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Cuando la Protección del “Vínculo” lleva al Riesgo del Niño: EL Caso McColgan. (***)

Lic. Alicia H. Ganduglia

CUANDO LA PROTECCION DEL “VINCULO” LLEVA AL RIESGO DEL NIÑO: EL CASO McCOLGAN. (***)

Introducción

La dinámica de un grupo familiar que lleva a un niño a una situación de riesgo suele precipitarnos en una opción falsa: o el vínculo o el niño. Si, por el contrario, nos ubicamos en la perspectiva de que todo niño nace y crece dentro de un vínculo que posibilitará, o no su desarrollo, la opción pasará a ser: o un vínculo protector u otro de riesgo. El horizonte de la pérdida del vínculo biológico que abre esta segunda opción es lo que ,en mi opinión, suele llevar a falsos dilemas.
Marinella Malacrea, en un libro de aparición reciente en nuestro idioma, ofrece una respuesta equilibrada: “...esta fuerte inversión en la experiencia correctora como indispensable componente de la reparación del trauma, comportará la máxima atención del terapeuta en el análisis de los recursos familiares, y no, a disposición del niño, para actuar a la vez con la máxima conservatividad de todo aquello que en ellas puede ser considerado útil, aunque a escala reducida, pero simultáneamente con el máximo rigor en no dar curso a una prosecución de los vínculos ‘de cualquier manera’, en cuanto existentes, sino a su selección en base a la efectiva sinergia que están en condiciones de expresar con respecto al recorrido reparador”. [1]

“La participación en el juicio de los McColgan reforzó mis creencias sostenidas desde hace mucho tiempo en el sentido en que el reporte obligatorio del abuso infantil, y la capacidad y voluntad de realizar intervenciones protectoras significativas para los niños víctimas, es esencial”.
Suzanne M. Sgroi

I)
Cuando la problemática del abuso de niños, en cualquiera de sus formas, llega hasta los estrados públicos de la Justicia, es posible leer en su desarrollo el despliegue de la complejidad de los factores psicosociales intervinientes, así como el “estado de la cuestión” en el momento y lugar del mundo donde un juicio de este tipo tenga lugar, más allá de los niveles académicos y/o científicos que haya alcanzado el tema.
La publicación de la experiencia de Suzanne Sgroi como testigo experto en un juicio de este tipo [2] nos ubica, de entrada, en una posición que usualmente no consideramos en el contexto de la problemática en nuestro país: la posibilidad , como profesionales , de tener que rendir cuentas por aquello que dejamos de hacer y no por lo que hicimos, que es por lo que generalmente nos sentimos y nos hacen sentir responsables. Quiero decir, existe aún en algunos ámbitos de la salud y de otras instituciones, la idea de que el ceñirse a la práctica específica (médica, psicoterapéutica, o de asistencia social) dejando fuera la evaluación del riesgo psicosocial de un niño, por un lado preserva al menor de las consecuencias de la “judicialización”(*) y por otra parte, a los profesionales de posibles demandas legales. No deja de ser una idea corroborada por la realidad judicial de nuestro país.
El título del trabajo de Sgroi muestra que el punto de vista contrario surge de la progresividad de la toma de conciencia en el campo del abuso de niños: “El caso McColgan: el aumento de la conciencia pública de la responsabilidad de los profesionales en la protección del abuso físico y sexual de los niños en la República de Irlanda”.
La autora discute además temas secundarios pero no menos importantes, como es el de la relación entre las consecuencias de las situaciones abusivas ( desorden de stress post-traumático, disociación , distorsiones cognitivas) y la imposibilidad de iniciar una acción legal en el lapso de tiempo determinado por la justicia (normas de prescripción). Temática estrechamente vinculada con la de la victimización secundaria de los implicados:

“Si bien los litigios por responsabilidad civil en Irlanda generalmente llegan a juicio en forma más expeditiva que en USA de todos modos estos demandantes tuvieron que esperar 30 meses antes del comienzo del juicio. En mi experiencia, las víctimas de traumas en general sufren enormemente durante los períodos de espera, ponen mucha energía en suprimir la ansiedad respecto del proceso judicial pendiente, y a menudo experimentan postergaciones y retrocesos en sus vidas personales y en sus terapias. Pensamientos intrusivos acerca del abuso, flashbacks y fenómenos de re-experimentación ocurren a menudo durante el período previo al juicio, así como en el momento en que se toman sus declaraciones, o durante el mismo proceso. Experiencias emocionales intensas (rabia, terror, culpa y auto-reproches y desesperanzas)son también comunes”.

Inmediatamente después de esta clara descripción Suzanne Sgroi muestra el dilema con el que a menudo nos enfrentamos cuando tanto profesionales de la salud como de la justicia utilizan las reacciones de resiliencia (**)de las víctimas para minimizar las consecuencias del abuso y desde ahí llegar hasta la negación del mismo :

“Para que su pleito continuara, estos demandantes tenían que demostrar, en principio que ellos habían sido suficientemente dañados como para impedir su capacidad de actuar en su propio interés; de otra forma su juicio hubiera sido impedido por la ley de prescripción (statute of limitations). Si bien ha habido extensiones de la ley de limitaciones en los casos de víctimas de abuso sexual en USA, los demandantes en juicios de responsabilidad civil aún deben presentar evidencias de que han sido dañados para recibir una compensación. Desafortunadamente, la participación en un proceso judicial que demuestre que uno ha sido dañado nunca es fácil.Para los sobrevivientes de sucesos traumáticos el proceso inevitamente tiende a ser experimentado como una forma pública y adversarial del abuso”.

Así, Sofía McColgan, la demandante principal de este caso ,durante gran parte del tiempo que duró el abuso, se concentraba en lograr exitos académicos en busca de una credibilidad que fue duramente cuestionada para ella cuando se utilizó este mismo esfuerzo para dudar de la severidad del abuso. También se puso en duda otra actitud que le “permitió”sobrellevar la situación: la creencia que debía relevar al hermano que ya vivía fuera de la familia en la responsabilidad de tratar de impedir que sus hermanos menores pasaran por la misma situación de victimización. El proceso del juicio mostró claramente la inutilidad de esta decisión: ambos también habían sido objeto del abuso de su padre sin que ella, en ese momento, pudiera saberlo.

II)
En este punto trataré de resumir la historia de los niños de esta familia , tal como Sgroi la presenta en su artículo, tomando como eje los abusos padecidos y la actuación de los distintos profesionales intervinientes.
La familia McColgan habitaba en el Noroeste de Irlanda en una zona rural y mayormente pobre. Gerard, el hijo mayor, que contaba en 1983 con 15 años, refiere al médico de la familia y a las autoridades de los servicios de protección a la infancia que su padre, Joseph McColgan , había abusado física y sexualmente de él y de su hermana Sophia. Existían antecedentes de abuso físico en informes enviados por la escuela y el hospital a dichos servicios de protección:
- en 1979 ambos niños fueron internados por golpes recibidos por su padre;
- Sophia estuvo hospitalizada durante un mes por una fractura en la nariz del mismo origen;
- en 1981 se asistió a Gerard por una fractura de su brazo por haber sido nuevamente golpeado;
- desde 1979 el mismo Gerard se escapó de su casa en 50 oportunidades y siempre fue devuelto a la misma por las autoridades policiales.
La atención ambulatoria estaba a cargo de un médico clínico amigo del padre, el Dr. Desmond Moran.
A partir de 1983 Gerard comenzó a vivir en un pequeño hogar (group home). Fue poco después cuando refirió a sus guardadores y a un miembro de los servicios de protección que tanto él como Sophia habían sufrido abuso sexual por parte de su padre. Se decide entonces una reunión en el consultorio del Dr. Moran de la que participaron Gerard, los servicios de protección, el médico mencionado y ambos padres que ya habían sido informados de la denuncia de su hijo. El niño debía corroborar los detalles del abuso en presencia de todos los mencionados.
En dicha reunión y debido a la crisis que presenta la madre (víctima de la violencia de su marido) que acusa a Gerard de mentiroso , la referencia al abuso sexual no se profundiza, y Gerard se retracta de su denuncia poco después.
Después de la partida de su hermano del hogar familiar, Sophia asistió a una escuela distinta a la de su hermano, se concentró en el estudio y antes de cumplir los 21 años fue echada por su padre yendo a vivir con su abuela materna. El padre la visitaba diariamente para amenazarla ante una posible denuncia de abuso sexual.
A su vez, cuando Michelle llega a los 21 años pone a conocimiento de la policía su propia historia de abuso físico y sexual por parte de su padre y es a partir de su relato que los cuatro hermanos hacen una denuncia conjunta a la policía detallando situaciones abusivas que habían comenzado a mediados de los 70.
El padre es arrestado en 1994, y juzgado en 1995, cuando se reconoce culpable de 26 imputaciones de abusos sexuales y físicos hacia los tres hijos mayores .
En ese mismo año los hermanos McColgan deciden iniciar un juicio de responsabilidad civil por negligencia contra el Dr. Moran y la agencia oficial para la protección de la infancia. Por un acuerdo al que se llegó antes de la finalización del proceso, los acusados, sin admitir su responsabilidad debieron pagar costas legales superiores a las 250.000 libras irlandesas a cada uno de los cuatro hermanos McColgan que habían iniciado el juicio.Sgroi comenta: “Mientras que este resultado obviamente representó una victoria moral y financiera de los demandantes, el impacto ultimo de este juicio aún no está claro”.

III)
La opinión de la asistente social asignada al caso, y la actitud del Dr. Moran muestran la diferencia entre dos posicionamientos opuestos y bastante usuales frente a la problemática del maltrato infantil. Suzanne Sgroi los describe así:

“Los registros del caso reflejan que el Dr. Moran les dijo a los servicios de protección y al personal de la escuela, en 1983, que Gerard no era un candidato para “la opción blanda de un cuidado en otra parte’ y que por el contrario necesitaba ‘disciplina dura y vigilancia’. El Dr. Moran también se hizo responsable de la orientación de Joseph McColgan en relación con las prácticas de crianza infantiles y lo vió 38 veces con este propósito entre noviembre de 1983 y abril de 1984”. Podríamos decir que este profesional, no por casualidad médico de familia, se concentró en la reparación del vínculo filial minimizando los indicadores de alto riesgo presentes en este grupo familiar, fácilmente visibles en la sola reacción de la madre ante la develación del abuso sexual por parte de Gerard. La asistente social, por el contrario “...repetidamente había mostrado su preocupación por la seguridad de todos los niños. En un memorandum a sus superiores informó que ella pensaba que estaba tratando con una familia muy patológica, caracterizada por un grado extraordinario de violencia física y abuso sexual acompañado por un alto nivel de ‘defensividad’, introversión, manipulación y colusión. Esta trabajadora social dejó también registrado que le había solicitado al médico de la familia que la ayudara a hablar con Sofía en busca de corroboración de las denuncias de Gerard respecto al abuso sexual. Según el registro del caso este intento fracasó en la medida en que la madre supo de esto y se confabuló con el padre reaccionando muy violentamente.” Admitiendo que sólo los hechos futuros mostrarían el escaso margen de error de sus estimaciones, la profesional concluyo:
“Mi única respuesta a la crítica o a la posibilidad de estar cometiendo un error es que lo estoy haciendo en el mejor interés de estos niños, tal como yo lo veo.”. A pesar de esta primera advertencia, la agencia no tomó ninguna medida de protección con los hermanos más pequeños que quedaron en la casa de sus padres y que fueron repetidamente abusados.


IV)
Si bien la actividad profesional de Sgroi en tanto testigo experto se concentró en fundamentar la importancia de la disociación patológica y las distorsiones cognitivas que impidieron a Sofía denunciar la situación buscando una ayuda protectora, sus reflexiones sobre las distintas aristas de su experiencia en este caso dieron origen a tres comentarios posteriores aparecidos en la misma publicación, y a los que me referiré en próximos números de “Temas”.[3]
He aquí una de sus interesantes reflexiones:

“Encontré instructivo observar las actitudes sobre la responsabilidad pública para reconocer y prevenir el abuso y la negligencia en un país donde no hay obligación de denunciar. Esta experiencia me recordó la impotencia profesional y la falta de voluntad para tomar acciones de protección en beneficio de los niños que también prevalecieron en USA en las décadas de los 70 y 80. Si bien aún existen muchos vacíos y deficiencias, hicimos avances significativos en nuestro sistema de protección infantil y en el nivel de los servicios profesionales disponibles para las víctimas en las dos décadas pasadas!”

Lic. Alicia H Ganduglia
Agosto 2000.-


BIBLIOGRAFIA

[1] Marinella Malacrea, “Trauma y reparación. El tratamiento del abuso sexual en la infancia”, páginas 30 y 31. Paidós, Barcelona, 2000.
[2] Suzanne M. Sgroi “The MacColgan Case: Increasing Public Awareness of professional Responsibility for Protecting Children from Physical and Sexual Abuse in the Republic of Ireland. Journal of Child Sexual Abuse, Volumen 8, Número 1, 1999. Páginas 113 a 127.
[3] Rona Modolow ,”Commentary: The MacColgan Case”, Idem, pág.129.
Vesna Kutlesic, “The MacColgan Case: Increasing Public Awareness of professional responsibility for Protecting children from Physical and Sexual Abuse in the Republic of Ireland: A Commentary”, Journal Of child Sexual Abuse, Volumen 8, Número 2, 1999.
Charles B.Schudson “Forgive and Forget: Ireland, America, and Surviving The Statute of Limitations” idem.


NOTAS.

(*) No deja de preocuparme, que el intento de desjudicializar la pobreza se desvíe hacia el camino , sumamente peligroso a mi entender, de la desjudicialización del delito intrafamiliar. Algunas ideas progresistas, alejadas de su contexto de origen y su ámbito de pertinencia, no hacen más que resucitar polémicas regresivas.
(**) Patricia J. Mrazek y David A. Mrazek, pediatras de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chicago, han señalado que “mientras que muchas víctimas de maltrato sufren serias secuelas emocionales negativas, otras reaccionan sorprendentemente bien. La resiliencia en los niños es un concepto relativo que cambia con el tiempo y se ve afectado por el entorno y la genética. La resiliencia es alentada por factores protectores que mejoran o alteran la respuesta de un niño a los peligros del maltrato, que normalmente lo predispondrían a una mala adaptación”.
(***) Este artículo aparecerá en el No. 11 de la Revista “Temas de Maltrato Infantil”.


Alicia H. Ganduglia – Licenciada en Psicología

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