusiones respecto a la temática:
• Sin duda, el mayor porcentaje de abuso es cometido por varones y del entorno cercano – familiares y conocidos alcanzan un 70% a 75% -. Esto se ve reflejado en todas las investigaciones y relevamientos sobre abusos.
• Sin embargo, debemos ser rigurosos al analizar los datos de las investigaciones, ya que los “prejuicios”, “supuestos”, “representaciones sociales” suelen tapar una parte de la realidad y así sólo se ve una parte del problema, en este caso la adjudicación casi exclusiva a los varones.
• Es importante señalar que es más fácil invisibilizar el abuso cometido por mujeres, por los motivos señalados anteriormente. De no mediar violencia o coerción pueden quedar ocultos en los cuidados maternos hacia lxs hijxs o en los cuidados hacia todx niñx por parte de docentes, conocidas de la familia, niñeras…
• De todas formas, es fundamental señalar la necesidad de realizar estudios serios y metodológicamente rigurosos sobre las características de lxs victimarixs, en este caso, el abuso sexual cometidos por mujeres, sólo así nos acercaremos a un conocimiento más completo del problema.

Bibliografía consultada:
Ariès P. (1987) El niño y la familia en el Antiguo Régimen. Madrid: Taurus.

Badinter E. ¿Existe el instinto maternal?: historia del amor maternal: siglos XVII al XX. Madrid:
Bringiotti, M. I. y Raffo, P. (2010) Abuso sexual infanto-juvenil. Prevalencia y características en estudiantes universitarios de la Ciudad de Buenos Aires. Bs. As., "Revista Derecho de Familia Nro. 46, Julio/Agosto 2010. Ed. Abeledo Perrot.



Bringiotti, M. I. (2010) Abuso sexual infanto-juvenil. Prevalencia y características en población general. Mineo.

Bringiotti, M. I.; Visir, P. y otros, (2012) Abuso sexual infantil. La palabra de las víctimas, Bs. As., Actas Congreso Asociación Argentina de Salud Mental – AASAM -.
Cortés Arboleda, Ma. R. (1997), Detección, incidencia y causas del abuso sexual infantil, en Cantón Duarte y Cortés Arboleda, Malos Tratos y Abuso sexual infantil, Madrid, Siglo XXI
López F. (1995) Prevención de los abusos sexuales de menores y educación sexual, Salamanca, Marú ediciones.
Lloyd de Mausse, (1974) Historia de la Infancia. Madrid: Alianza Universidad.

Sánchez Medina, R. (2015) Los abusos sexuales cometidos por mujeres, España, disponible en https://psicologoalgecirasrafaelsanchezmedina.wordpress.com/.../abusos-sexuales-com...








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