Asapmi - Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infantojuvenil

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La Investigación y la Transferencia: Cuestiones de las Prácticas.

Dra. María Inés Bringiotti

5tas Jornadas nacionales de Investigación Social de la Infancia – 28 y 29 setiembre de 2006 –
Instituto de Derecho del Niño – Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales – Universidad Nacional de La Plata –

Mesa redonda: La Investigación y la transferencia en cuestiones de infancia.

LA INVESTIGACION Y LA TRANSFERENCIA: CUESTIONES DE LAS PRÁCTICAS.

Dra. María Inés Bringiotti

Ardua cuestión la de transferir los resultados de las investigaciones….sin embargo la investigación por sí sola no tiene ningún sentido, tratándose como en este caso de problemas de claro impacto social. En los temas que nos convocan, no hablamos de investigación básica…necesaria en otros ámbitos y utilizada ó no en otras circunstancias.

El abordaje de la infancia en sus múltiples aspectos, es siempre un tema de urgencia social…y justamente porque es urgente no debe ser apurado…las acciones rápidas y efectistas no suelen ser beneficiosas para la infancia. Y acá nos encontramos con dos elementos a coordinar: la investigación y su transferencia, lo que nos lleva preguntarnos sobre qué papel cumple hoy la universidad en el aporte a estos problemas. Esta es una cuestión básica, porque minimamente resuelta la misma, se puede pensar en su aplicabilidad en las prácticas concretas, sean políticas públicas, políticas sociales, programas de prevención, de asistencia, de sostenimiento familiar….

Para analizar estas cuestiones, me apoyaré en la temática concreta de mi trabajo: el maltrato infantil….desde hace más de 15 años hemos estado investigando sus características en nuestro contexto. Si nos remitimos al abordaje del mismo a nivel mundial, recordemos que el concepto fue aceptado recién en 1964 en Estados Unidos y allí empezaron los primeros trabajos de investigación, los programas de acción y los ajustes jurídico – legales. A mediados de la década del 70, profesionales que concurrían a congresos en el exterior, trajeron la preocupación a nuestro país – no podemos dejar de mencionar a la Dra. Golberg en el hospital de Niños de Capital Federal y tood el trabajo desarrollado en el hospital Sor María Ludovico, acá en La Plata – y así poco a poco se empieza a abordar el problema. Cuando se decide iniciar una formación sistemática, los materiales utilizados eran exclusivamente anglosajones, y a pesar de ciertas similitudes en estos temas entre distintos países, la bibliografía de la que disponíamos no respondía a esta realidad. Se necesitó tiempo y presupuesto en investigación para iniciar el desarrollo de trabajos locales y ello ocurrió a partir de mediados de los 80 y muy lentamente. El abordaje de los casos de violencia familiar y maltrato infantil se apoyaba prioritariamente en la asistencia, que con los escasos conocimientos del momentos podían ser detectados….no pensemos ni en prevención, ni en investigación…y solíamos escuchar comentarios del tipo, “es una urgencia y no hay tiempo para investigar…”

Frente a esta concepción, pensemos cómo serían los resultados de las acciones sin una mínima indagación previa, sin un seguimiento y sin una evaluación de tratamientos y acciones. Además tengamos en cuenta que la bibliografía anglosajona podía muy bien no responder a nuestro contexto y aquellos factores de riesgo detectados para otros países, podían no ser realmente relevantes acá…ó que los aspectos compensatorios sobre los que nos apoyábamos no ser tan efectivos…

Un primer abordaje de la situación llevó entonces, al inicial reconocimiento de su existencia y la constitución de equipos para la atención de las víctimas. Así fue como sobre la lectura de la bibliografía relevante se fueron estableciendo pautas de acción, luego afianzadas sobre la cotidiana experiencia de trabajo, sobre las prácticas. Un segundo momento en la mayoría de los países más desarrollados se detuvo en el estudio e investigación rigurosos sobre diferentes aspectos relacionados directamente con la ocurrencia del maltrato infantil.

En 1990 ya se planteó la existencia de una serie de áreas directamente relacionadas con la problemática del maltrato infantil y que requerían una urgente indagación, las menciono brevemente para poder visualizar cuál era la situación al principio de los 90 y qué ocurre en estos momentos, en el 2006.
Se planteaban entonces como prioritario:

a. Establecer definiciones teóricas y operacionales adecuadas del Maltrato Infantil: es decir, establecer una categorización completa de las formas que adopta y de sus características específicas para cada contexto que facilite los relevamientos y estadísticas, además de la comparación de los resultados entre distintos países y diferentes momentos. Es de suponer la aplicabilidad de estas categorías en áreas como salud, educación y justicia, para nombrar las más relevantes.

b. Conocer la frecuencia real del problema: en la mayoría de los países se desconocía a cuanto asciende el número real de niños sometidos a malos tratos, sólo se conocen un número reducido de los mismos, que muchas veces por su gravedad llegan a los servicios de atención. En la mayoría de los países europeos y en Estados Unidos se contaba con índices aproximados de tasas de incidencia, pero para el resto de América y el Tercer Mundo se carecía de los datos mínimos.

c. Indicadores de los malos tratos: al ser un fenómeno de índole privado, su identificación y detección dependen de la existencia de signos perfectamente identificados que faciliten un buen diagnóstico. Es fundamental la discriminación de indicadores físicos, psíquicos y relacionales del niño, para cada subtipo de maltrato. Pensemos en las dificultades aún actuales de la justicia cuando recibe casos de abuso sexual infantojuvenil….y el alto nivel de prejuicios, sumados a los estereotipos de género que complejizan el abordaje del ASI.

d. Factores de riesgo: el concepto de factor de riesgo reemplazaba al de causalidad, ya no se habla de causa y menos de una causa, sino de un conjunto de factores de riesgo presentes en cada familia, en interjuego con factores compensatorios que se potencian entre sí, desencadenando la situación de maltrato.

e. Consecuencias a corto, mediano y largo plazo: implica el conocimiento de las posibles alteraciones en el funcionamiento individual, familiar y social de las víctimas del maltrato, que orienten tanto el abordaje terapéutico como el conocimiento de los profesionales, sobre todo en el ámbito judicial al momento de tener evaluar estos casos y tomar decisiones de protección del menor.

f. Evaluación de los diferentes programas de tratamiento: habitualmente todo tratamiento individual o grupal se plantea una serie de objetivos que permiten al terapeuta medir el cambio producido y la posibilidad de alta del mismo. En este punto, sin embargo nos referimos a una evaluación sistemática pre y post tratamiento con medidas estandarizadas y guías estructuradas del contexto familiar para evaluar realmente los cambios producidos y el diagnóstico correspondiente.

En base a estas áreas consideradas como urgentes, se iniciaron los primeros trabajos de investigación, hoy podemos decir que para nuestro contexto, hemos podido – tanto desde la reflexión como de la investigación - responder a las prioridades señaladas precedentemente. Hoy contamos con suficiente bibliografía local publicada, lo que facilita la capacitación y la consulta…el problema del maltrato infantil, ha sido visibilizado….aunque seguimos enfrentándonos con mitos y prejuicios cotidianamente a la hora de evaluar los casos y tomar decisiones…se olvida el interés superior del niñ@, sus derechos de protección, y el papel que le cabe al estado en su defensa…en síntesis lo que la Convención señala.

Por eso nos preguntamos, a pesar de lo que hemos avanzado, sin embargo, la situación de los niñ@s ha mejorado en consonancia con estos conocimientos?? Es obvio que la infancia está inmersa en un contexto socio – político - económico muy complejo. La violencia hacia l@s niñ@s, es un concepto que está reemplazando paulatinamente al de maltrato infantil, por ser más abarcativo y permitir incluir a todas las formas que puede adoptar: podemos observar la violencia entre pares y grupos (bullyng); la violencia intrafamiliar; la violencia institucional y la violencia social…y no es posible separarlas – aislarlas para su análisis, ya que se encuentran fuertemente articuladas.

La investigación aporta sus resultados, los investigadores son concientes de los cambios socioestructurales y su impacto al interior de las familias, en su salud – física, mental y social -, así los temas a indagar se actualizan y, se replican abordajes para detectar el impacto de las crisis de los últimos años en Argentina…al interior de las familias, no sólo en su salud, sino en su estructura, sus modos de relación y las posibilidades de satisfacción de las necesidades de l@s niñ@s. Se busca discriminar entre la negligencia familiar y la institucional y social, así las universidades asumen un rol….existen espacios para llevar a cabo lo planteado y se brindan subsidios. A veces la realidad y sus cambios acelerados, nos superan en la urgencia de dar respuestas….sin embargo creo que hay aportes desde la investigación en estos temas a tener en cuenta, pero la universidad y el investigador carecen de “marketing” si me permiten decirlo así. A diferencia de otros países y salvo en áreas tecnológicas muy específicas, no son convocados para solicitarles un determinado relevamiento, un estudio, ó una evaluación que permita la elaboración de programas ó políticas acerca de la infancia.

Evalúo como positiva la posibilidad del investigador de trabajar en un contexto académico y no aislado pero sí separado de motivaciones políticas urgentes, pero me cuesta aceptar que esté tan separado que los resultados de sus trabajos no sean aplicados.

Como investigadora, he trabajado con la secretaría de Educación del Gobierno de la Ciudad de Bs. As, antes Municipalidad de Bs. As., con sus diferentes directores de Inicial, Primaria, Especial y Equipos de Orientación Escolar….A lo largo de 15 años, hemos explicado la tarea y hemos aportados datos y relevamiento del problema en las escuelas – la Investigación Epidemiológica del Maltrato Infantil, se aplicó en Avellaneda y luego en Capital Federal, en escuelas de los tres niveles, en los años 1995/97 y luego se realizó la replicación de la misma, una década después – 2005/06 – para evaluar los cambios y las características diferenciales a posteriori de la crisis del 2001. En ambos momentos empezamos el trabajo con determinados secretarios de educación y directores de área, y los terminamos con otros, recibiendo una amable respuesta junto con los recelos del producto de una gestión anterior….La información recibida era un recurso que se aportó sin costo alguno para el sector educación. La situación en Avellaneda fue, en su momento más grave porque los datos se conocieron en un año electoral y se consideraron un ataque a los funcionarios de dicha gestión.

Fenómenos como la violencia en la escuela, entendida por nuestro equipo como múltiples violencia articuladas entre sí, mereció un trabajo de 3 años en jardines y escuelas de Capital Federal, resultando muy efectivo, pero que no ha sido replicado luego de que nos retirásemos de la escuela finalizado el período acordado. Muchas veces el trabajo de los “especialistas/ investigadores” era valorados por l@s docentes y era interpretado como intromisión por los profesionales de los equipos de orientación escolar, a pesar del trabajo conjunto.

Otro tanto ocurrió con el abordaje del embarazo adolescente y su posible relación con disfunciones tempranas en el vínculo madre – hij@... Y la resistencia del sector médico a tomar otros aspectos más allá de asegurar el buen desarrollo físico de la madre y el bebé… Recuerdo un trabajo realizado en La Plata hace más de 20 años con el Dr. Doménech sobre los accidentes de tránsito con víctimas menores de edad y la detección de las zonas más accidentológicas y las situaciones cotidianas de vida de esos menores que los llevaban a ser víctimas….en ese momento encabezábamos los 20 primeros países en tasas de accidentes de tránsito, hoy estamos entre los 10 primeros…

Los ejemplos son variados, y nuestro convencimiento de los aportes que puede brindar la investigación, a veces entran en colisión con los intereses y las decisiones políticas. Contamos con una buena producción y con recursos teórico/ prácticos para pensar, y por qué no, exigir que se tomen en cuenta a la hora de la planificación y puesta en marcha de programas y políticas. Debemos diferenciar entre las urgencias a resolver y las acciones que pueden ser planificadas adecuadamente. Si tuviera que señalar un aspecto que me preocupa realmente señalaría el fuerte componente político que tienen justamente las políticas acerca de la infancia…(y no son las únicas) obviamente que son responsabilidad del estado, y son claramente políticas de estado pero el problema mayor es que no se construyen como políticas de estado por acción sino muchas veces por omisión. Y son políticas – mal entendidas – en cuanto dependen de los políticos, con nombre y apellido ó sector políticos y no del estado más allá de las personas concretas, que cambian sistemáticamente, en unos países más que otros.

Programas que parecen funcionar se abortan por el cambio de los ejecutores, la inestabilidad política se refleja en la inestabilidad de las políticas de estado, cuando no por su ausencia…mientras tanto los niñ@s y la infancia que estamos construyendo no tienen una segunda oportunidad para cambiar sus historias. La sola aprobación de la Convención no garantiza el bienestar de los niños, niñas, adolescentes, aún reconociendo el importante paso que implicó.

Por otra parte, hay otro aspecto de mucho peso, que no puede explicarse solamente por lo político mencionado, y que va más allá…me refiero a lo ideológico, a las concepciones más arraigadas, sobre todo en el campo jurídico, respecto al menor y no al niñ@; a lo que se considera “familia” en cuanto a su forma y función; en los prejuicios que operan frente a situaciones de violencia ó abuso – “lo provocó”; “se queda por algo será”, “dejemos al padre en la casa, sino de qué van a vivir” ó “abusó, pero es el padre…”. Ejemplos de estas situaciones las vemos a diario desde la asociación a la que pertenezco, y la bibliografía al respecto, basada en trabajos de campo han señalado reiteradamente los riesgos de tales decisiones en el psiquismo del niñ@ y en el peligro de una nueva victimización. Acá nos enfrentamos con la cruel realidad que los datos no modifican por si mismos, los paradigmas y concepciones subyacentes, que son las más difíciles de modificar porque se expresan de manera indirecta – no explícita – en las decisiones tomadas y las justificaciones de las mismas. Muchas veces cambia algo, para que todo siga igual, como alguien dijo, ó se adoptan formas novedosas en los discursos y acciones, pero medularmente los sectores excluídos, siguen siendo los mismos ya que los cambios no son de fondo.

Como investigadores quizás sea momento en reflexionar sobre estas cuestiones y sobre nuestra función, en este contexto cambiante y “político” estamos insertas, y parece ser una realidad que llegó para quedarse, entonces debemos pensar estrategias para optimizar los aportes de la investigación, quizás tomar un rol más corporativo y activo en las propuestas, cuestionando programas y acciones, acercando alternativas….exponiendo los elementos subjetivos subyacentes en las decisiones tomadas….y porque no siendo más “difusoras” de nuestro trabajo…quizás la palabra adecuada académica sea justamente transferencia…pero considero que para transferir es necesario primero difundir, hacer conocer…Transferir lo interpreto más como pasar, traspasar…que el otro pueda apropiarse para usar, no meramente que conozca.

Lo que intenté exponer ha surgido desde la concreta práctica de trabajos de nuestro equipo, son preocupaciones que hemos experimentado muchas veces luego de concluir un trabajo concreto y esperanzadas en que contribuya en algo a mejorar la situación de la infancia. Dejo la palabra a mis colegas, después podemos intercambiar más pareceres….

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