Asapmi - Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infantojuvenil

La Cámara Gesell en el proceso penal

Tribunal: Trib. Sup. Just. Córdoba, sala Penal Fecha: 29/03/2006 Partes: Disandro, Sergio F.

PROCESO PENAL (INSTRUCCIÓN) - Recurso de casación - Improcedencia - Nulidad de prueba no dirimente - Medios de investigación y prueba - Testigos - Valoración - Menor víctima del delito de abuso sexual - Declaración prestada a través de Cámara Gessell - Im

Tribunal: Trib. Sup. Just. Córdoba, sala Penal
Fecha: 29/03/2006
Partes: Disandro, Sergio F.
PROCESO PENAL (INSTRUCCIÓN) - Recurso de casación - Improcedencia - Nulidad de prueba no dirimente - Medios de investigación y prueba - Testigos - Valoración - Menor víctima del delito de abuso sexual - Declaración prestada a través de Cámara Gessell - Imposibilidad de control del acto por la defensa

Nro. Sentencia: 16/2006
Expediente: 18/2004

Córdoba, marzo 29 de 2006.
1ª.- ¿Es nula la sentencia condenatoria dictada en contra de Sergio F. Disandro?
2ª.- ¿Qué solución corresponde dictar?
1ª cuestión.- La Dra. Cafure de Battistelli dijo:
1.- Por sent. 58, del 19/10/2004, la C. Crim. de 12ª nominación de esta ciudad, resolvió, en lo que aquí interesa: "1) Declarar a Sergio F. Disandro, ya filiado, autor responsable del delito de abuso sexual con acceso carnal calificado y promoción a la corrupción de menores calificada en concurso ideal, en los términos de los arts. 45 Ver Texto , 119 párr. 4º, incs. b Ver Texto y f Ver Texto y 125 Ver Texto párr. 3º CPen., e imponerle para su tratamiento penitenciario la pena de 13 años de prisión, con adicionales de ley y costas (arts. 9 Ver Texto , 12 Ver Texto , 23 Ver Texto , 40 Ver Texto , 41 Ver Texto CPen.; 550 Ver Texto y 551 Ver Texto CPP. Córdoba)..." (fs. 413 a 433).
2.- 1. Mediante escrito carente de firma de letrado, a fs. 439 y ss. comparece el imputado Sergio F. Disandro e interpone recurso de casación contra la resolución mencionada.
2. A su vez, a fs. 458 y ss., el Dr. Juan P. Jara fundamenta técnicamente la voluntad impugnativa manifestada por el encartado.
Invocando el art. 468, inc. 2 Ver Texto , CPP. Córdoba, el recurrente afirma que se han inobservado las reglas de la sana crítica racional en la fundamentación de la sentencia en orden a la participación del imputado (art. 413, inc. 4 Ver Texto , CPP. Córdoba).
Afirma, en primer lugar, que la Cámara Gessell donde se tomó exposición a N. G. se llevó a cabo negándosele al imputado toda posibilidad de presentar un perito de control a su cargo, lo que ha vulnerado el derecho de defensa, por lo que no puede esa prueba ser valorada por el juzgador.
Cuestiona las testimoniales de las licenciadas María M. Vega y Busamia, por su carencia de objetividad y profesionalidad, ya que la primera parte de la premisa de que el niño ha sido abusado, para luego extraer sus conclusiones y ambas, cuando fueron llamadas a declarar, antes de hacerlo, intercambiaron opiniones sobre el hecho.
Sostiene, en segundo lugar, que no se realizó un análisis crítico sobre la exposición realizada por el menor ante el ayudante fiscal (fs. 8/9 de autos), para contraponerla a la realizada en la Cámara Gessell. En aquella -señala el quejoso-, el menor dijo que su abuelo no le mostró el pito, que no le tocó el pito, que no se lo puso en la boca, que su abuelo sí tiene pito, pero no lo sabe porque se lo haya visto, sino porque es varón, que su abuelo no le chupó ni se hizo chupar el pito por él, que mintió cuando le contó a su papá y a su abuela que el "meme" (abuelo) le había chupado el pito y había hecho que él se lo chupara. En esa oportunidad -agrega-, el ayudante fiscal hizo ingresar al padre del menor, y entonces éste se niega a contestar las preguntas, pero ante la insistencia de su padre vuelve a relatar como cierto lo que antes había dicho que eran mentiras.
Asevera que tal declaración del menor es dirimente, y si el tribunal la hubiera analizado, habría llegado a una conclusión diferente.
Tan dirimente es dicha exposición, enfatiza, que contraponiéndose a la opinión de los peritos, aparece el maestro del niño, Oscar A. Perezzín, quien afirma que N. G. es un niño normal, con buen rendimiento escolar, que no resalta para nada, que no ha visto que se llevase cosas a la boca, que tiene buena vinculación con los compañeros y con él, que no es mentiroso ni fantasioso. Este testimonio -refiere el impetrante- está mostrando a un niño perfectamente normal, sin patologías psicológicas, que necesariamente presentaría un niño abusado. Se pregunta cómo es posible que haya dos versiones sobre los hechos si su maestro afirma que el niño no es mentiroso ni fantasioso, a la vez que asevera que puede colegirse que la versión de que los hechos efectivamente sucedieron sólo la dio para dejar contento a su padre.
Pide se anule la sentencia y el decisorio que la precedió.
3. Por último, a fs. 530 y ss., se hace presente el nuevo abogado defensor del imputado Sergio F. Disandro, Dr. Jorge E. Johnson, a través de un escrito que intitula "Ampliación de fundamentos recurso de casación".
Sostiene que la sentencia es nula porque tiene como presupuesto un acto inválido: la requisitoria fiscal de fs. 198, que es un acto nulo porque el Sr. fiscal de instrucción debió demostrar en su acusación que existían elementos de prueba al menos en grado de probabilidad de su presunta responsabilidad, que demostraban en alguna medida que la posición exculpatoria de fs. 89 había sido desvirtuada.
En efecto, explica el letrado, el imputado Disandro ejerció su defensa material negando el hecho y efectuando consideraciones que hacen a su derecho, pero el fiscal, al formular la acusación, ignoró la realidad procesal y consideró dicha indagatoria un acto inexistente, puesto que a fs. 198 vta. el Sr. fiscal de instrucción Dr. Soria expresó: "Al ejercer su defensa material con la debida asistencia de su abogado defensor Dr. Rafael J. Dorsch, el prevenido Sergio F. Disandro a fs. 183/184 se abstuvo de prestar declaración". Esto -dice- contraría la realidad, ya que es una afirmación falsa.
La requisitoria fiscal -insiste el recurrente- es, aquí, un acto nulo de nulidad absoluta, habida cuenta que el proceso penal se realizó "en ausencia del acusado", la posibilidad de defenderse no existió.
En segundo término, el quejoso manifiesta que la sentencia es nula porque tiene como presupuesto procesal un acto inexistente, a saber: la requisitoria fiscal, que no tiene la asistencia legal del secretario del tribunal.
El art. 184 Ver Texto CPP. Córdoba, explica el recurrente, establece como regla general que los actos procesales serán nulos cuando no se hubiera observado las disposiciones expresamente prescriptos bajo pena de nulidad; el art. 140 Ver Texto , por su parte, dispone que el tribunal será asistido en cumplimiento de sus actos por el secretario; a su vez, el art. 154 Ver Texto prescribe: "La falta de firma producirá la nulidad de los requerimientos y resoluciones".
El requerimiento fiscal -concluye- no tiene firma del secretario del tribunal, por lo tanto dicha resolución no tiene la asistencia que ordena la ley.
En tercer lugar, el impugnante señala que la sentencia es nula porque contiene como presupuesto procesal un acto nulo: la requisitoria fiscal, que es producto de una investigación insuficiente, que el ministerio público estimó prematuramente que se encontraba concluida.
Para descubrir la verdad, razona el impetrante, el ministerio público debió, primero, valorar que la denuncia se realizaba en un escenario de un divorcio, donde ambos progenitores pretendían la tenencia exclusiva del niño; debió advertir también que la denuncia no encontraba sustento ab initio y que por dicha circunstancia no se detuvo al denunciado sino recién un tiempo después; y debió tener en cuenta que la denuncia tenía iniciación en noticia que da la abuela paterna de la víctima, Sra. María H. Gordillo, a quien señala el imputado, junto al hijo de ésta Cristian L. Grandi, como personas que se confabularon para perjudicarlo y obtener la tenencia del niño en forma definitiva.
También debió reparar el acusador -dice el letrado- en que existen suficientes elementos de prueba para demostrar la manipulación ejercida por el padre sobre el menor.
El fiscal debió además -remarca el recurrente- indagar sobre la personalidad de la testigo María H. Gordillo, a efectos de merituar su credibilidad.
De otro costado, el impugnante afirma que, atento lo endeble, lo impreciso y lo contradictorio de la denuncia, sumado a la falta de investigación antes denunciada, le resultó imposible al fiscal fijar una relación del hecho clara, precisa, circunstanciada y específica, colocando así al imputado en una situación de absoluta indefensión.
La fecha del hecho -explica- se la fija entre el año 2000 y el año 2002, es decir, con un margen de 2 años (¡!); tampoco se pudo determinar el lugar de los hechos ni el número de veces que estos habrían ocurrido.
A más de ello, el quejoso anota que la sentencia y su presupuesto procesal la requisitoria fiscal son nulas, por incorporación de prueba nula, al no cumplirse los requisitos de legalidad en su introducción.
Señala que se le otorga valor a la manifestación del niño prestada por ante el ayudante fiscal, oportunidad en que aquél manifiesta que habría sido abusado por su abuelo. Pero este relato -asegura- se obtiene mediante la presión psicológica del padre de la víctima, C. N. G., por lo que la prueba no podía incorporarse, habiendo incluso pedido en el debate el abogado defensor Dr. Furque la declaración de inconstitucionalidad de ese relato.
Dice también que es nulo el testimonio del menor receptado en la Cámara Gessell, ya que se trata esencialmente de un informe pericial y para la validez de cualquier informe de esta clase es necesaria la firma del perito que lo realiza: en el caso, la Cámara Gessell aludida no tiene la firma del perito, por lo que no tiene valor alguno.
Además, agrega y aún cuando el imputado viene afirmando a lo largo del proceso que el padre del menor presiona al niño para que declare en sentido inculpatorio, el tribunal, que debía garantizar el aislamiento del menor para que éste pudiera declarar libre de presiones, hizo ingresar dentro del gabinete de interrogación al padre del niño, con lo que el aislamiento del interrogatorio carece de todo sentido.
En consecuencia, concluye, esta prueba es inaprovechable por su introducción ilícita.
Por otro lado, el quejoso afirma que la sentencia es nula por fundamentación errónea "por apartamiento de la prueba (legalidad y logicidad)" (fs. 542) y por inobservancia de las reglas de la sana crítica racional en la valoración de la prueba (art. 413 incs. 2 Ver Texto , 3 Ver Texto y 4 Ver Texto CPP. Córdoba).
Asegura que a la sentencia le falta la enunciación del hecho objeto de la acusación, ya que consigna el hecho contenido en una requisitoria fiscal nula.
También es nula la resolución -dice- como consecuencia de la impugnación que hace el quejoso respecto de la declaración del menor C. N. G. ante el ayudante fiscal.
Asimismo es inválida la sentencia, añade, por ausencia de logicidad, ya que no se puede obtener ninguna conclusión lógica en base a una acusación en que los hechos no están determinados.
El tribunal, anota el impetrante, debió analizar minuciosamente la posición exculpatoria del imputado Disandro, quien negó los hechos y explicó las motivaciones de su ex yerno Cristian Grandi para perjudicarlo; la declaración de Griselda Disandro, quien recibió las amenazas del padre del menor de que le quitaría el hijo y mataría al padre sin ensuciarse las manos; y el testimonio contradictorio y falso de María H. Gordillo, que afirma hechos totalmente ajenos a la realidad.
Refiere que existen numerosos informes psicológicos en la causa, a la vez que expresa que la psicología no es una ciencia exacta y que una larga experiencia judicial le ha demostrado que los peritos, luego de sus intercambios de opiniones, se terminan influyendo unos con otros, terminando por adoptar una unidad de criterio.
Enfatiza que el hecho no está probado, no está determinado porque es inexistente, a la vez que expresa que subsidiariamente podría caber la duda mediante un razonamiento forzado, pero jamás ni el más mínimo grado de probabilidad de responsabilidad de un acusado al que ni siquiera se le valoró su indagatoria.
Asevera que la sentencia le da la razón al recurrente, pues la orfandad probatoria es palpable, en tanto y en cuanto se reconoce que se condena al imputado por indicios y se asegura que estos llevan a la certeza.
Pide la nulidad de la sentencia y formula reserva de recurso extraordinario federal ante la Corte Sup. de la Nación.
3.- 1. Con arreglo al art. 413, inc. 3 Ver Texto , CPP. Córdoba, es nula la sentencia cuando se funda en elementos probatorios que tienen carácter dirimente.
A su vez, en virtud del inc. 4 Ver Texto de dicha disposición legal, resulta invalido el pronunciamiento que contiene fundamentación omisiva, esto es, fundamentación que soslaya la selección y valoración de elementos de convicción decisivos para la decisión del caso.
Como criterio rector relativo a ambos vicios, es dable afirmar que la sentencia deviene nula sólo cuando el defecto formal que a ella se atribuye es dirimente, en el sentido que su eventual corrección posee aptitud suficiente para conducir a una conclusión diferente de la que se impugna. La demostración del valor decisivo del vicio, incluso, ha sido requerida tanto para la procedencia formal del recurso, como para su procedencia sustancial (Trib. Sup. Just. Córdoba, sala Penal, "Rivero", sent. 80, 19/9/2000, entre otros).
En esta sintonía, esta sala ha sostenido que no hay nulidad por la nulidad misma, sino sólo cuando hay una lesión efectiva al interés de las partes y que tal exigencia tiene por objeto evitar el establecimiento de un sistema de nulidades puramente formales, acogiendo sólo aquellas que por su posible efecto corrector, tengan idoneidad para enervar los errores capaces de perjudicar realmente aquel interés (Trib. Sup. Just. Córdoba, sala Penal, A. 73, 4/11/1985, "Leyría"; A. 220, 21/8/1998, "Salinas"; sent. 91, 31/10/2000, "Castro Ver Texto "; A. 166, 27/4/2001, "Cuello"; sent. 31, 20/5/2002, entre otros).
Del mismo modo se ha expedido la Corte Sup., aún tratándose de nulidades absolutas, al sostener que la nulidad procesal requiere un perjuicio concreto para alguna de las partes, porque cuando se adopta en el sólo interés del formal cumplimiento de la ley, importa un manifiesto exceso ritual no compatible con el buen servicio de justicia (Corte Sup., Fallos 295:961 Ver Texto , 298:1413, 311:2337 Ver Texto , entre muchos otros).
En materia recursiva, dicho principio tiene expresa acogida en el art. 443 Ver Texto CPP. Córdoba, según el cual "...el derecho de impugnar una resolución corresponderá tan sólo a quien le sea expresamente acordado, siempre que tuviere un interés directo". En consecuencia, esta condición no sólo es un requisito para la procedencia formal sino también para la procedencia sustancial de la impugnación. En cuanto a lo primero, es menester que en su escrito el recurrente procure demostrar qué perjuicio concreto le ocasiona el defecto que denuncia; con respecto a lo segundo, corresponde analizar -en un examen concerniente al fondo del asunto- si, sorteada aquella primera valla, el agravio es susceptible de ser reparado a través del recurso.
Este último aspecto ha sido elaborado en los precedentes de este tribunal superior, en los que se ha dicho que el interés existe "...en la medida que la materia controvertida puede tener incidencia en la parte dispositiva del pronunciamiento, anulándolo o modificándolo", o bien cuando el recurso deducido resulta ser el medio adecuado para excluir el agravio que aparece como posible (Trib. Sup. Just., sala Penal, sent. 107, 7/12/2000, "Bonino Ver Texto "; sent. 30, 11/4/2001, "Torres"; sent. 59, 5/8/2002, "Matta", entre otros).
En el caso, los presuntos vicios denunciados en modo alguno exhiben idoneidad bastante para conmover la conclusión adoptada por el sentenciante, pues no logran enervar la conclusión relativa a la participación cierta del imputado Sergio F. Disandro, que se induce a partir de, principalmente, los siguientes elementos:
* El testimonio de María H. Gordillo (fs. 425 vta.), abuela paterna de la víctima C. N. G., María H. Grandi, a través del cual el hecho es conocido en un primer momento. Para el tribunal a quo, se trató de una versión totalmente creíble, toda vez que aquélla se desenvolvió con firmeza en su deposición, a lo que se suma que se ha efectuado en su persona una pericia interdisciplinaria psiquiátrica-psicológica, de la que se puede extraer como relevante que no se observan en Gordillo incoherencia o disgregación ni alteraciones sensopercitivas, ni se advierten factores de confabulación o mitomanía, como así tampoco fabulación, disponiendo la peritada de adecuada capacidad de reflexión autocrítica y tolerancia a la frustración. Dijo la testigo que un día vio al niño jugando con los perritos, que se había bajado los pantalones y se hacía lamer el pito con la perra, aclarando que en un primer momento lo tomó como una travesura, pero al ver que se reiteró esa situación, le preguntó quién le había enseñado, obteniendo como respuesta "el Meme", agregando el niño que "el Meme le chupaba el tete" y que "el tete del Meme le llegaba hasta la garganta". Añadió la testigo que en un primer momento no sabía qué hacer, si decírselo o no a su hijo, por las consecuencias que traería para la familia, pero finalmente resolvió contárselo, por la gravedad que tenía el asunto. Señaló también que una vez vio al chiquito golpeado y que al preguntarle por qué estaba así le respondió que "le había pegado el Meme porque él le había mordido el tete". Subrayó que en la actualidad el niño toca a sus primitos y permanentemente juega a juegos sexuales, por lo cual la dicente consultó a la psicóloga que atiende al niño, la licenciada Vega, quien le dijo que le dé tiempo al tiempo, que el niño iba a tener retrocesos de este tipo.
* El testimonio de Cristian L. Grandi (fs. 426), padre del menor víctima del hecho, que resulta totalmente conteste con la declaración anterior. Refirió el declarante que un día lunes su mamá le dijo que quería hablar con él a solas, preguntándole si su hijo N. inventaba cosas o mentía, contestándole que como cualquier chico de su edad; que fue entonces cuando su madre le cuenta que el niño estaba con el perro haciéndose lamer el pito y cuando ella le pidió explicaciones la criatura le contó que el abuelo (Disandro) le hacía chupar el pito; que el dicente se puso como loco y que, cuando fue a devolver el niño a la casa de su ex esposa, donde también vivía el imputado, le expresó a ésta "vámonos rápido de acá: ha sucedido algo horrible" y le contó lo que le había comentado su madre, recibiendo como respuesta "pero si no lo violó"; que el dicente lo llevó al niño a los jueguitos, le compró fichas y allí le preguntó si era verdad lo que le había comentado su abuela, diciéndole el chiquito "...pero no me vas a pegar, no" y procediendo a narrarle que el abuelo lo hacía ahogar, dándose cuenta el deponente que era cierto; que se puso como loco, que quería ir a matarlo, que fue a la policía y allí fue tranquilizado por personal policial; que un policía le dijo "si vos lo matás, tu hijo se queda solo"; que le aconsejaron que hiciera la denuncia en tribunales; que su hijo en ese entonces vivía con la madre en el domicilio de los padres de ésta y ocupaba un cuarto en la parte de arriba; que él tenía un régimen de visitas de martes a jueves y fin de semana de por medio. Además, el declarante comentó con sus palabras que el niño le refirió que su abuelo le chupaba el pito y que él se lo chupaba a su abuelo, que lo tenía grande y que no podía respirar, como así también que el niño cuando se refería al pene lo llamaba "tete" y cuando hablaba del abuelo lo hacía como "Meme". También refirió que actualmente el niño está siendo atendido por una psicóloga y que, cuando lo llevó a la central de policía, en un principio el niño no quería hablar, pero el policía que los atendió le preguntó a su hijo "querés escribir a máquina", y mientras tocaba las teclas el niño le fue contando todo. Este testigo también fue sometido a una pericia psiquiátrica-psicológica, de la que puede extraer como relevante que en él "...no se advierten indicadores de confabulación ni de mitomanía, como así tampoco de fabulación, entendiendo por ello la construcción deliberada y conciente de un relato en base a una o más mentiras con el objeto o finalidad de acomodar la realidad a sus intereses y obtener beneficios tanto personales como secundarios". De los puntos destacados de la pericia interdisciplinaria surge que Cristian L. Grandi no es una persona capaz de inventar una historia semejante y, mucho menos, que haya influenciado al niño para involucrar a Disandro.
* El testimonio de la licenciada Graciela Y. Moreno (fs. 427), quien al prestar declaración en la sala de audiencias y ante una pregunta que le formuló el tribunal en cuando a si el menor podría haber sido influenciado por alguien para inventar esa historia, dijo: "...Si el padre le hubiere dado ese discurso al niño, no lo habría podido decir, no lo dice de esa manera, pues su expresión se corrobora con la emoción que transmite. El niño comprende actos de esta naturaleza, si alguien se lo dijo, se va reprimiendo, se evade y se niega a contestarle. Ella lo analiza dentro de este contexto, pues su experiencia así se lo indica...". En igual sentido sostuvo que "...el niño fue espontáneo, no venía con un discurso aprendido, pues no lo hubiera podido sostener y si bien por su edad no se le hizo test, se le hizo horas de juego, donde se corrobora lo que se había advertido en el discurso".
* El testimonio de Eduardo Bianchetti (fs. 427), sumariante de la unidad judicial especial "delitos contra las personas", quien recordó que, en un primer momento, el niño no respondía; que el dicente hizo ingresar al padre, le pregunta si le contó y el chico empezó a contar. Sostuvo, además, que cada niño cuenta de acuerdo a sus tiempos y ganas; que ellos tratan de generarle confianza con lo que tienen: puede ser un caramelo, una lapicera, una máquina de escribir; que el menor comenzó a jugar con la máquina de escribir y empezó a hablar y contar lo que le había sucedido; que si el dicente hubiera visto que el padre influenciaba al menor lo hubiera hecho salir, hubiera detenido el acto o hubiera dejado constancia de ello; que el declarante siguió el acto porque estaba convencido que el niño respondía con toda sinceridad.
* El testimonio de Natalia Benavides (fs. 427 vta.), ayudante fiscal actuante, quien fue categórica en afirmar que jamás un secretario de actuaciones indujo a nadie a declarar; que por norma se describe en el acta todo lo que pasa, se escribe textual lo que se dice, se es absolutamente fiel al testimonio del testigo; que si el padre hubiera presionado al niño se hubiera dejado constancia de ello como de cualquier otra circunstancia.
* El testimonio de la licenciada Graciela Moreno (fs. 427 vta.), en cuanto fue contundente al expresar que N. al principio evitaba y se resistía a decir lo que le había sucedido, hasta que de pronto se sentó a su lado y le dijo: "basta, te voy a decir lo que me pasó: mi abuelo me hizo..."; que generalmente los niños tienen miedo, temor, niegan los hechos hasta que se sienten tranquilos para poder decir lo que han vivido; que el niño al principio se tornaba resistente; que -como se ha anotado ya precedentemente en la presente resolución- si el padre le hubiera dado ese discurso el niño no lo habría podido decir, no lo dice de esa manera, pues su expresión se corrobora con la emoción que transmite, el niño no comprende actos de esta naturaleza, por lo que si alguien se lo dijo, se va reprimiendo, se evade y se niega a contestarle.
* El testimonio de Griselda Disandro (fs. 428), madre del menor, quien expresó que luego de su separación con Grandi, en el 2000, se fue a la casa de sus padres, conviviendo allí hasta el 2002; que se trataba de una casa de dos plantas; que N. dormía con ella en la planta alta; que ella trabajó en una estación de servicio y luego en la estación de ómnibus; que el niño quedaba con su papá y su mamá y que el primero trabajaba; que su hijo al pito le decía "tete" y que N. le decía que "el Meme es malo". Esta testigo fue sometida a una pericia interdisciplinaria, de la que se pueden extraer como conclusión que ella "...se encuentra invadida emocionalmente por la carga de su conflictiva crisis afectiva interna limitando su capacidad de análisis y autocrítica".
* El testimonio de la licenciada Moreno (fs. 428 vta.), en el sentido que aludió a una "marcada dependencia del menor con la figura paterna" para significar que el padre tenía una marcada protección, que es él quien lo protege.
* El testimonio de la licenciada Moreno (fs. 428 vta.) quien, al serle exhibidas unas fotografías en las que la víctima tiene algo en la boca, expresó que "...puede ser un indicador que refiere lo que el menor vivió. Son fotos espontáneas de una reunión familiar, no cree que el padre haya armado las fotos para obtener un beneficio determinado, entiendo que Grandi puede estar excedido en su forma de buscar justicia, pero no lo cree perverso.
* El testimonio de la Licencia María M. Vega (fs. 429), quien hoy trata al niño y refirió que es especialista en violencia sexual y en violencia contra menores; que el niño G. es paciente suyo desde el año pasado; que ella trabaja en el recupero del niño; que parte del supuesto de que N. ha sido abusado, pues los indicadores así lo señalan; que las distorsiones cognitivas que se producen en los niños significan que para defenderse de lo sufrido, después de un cierto tiempo es como que se modifica lo que recuerdan; que el niño presenta indicadores muy comunes de abuso, como por ejemplo conductas de erotización y sexuadas, inadecuadas a su edad, que traslada a sus pares y animales, también conductas agresivas con mecanismos de disociación y conductas sexualizadas reiteradas; que el niño se refirió al hecho de abuso en una sola oportunidad, cuando tuvo un juego significativo con los muñecos, luego se paralizó y le dijo: "esto es lo que hacía el Meme", refiriéndose claramente a una situación de fellatio, que era del Meme al niño; que a ella esas manifestaciones le resultaban coherentes con las demás conductas e indicadores que aparecían; que la dicente ha leído un informe de la licenciada Moreno y que los síntomas allí consignados coincidían con lo que ella vio; que la declarante puede decir del padre que ha tenido una actitud contenedora y protectora de su hijo, que ha procedido como debería proceder cualquier padre; que el niño no tiene indicadores de fabulación ni de inducción.
* La pericia efectuada en la persona del imputado Sergio F. Disandro por los Dres. Muscellini, Vargas, Marconi y Expósito (fs. 429 vta.), que señala que se advierte en el nombrado indicadores de elementos compatibles con la proclividad hacia la fabulación, entendiendo por ello la construcción deliberada y consciente de un relato en base a una o más mentiras con el objeto o finalidad de acomodar la realidad a sus intereses y obtener beneficios tanto personales como secundarios; como así también la predominancia de rasgos histero-narcisistas de la personalidad, destacándose el egocentrismo, necesidad de admiración, estimación y escasa empatía, asociado todo ello a fantasías de auto importancia que en lo interpersonal se expresan con conductas manipulativas y explotadoras de los demás, con el fin de satisfacción de sus expectativas personales. También señala la pericia que Disandro presenta un posicionamiento vincular psicopático con sentimientos subyacentes de ansiedad angustiosa, depresiva, que degeneraría sentimientos difusos de minusvalía y temor, limitándole el equilibrio de vínculos afectivos profundos y maduros en lo afectivo e interpersonal; que estas características sobresalientes de su personalidad favorecen la búsqueda ambivalente y reiterativa de apoyo en elecciones objetables cuyos vínculos socio afectivos resulten vulnerables, de modo tal que las satisfacciones de allí obtenidas lo liberan de las tensiones psíquicas que puedan surgir por frustraciones conflictivas inhibitorias en la interacción con una pareja adulta; y que, finalmente, surge de las pruebas proyectivas psicológicas administradas la presencia de indicadores de conflictos psicológicos a nivel de su esquema corporal asociado a vivencia de déficit o minusvalía cuyas fantasías inconscientes comprometerían el adecuado curso de la libido llegando a impactar de manera desfavorable en la esfera sexual cuyos efectos vivenciales podrían limitar ocasionalmente el adecuado equilibrio y sostenimiento de vínculos amorosos socio afectivos adultos y profundos; todas sus características de personalidad -concluye el dictamen- lo tornan proclive a involucrarse regresiva y ocasionalmente con personas vulnerables (dada la posibilidad de coacción y asimetría del vínculo) para satisfacer sus impulsos libidinales cuyos actos sexuales inadecuados podrían resultar compatibles con las características pedofílicas tal como lo que se investiga en la presenta causa.
* El testimonio de la licenciada Mariana Salguero (fs. 431), quien en el año 2000 le realizó una pericia psicológica al imputado y dijo que a partir del test de psicodiagnóstico de Roschald salieron los conflictos del imputado en el área de la sexualidad, elementos de pasividad y feminoides, de homosexualidad latentes, inconscientes; que todos los elementos que ha visto en los tests y la entrevista le hicieron pensar en la existencia de elementos feminoides y pasivos; y que por todas estas características se puede decir que el imputado presenta posibilidad de tener conductas como las que se investigan.
A tales elementos puede sumarse, incluso, la declaración del Oscar A. Perezzín (fs. 423 vta.), docente de la escuela Alejandro Carbó, que tiene como alumno a N., en cuanto expresó que el niño no es mentiroso, ni una persona con fantasías o que sobreactúe.
Se advierte, pues, que existe en autos un extenso conjunto de indicios cuya valoración unitaria sustenta acabadamente la conclusión de certeza a la que arribó el tribunal de mérito.
Por consiguiente, la crítica que elabora el imputado (fs. 439 y ss.) y fundamenta técnicamente el Sr. asesor letrado (fs. 458 y ss.), resulta totalmente carente de asidero, pues ni la hipotética exclusión mental del testimonio de la víctima receptado en la Cámara Gessell, ni la hipotética inclusión mental de algunas consideraciones que hizo el menor al ayudante fiscal, logran desvirtuar la ya mencionada conclusión: en ambos casos, entre los indicios antes enumerados se encuentran sobrados elementos -diferentes de las pruebas invocadas por el recurrente- que, por un lado, permiten introducir al proceso la versión del menor que incrimina al imputado -vgr., testimonio de la abuela paterna del menor (María H. Gordillo), testimonio del padre de la víctima (Cristian L. Grandi), etc.- y, por el otro, demuestran la veracidad de esa versión aportada por el niño -p. ej., testimonio de la abuela paterna del menor (María H. Gordillo), testimonio de la psicóloga que trata al niño luego del hecho (licenciada Vega), testimonio de la psicóloga que peritó a la criatura (licenciada Moreno), testimonio del maestro del niño (Perezzín), etc..
Por ello, el recurso debe ser rechazado.
2. Con respecto a la "ampliación de fundamentos" del recurso, presentada por el Dr. Jorge Johnson a fs. 530 y ss., no puedo dejar de señalar que se trata de un acto procesal manifiestamente extemporáneo, pues ha sido deducido con fecha 21/6/2006 (fs. 548), mientras que las partes fueron notificadas del decreto de concesión del recurso y de emplazamiento para comparecer ante la alzada e informar sobre sus pretensiones en el plazo de 5 días (arg. arts. 476 Ver Texto , 465 Ver Texto , 462 Ver Texto CPP. Córdoba) con fecha 25/11/2004 (fs. 469 vta.) y 26/11/2004 (fs. 468) -imputado y defensor, respectivamente-.
Pero, además, el escrito, en rigor, no brinda nuevas razones orientadas a reforzar la fundamentación de los agravios oportunamente introducidos -valoración de prueba ilegal dirimente, omisión de valoración de prueba decisiva-, sino que introduce nuevas censuras -p. ej., falta de consideración de la declaración del imputado, falta de firma del secretario de la requisitoria fiscal, investigación penal preparatoria insuficiente, etcétera-, lo cual se encuentra categóricamente vedado una vez vencido el término perentorio de caducidad de quince días para interponer el recurso (art. 474 Ver Texto CPP. Córdoba).
Sin perjuicio de ello y para satisfacer las expectativas del quejoso, debo señalar que, como sucede con los gravámenes postulados por el imputado y fundados jurídicamente por el Sr. asesor letrado, se trata de presuntos vicios que no poseen eficacia alguna para echar por tierra la conclusión de certeza a la que se arriba a partir del análisis integrado de los indicios obrantes en la causa, a los cuales remitimos en honor a la brevedad (ver 3.-1).
Así voto.
La Dra. Tarditti dijo:
La Sra. vocal preopinante da, a mi juicio, la razones necesarias que deciden correctamente la presente cuestión. Por ello adhiero a su voto, expidiéndome en igual sentido.
La Dra. Blanc G. de Arabel dijo:
La Dra. María E. Cafure de Battistelli da, a mi juicio, las razones necesaria que deciden correctamente la presente cuestión. Por ello adhiero a su voto, expidiéndome en igual sentido.
2ª cuestión.- La Dra. Cafure de Battistelli dijo:
A mérito del resultado de la votación precedente, corresponde rechazar el recurso de casación deducido por el imputado Sergio F. Disandro y fundado técnica y jurídicamente por el Sr. asesor letrado, Dr. Juan Jara (arts. 443 Ver Texto y concs. CPP. Córdoba). Con costas (arts. 550 Ver Texto / 551 Ver Texto CPP. Córdoba).
Así voto.
La Dra. Tarditti dijo:
La Sra. vocal preopinante da, a mi juicio, la razones necesarias que deciden correctamente la presente cuestión. Por ello adhiero a su voto, expidiéndome en igual sentido.
La Dra. Blanc G. de Arabel dijo:
La Dra. Cafure de Battistelli da, a mi juicio, las razones necesaria que deciden correctamente la presente cuestión. Por ello adhiero a su voto, expidiéndome en igual sentido.
En este estado, el Trib. Sup. Just. Córdoba, sala Penal, resuelve:
Rechazar el recurso de casación interpuesto en contra de la sent. 58, de fecha 19/10/2004, dictada por la C. Crim. de 12ª nominación de esta ciudad por el imputado Sergio F. Disandro y fundado técnica y jurídicamente por el Sr. asesor letrado, Dr. Juan Jara (art. 443 Ver Texto y concs. CPP. Córdoba). Con costas (arts. 550 Ver Texto / 551 Ver Texto CPP. Córdoba).
Con lo que terminó el acto que, previa lectura y ratificación que se dio por la Sra. presidente en la sala de audiencias, firman ésta y las Sras. vocales todo por ante mí, el secretario, de lo que doy fe.- María E. Cafure de Battistelli.- Aída Tarditti.- María de las Mercedes Blanc G. de Arabel.

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