Asapmi - Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infantojuvenil

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No Soy Culpable ( lo soy) - De cómo la infancia y la adolescencia es revictimizada

Volnovich, Jorge

La frase mas escuchada por quienes transitan en el campo del enfrentamiento a los malos tratos y el abuso sexual contra niñ@s y adolescentes es : no soy culpable. La escuchamos en los agresores negando su violencia, su negligencia o su abuso. La escuchamos en aquellos que deben proteger la infancia por el vínculo que tienen con ella, lo que abarca desde familiares hasta profesionales. La escuchamos por las autoridades de las escuelas e iglesias siempre presurosas por proteger su buen nombre y reputación. La escuchamos en los poderes del Estado, desde los jueces hasta los políticos responsables de programas de protección de la infancia. La escuchamos en boca de los encargados de gestionar la protección de la infancia, los Consejeros y los Consejos de Defensa del Niño la Niña y el Adolescente, así como en los responsables de Organizaciones de la Sociedad Civil. Siempre la escuchamos: no soy culpable.
Es un “no soy culpable” que se pluraliza en un “no somos culpables” como forma de mitigar su fuerza y de paso desculpabilizar a los que nos rodean.
Pero lo más notable de esta frase es que se emite en un contexto en que no se puede negar que no se sabe. Actualmente, los malos tratos contra los niños y los adolescentes no están más naturalizados e invisibles por nuestra sociedad como antaño. Hoy en día resulta difícil sostener el “no soy culpable” por desconocimiento. En efecto, es porque sabemos, que el “no soy culpable” adquiere un carácter cínico.
La frase, como una muletilla repetida en un eco infinito de voces argentinas se acompaña de extensas justificaciones. El agresor alega sus buenas intenciones disciplinarias, mal interpretadas por quienes desean dañarlo, aunque en su interioridad tiene la convicción de que el niño castigado o abusado se lo merece o se la ha buscado. Los familiares se defienden del miedo al agresor, de la pérdida de su vida privada o se escudan en la imposibilidad de tener una vida digna. Los docentes y pediatras sostienen su justificativa, en el resquemor a hacerle padecer al niño, a la familia y a si mismos el infierno de la denuncia. Por su parte, aquellos que directamente tienen la responsabilidad de proteger la infancia y la adolescencia desde el Estado o la Sociedad Civil se justifican en la falta de recursos económicos, perdidos en una maraña de intereses obscuros, mientras la justicia absuelve a todos y a si misma, argumentando que los expedientes nunca son conclusivos, mal presentados o simplemente desaparecen.
En fin, todos se justifican o creen tener razones suficientes para hacerlo y en general, suelen tener razón. Los políticos nunca tienen el suficiente poder para aplicar la Convención de Derechos del Niño o la Ley 26061, los profesionales nunca tenemos la suficiente formación y un salario digno, los jueces y fiscales nunca tienen informes adecuados…… La lista de argumentos desculpabilizantes es demasiado extensa y para no fatigar a los lectores podemos sintetizar de que, si existe un “ no soy culpable”, lo más factible es que la culpa la tenga el otro o sino el otro del otro del otro.
En el final de la línea de todos los “otros” culpables solo encontramos un sujeto: el niño. Si nadie es culpable, el niño y el adolescente terminan siéndolo. Culpable de ser objeto de los malos tratos o del abuso sexual por haber sido malos o inductores por portar cuerpos de niñas o niños tentadores
He aquí entonces, la primera revictimización que sufre todo niño objeto de malos tratos, cuando termina culpable por haber sido una víctima mientras sus victimarios y los responsables de su protección se deshacen en las mil coartadas del “no soy culpable”.
El psicoanálisis, como práctica científica que legitima lo que denominamos inconsciente, como determinante en la subjetividad humana nos ha demostrado de quien niega, en realidad afirma. Existe, claro, una negación gramatical que no pasa de ser un “no” construido en una frase. También existe una negación textual de oposición en la cual transitan las diferencias entre los seres humanos. Pero, el psicoanálisis va más allá en su formulación: en el inconsciente no existe el “no”. En otras palabras: el “no soy culpable” sería una afirmación y cada vez que escuchamos un “ no soy culpable” en el discurso de los agentes encargados de la protección de la infancia podemos inferir que lo son.
Por eso, si considerásemos cada uno de los “no soy culpable” que emiten los adultos responsables como un nuevo golpe al niño ya golpeado, no habría lugar en su cuerpo para recibir mas golpes. Si cada una de las justificativas lógicas esgrimidas fuese un nuevo abuso para un niño abusado, nada evitará que la situación traumática padecida se instale una vez y para siempre.
Tal vez, esto nos indique el primer paso para evitar la revictimización de la infancia y abra el camino al enfrentamiento de la impunidad que gozan los delitos de malos tratos y abuso sexual. Este paso es simple aunque valiente y consiste en apenas unas pocas palabras: Si, soy culpable!
Si sé sobre los malos tratos contra los niños y no denuncio, soy culpable!
Si tengo la sospecha y no denuncio la misma, también soy culpable!



L@s niñ@s y adolescentes son mi responsabilidad, nuestra responsabilidad.
Honrar esta responsabilidad implica indefectiblemente revisar la ética que anima las sanas prácticas cuando se trata de tomar los testimonios de los niños que han vivido situaciones de malos tratos o de abuso sexual. Debemos partir de la base de que, el peor maltrato, el verdadero cierre traumático para un niño es la impunidad del ofensor pero también la impunidad de quienes quieren ayudarlo haciéndolo también objeto de malos tratos.
Aludiendo a estas sanas prácticas yo pregunto:
Cuando un niño amén de tener el derecho de ser oído o de que su opinión sea llevado en consideración, va a también tener el derecho de que le crean?
Por que frecuentemente en el seno de la escuela, los consultorios psicológicos o pediátricos a los niños no se les cree cuando manifiestan haber sido objetos de malos tratos siendo descalificados porque los niños “fantasean” como dice Melanie Klein,o el propio Freud , cuando sabemos que el 90% de los niños que hablan sobre los malos tratos padecidos , sobre todo cuando son muy niños dicen la verdad. Si no se les cree cuando hablan, imaginen cuando, con mayor frecuencia, no pueden hablar por el temor y el estigma que ello acarrea?
Cuando un niño va a dejar de ser expuesto a innumerables entrevistas psicológicas con por lo menos un adulto preguntándole : sabés porque estas aquí?. No por casualidad en los años de plomo del proceso esta era la frase con que los torturadores comenzaban su indigno trabajo sobre sus víctimas: Cuando un niño va a ser consultado a respecto de si acepta la Cámara Gesell o la Videograbación tan en boga últimamente o se le comunicarán los resultados de este proceso en especial cuando no sabe todavía leer ni escribir?
Sigo preguntando:
Cuando será que se acepte que un niño muy pequeño no puede entrar solo a una entrevista sin contar con la presencia de un familiar no sospechado que le de seguridad y al mismo tiempo, que no es posible situar al familiar sospechado de propinar malos tratos junto al niño sea en entrevista familiar, vincular, en la puerta , en el corredor o en cualquiera de los ámbitos donde se sustancia la entrevista, por el grado de amenaza, lealtad o amor que el ofensor genera sobre la víctima?
Cuando será que entendamos que los materiales puestos a disposición del niño, juegos, dibujos o modelados, como parte de la propia semiótica de la infancia, deben respetar las diferencias de clase social, étnicas o de región de donde es oriundo un niño o una niña , sin imponerle la ideología que los profesionales imprimen a cada uno de estos objetos.?
Cuando será que los profesionales psicólogos y psiquiatras van a supervisar técnicamente todos y cada uno de los casos donde sospechen malos tratos para que no queden librados a los puntos ciegos de su propia subjetividad encadenada en el burn out y en la ideología dominante?
Cuando dejaremos de pensar que si un niño dice “ mi mama me dijo..” eso no es sinónimo de inducción?
Cuando dejaremos de hacer un uso abusivo de la teoría lacaneana postulando que la figura del padre en tanto tercero es un normalizador o normatizador de la relación dual del niño con la madre , lo cual termina obscureciendo el hecho de que existen padres realmente maltratadores y madres que pueden serlo mas aún o cesaremos en el abuso que se hace de la teoría sistémica por la cual se postula que, hasta el abuso sexual de un niño o una niña intrafamiliar puede ser tratado terapéuticamente en el ámbito de la familia?
Sigo preguntando:
Cuando los profesionales dejarán de pensar que los niños mienten y ellos a su vez dejen de mentir sobre la validez científica del Síndrome de Alienación Parental, aun sabiendo que varios tribunales en los U.S.A. lo desestiman por no tener un soporte científico, o dejarán de volver a mentir cuando sostienen que el 90% de la denuncias son falsas o productos de divorcios destructivos cuando sabemos que es todo lo contrario?
Cuando será que los derechos de los niños, niñas y adolescentes dejaran de ser una coartada para la defensa de los propios intereses políticos y hasta del propio narcisismo de quienes aparentemente son sus más ardientes defensores.
Mas aún, resulta hoy difícil encontrar profesionales idóneos, comprometidos con la causa de los niños que no se vean jaqueados, procesados judicialmente o denostados en su prestigio por haber afirmado y substanciado la veracidad de la palabra del niño, en cuanto a haber sido maltratado o abusado. Esto bien lo atestigua el fallo Melo Pacheco en Mar del Plata en donde el Tribunal no le creyó a mas de 20 niños y envió a los peritos a la picota porque consideraron el relato de los niños verosímil.
Y que decir de los funcionarios bien vestidos y seductores que un día se oponen al maltrato y al día siguiente hacen causa común con agresores y abusadores en el reconocimiento de un supuesto derecho a la vinculación con el niño víctima en nombre de la sagrada familia?
En fin, yo pregunto, cuando dejaremos de ser brutos y cínicos?
Porque ser culpables de ser brutos es poco, dado que conozco varios brutos muy gentiles entre los pediatras, abogados, psicoanalistas, asistentes sociales, jueces y psiquiatras que se dedican a tan abnegada tarea. El problema principal, es la ética que anima esta sana práctica única garantía contra la revictimización de un niño o una niña.

Esta ética es como una brújula y sin brújula no podemos saber para donde vamos. Esta ética no está al margen del derecho, sino que es inherente al mismo. Esta ética no basta que sea humana, es necesario que sea más que humana porque se juega todos los días, en cada decisión que tomamos y en cada situación que se presenta, en especial cuando vemos a niños de 2 0 3 años esperando horas para ser entrevistados y muchas veces en varias oportunidades en un mismo día.
Somos culpables, sin duda, de conformarnos con lo que tenemos que no es más que lo mismo y de no exigir lo que el derecho exige y nuestra ética nos reclama. Y si en alguna noche, alguno de Uds. como yo, no puede dormir, angustiado frente a alguno de estos interrogantes hechos a nuestra ética, no nos hagamos trampas y tomemos psicofármacos para aplacar la culpa y el sufrimiento. Muchas veces es necesario saber sobre nuestra indignación que es el motor de todas las transformaciones posibles en la infancia y la adolescencia maltratada y abusada en nuestro país.
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