Asapmi - Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infantojuvenil

Notas de Actualidad

LA INFANCIA Y LOS MEDIOS - Algunas reflexiones sobre los derechos de NNyA y su respeto por parte de los Medios de Comunicación.

ASAPMI

“Si el mundo alguna vez consigue ser mejor, sólo habrá sido por nosotros y con nosotros”
José Saramago.

La protección de la infancia frente a la libertad de expresión y del ejercicio de la comunicación en los medios es un dilema que viene requiriendo de nuestra atención desde hace bastante tiempo.
Ya comienza a convertirse en un lugar común, para los colectivos que se identifican con la protección de la infancia, la reiterada necesidad de recordar toda la normativa vigente al respecto.
Evidentemente no está siendo suficiente alertar o sancionar cada vez, cuando algún derecho ha sido vulnerado, aunque sea de buena práctica seguir haciéndolo. Sanción, que surge más de las “alertas” en las redes sociales o en notas de opinión en la prensan escrita, que desde las instituciones reguladoras de los derechos de Niños, Niñas y Adolescentes.
Por ello entendemos que es oportuno abrir un espacio de reflexión e intentar un análisis de los motivos por los cuales, si bien todxs parecemos acordar en la necesidad de la protección, otros factores o intereses nos hacen olvidar esa decisión, en especial cuando esos derechos colisionan con intereses particulares o empresariales o interpelan consensos sociales con el único fundamento del “sentido común”.

Sobre los derechos reconocidos por la legislación
Nuestro país cuenta con un cuerpo normativo vigente que reconoce y protege los derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes.
La Convención de los Derechos el Niño (CDN), incorporada a la Constitución Nacional desde el año 1994, específicamente consagra el derecho de los NNyA a no ser objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su
correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra y a su reputación.
La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal, por Acordada N° 2 de 1981, recordó a los magistrados de ese fuero, la obligación insoslayable de procurar proteger la reserva y la discreción respecto de aquellos actos que por íntimos y personalísimos resulta más conveniente que escapen al conocimiento general prematuro, resguardando un eventual perjuicio
irreparable para los individuos y para la sociedad toda.

En materia penal, la ley 20.056 prohíbe en todo el territorio del país la publicación de episodios relacionados con menores de 18 años de edad que estén incursos en delitos y contravenciones, o que
sean víctimas de ellos, o que se hallen en estado de abandono o peligro moral o material, o cuando con la publicidad se exhiba al menor, o se hagan públicos sus antecedentes personales o familiares
de manera tal que puedan ser identificados.
A su vez, la Ley Nacional de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (Ley 26.061) reconoce a los NNyA como sujetos de derechos y dispone la máxima exigibilidad de los mismos, sustentados en el principio del interés superior del niño.
En su artículo 9, se establece el derecho a la dignidad y la integridad personal, y a no ser sometidos a trato violento, discriminatorio, vejatorio, humillante o intimidatorio.
Por su parte, el artículo 10 consagra el derecho a la vida privada e intimidad familiar.
Más aún, el artículo 22 dispone explícitamente:
"Las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a ser respetados en su dignidad, reputación y propia imagen”. Se prohíbe exponer, difundir o divulgar datos, informaciones o imágenes que permitan identificar, directa o indirectamente a los sujetos de esta ley, a través de cualquier medio de comunicación o publicación en contra de su voluntad y la de sus padres, representantes legales o responsables, cuando se lesionen su dignidad o la reputación de las niñas, niños y adolescentes o que constituyan injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada o intimidad familiar".
El Comité de los Derechos del Niño de la ONU ya ha realizado numerosas advertencias sobre este tema. Por ejemplo, ha considerado que:
"los medios de comunicación suelen transmitir una imagen negativa de los niños que delinquen, lo cual contribuye a que se forme un estereotipo discriminatorio y negativo de ellos, y a menudo de los niños en general. Esta representación negativa o criminalización de los niños, niñas y adolescentes en conflicto con la ley suele basarse en una distorsión y/o deficiente comprensión de las causas de la delincuencia juvenil, con las
consiguientes peticiones periódicas de medidas más estrictas".

Además, criticó que "los medios de comunicación”, en especial los tabloides y la prensa amarilla, tienden a destacar sucesos
escandalosos, con lo que crean una imagen tendenciosa y estereotipada de los niños, en particular de los niños o adolescentes desfavorecidos, a los que se suele retratar como violentos o delincuentes solo por su comportamiento o su aspecto diferentes. Esos estereotipos provocados allanan el camino para la adopción de políticas públicas basadas en un enfoque punitivo que puede incluir la violencia como respuesta a faltas supuestas o reales cometidas por niños y jóvenes.
En definitiva, el Comité sostuvo que los medios de comunicación y medios sociales deben "velar por la privacidad y confidencialidad de los niños y adolescentes" y que los Estados
"deben alentar a los medios de comunicación a elaborar directrices que velen por el pleno respeto de los derechos del niño, incluida su protección contra la violencia y las representaciones que perpetúen la discriminación, en toda la cobertura de los medios”.

Asimismo, la Ley Nacional de Servicios de Comunicación Audiovisual (Ley 26.522) establece en su Apartado 10, Medios de Comunicación, Punto C:
"Todos los actores de la sociedad de la información deben promover el bien común, proteger la privacidad y los dato personales así como adoptar las medidas preventivas y acciones adecuadas, tal como lo establece la ley, contra la utilización abusiva de las TIC".

El artículo 17 - Consejo Asesor de la Comunicación Audiovisual y la Infancia - establece que la autoridad de aplicación deberá conformar un Consejo Asesor de la Comunicación Audiovisual y la Infancia, multidisciplinario, pluralista, y federal integrado por personas y organizaciones sociales con reconocida trayectoria en el tema y por representantes de niños, niñas y adolescentes.
Por su parte, el Código Civil y Comercial en su Libro primero - Parte General - Título l Persona Humana - Art. 53 Derecho a la imagen -, establece que para captar o reproducir la imagen o la voz de una persona, de cualquier modo que se haga, es necesario su consentimiento.

El revés de los Derechos.
1- Sobre la angustia de correr para entretener
Frente a la fuerza arrolladora del mercado y la fiebre por aumentar las audiencias, invitamos a discutir sobre el compromiso de los propietarios de los medios, los profesionales de la comunicación, y la audiencia, para construir un espacio audiovisual respetuoso con lxs NNyA.
Resulta llamativo, que precisamente en tiempos de plena democracia, en los que discursiva y legislativamente se promueve el respeto, la integración de las minorías y el diálogo, se respete tan poco los derechos de los colectivos más débiles, especialmente de la infancia.
Nunca hemos tenido un corpus tan nutrido de instrumentos jurídicos, -descriptos en el párrafo anterior- para proteger a lxs niñxs, y adolescentes y aún siguen tan desprotegidxs. Se sostiene una contradicción entre el lenguaje oficial amable, cuidadoso y democrático y una realidad agresiva con el/la niñx y adolescente.
En cuanto a la protección de lxs más pequeñxs, en el entorno de las nuevas tecnologías de la información, contamos con los instrumentos legales enumerados, pero, encendemos la televisión y asistimos a un triste espectáculo de falta de respeto de los derechos de lxs niñxs, de su intimidad y su propia imagen, de su derecho a un desarrollo armonioso, a su derecho a ser resguardadxs de cualquier intromisión por parte de sus familias o aun peor, expuestxs por ellas.
En estos días fueron las “carreras de bebés”, que pueden volverse casi nimias, si hacemos memoria, ante episodios recientes de exposición de niñas y adolescentes víctimas de violación asesinadas, con las que algunos programas televisivos ocuparon íntegramente sus espacios para hurgar en sus comportamientos, hábitos y conflictividades en un nivel casi obsceno; pero sin insistir en que la violencia que sufrieron las trasciende, es responsabilidad de sus asesinos y está fortalecida por una sociedad que no es alentada a una mirada crítica respecto a sus raíces.
Creemos necesario decir también, que uno de los argumentos utilizados con frecuencia por algunxs comunicadorxs, es que “el público”, es decir todxs nosotrxs, queremos saber esos detalles, no apagamos la televisión, por el contrario incrementamos la audiencia.
Es así como la violencia, en muchas de sus formas no tan sólo simbólicas, se transforma en entretenimiento, construye sentido y fija la mirada social en los “motivos” que la víctima pueda haber ofrecido, impacta sobre lxs televidentes orientando un posicionamiento sobre la víctima y no sobre la violencia.
Pero, ésta parece ser la cima de una serie de vulneraciones menos obvias, integradas por fotografías de “niñas-modelos”, a las que cualquier pediatra solicitaría tratamiento por su delgadez extrema, niñxs exhibidas en concursos de belleza, hijxs de famosxs como rehenes de la conflictiva conyugal, sobre lxs que se ponen en cuestión pública paternidades, pautas publicitarias dentro del horario de protección al menor que muestran escenas amorosas, sexuales, palabras promiscuas y denigratorias, sumadas a imágenes violentas, que según las edades, los niñxs no están en condiciones de procesar y entender.
La fama, el lucro y una cierta avidez morbosa por encima de los derechos parecerían primar en los medios de comunicación, principalmente los audiovisuales.

2- Las normas y su incorporación en el comportamiento social
Si bien muchxs de nosotrxs entendemos que con la legislación vigente en nuestro país podría ser suficiente para asegurar la protección de derechos de nuestrxs NNyA, la realidad nos dice, cada día, que no es así.
Tristemente, vemos también que en otros países, que han avanzado aún más, que han logrado códigos de comunicación consensuados, los aquejan problemas similares.
Entendemos que lo que hará que lxs niñxs sean protegidxs en el entorno mediático es una actitud y un compromiso de la sociedad en general y de lxs profesionales de los medios en particular, y no la inflación de instrumentos de garantía, fruto de un voluntarismo normativo. Si estos instrumentos –leyes, códigos, recomendaciones - ayudan a generar o son la manifestación de actitudes y compromisos, bienvenidos sean. Si son adornos y consecuencia del oportunismo de políticos y comunicadores para mejorar su imagen y obtener beneficios personales, flaco favor hacen a la causa de la defensa de lxs NNyA.
Esta protección no es gratuita, tiene un precio. Muchas veces, para respetar los derechos de un/una niñx hay que renunciar a un lucro personal, a una buena cuota de pantalla, al morbo de conocer hasta los más pequeños detalles de determinado suceso del mundillo de la (farándula) o de la vida de lxs otrxs. Y ahí es donde la debilidad de nuestras convicciones se manifiesta.
Porque si defender a lxs niñxs no cuesta nada, lo hacemos; pero si para ello hay que renunciar al beneficio o curiosidad personales, la cosa cambia.
Podríamos decir que a todxs “nos gustaría”, pero no todxs “quieren”.
La diferencia entre una expresión de deseo, que nos mantiene en una cierta pasividad y el compromiso y la acción es un péndulo constatado cotidianamente. Así, podemos decir que a todos los medios y usuarixs les gustaría defender a lxs niñxs, pero… ¿cuántos realmente están dispuestxs a hacerlo?
Y así, en los medios de comunicación –hablando en general - asistimos a una situación en la que el/la profesional de la comunicación, que desearía respetar derechos, elige saltarse los códigos y ganar audiencia, ya que todo tiene precio y el mercado marca las reglas.
Prefiere publicar los detalles escabrosos de la adolescente víctima de femicidio, con fotos de su imagen, que pertenecen aún al orden de su intimidad –sin sentirse interpeladx por la aplicación de normativas legales o desconociéndola-, antes que respetar sus derechos.
Prefiere poner al aire un programa con la “innovación” de hacer correr carreras de gateo a bebés llevadxs y alentadxs por sus madres, con sus celulares como estímulo, para atrapar a un público “familiero” y ante las objeciones, responder que para no perturbar a esxs pequeñxs niñxs se grabará el programa en horas de la tarde, como si ese fuera el eje del reclamo.
Los anunciantes lo exigen, ya que lxs niñxs “venden” y son un codiciado botín. Sin embargo, no es justo, tampoco, poner toda la carga de responsabilidad sobre los hombros de lxs profesionales.
Lxs usuarixs de los medios prefieren muchas veces el morbo a la información; no están dispuestxs a dejar de saber qué le hizo exactamente el padre a la hijastra; hacen clic en el enlace a las fotos de la niña; y compran el diario o revista con titulares más explícitos y bouyeristas, aguardan con fruición la carrera de bebés, presentan a sus hijxs como candidatxs a la espera de un cochecito último modelo y una suma de dinero relevante para el presupuesto familiar.
Si bien es claro que a lxs profesionales habría que exigirles una mayor objetividad y grado de compromiso deontológico, todxs somxs responsables de la situación mediática actual, en la que a todo se le puede poner un precio.
La protección de derechos de NNyA en los Medios de Comunicación nos exige a todxs dejar de lado algo, dinero, curiosidad, notoriedad, minutos de fama, además de una actitud crítica activa.

3- Y porqué y de qué deberíamos protegerlxs
Uno de los riesgos de esta discusión sería caer en la moralina o el relativismo absoluto. “Nada se puede” vs. “Vale todo”
Intentando eludir esta trampa que nos paraliza y destacando que existen normas diseñadas para ser cumplidas, pero yendo más allá de lo obvio, podemos decir que hay un corpus de conocimiento construido que nos señala que, los efectos de muchas de las propuestas que vemos en los Medios de Comunicación resultan nocivas para la salud integral de lxs niñxs afectadxs y que además construyen una naturalización de esos comportamientos e impiden el cambio de las actitudes sociales al respecto.
Ejemplificando en el más reciente episodio de la “carrera de gateo”, podemos decir que no resulta difícil encuadrarla en una modalidad de violencia emocional hacia esxs niñxs, al obligarlxs a “competir” para el placer de sus madres/padres, que son lxs únicxs que evidentemente se encuentran sujetxs a las reglas mediáticas del “minuto de fama”.
Se podría argumentar que no se les pidió a esxs niñxs otra cosa que un comportamiento “natural” como el gateo, sin poner en consideración que fue en un ambiente extraño para ellxs, en una situación de competencia que no han podido elegir ni aceptar, rodeados de personas desconocidas, familiares que los incitan, cámaras y luces, sometiéndolxs a una situación de alto estrés agudo.
Si acordamos en que esta es la situación que nos exhiben, debemos considerar que cualquier organismo humanx sometido al estrés reacciona con una serie de dispositivos biológicos automáticos, entre los cuales se encuentra el aumento de producción de catecolaminas, (neurotransmisores que producen algunas glándulas, como la glándula suprarrenal y que impactan sobre distintos órganos, siendo las principales la Adrenalina, Noradrenalina y Dopamina) que ayudan a acondicionar al organismo ante el alerta al que lo somete cualquier alteración imprevista de su fisiología, generando un alto desgaste neuro-psico-biológico, pero que prepara las condiciones para la salida de la situación por medio de la huida o bien produce parálisis de las conductas.
Es sabiendo esto, que deberíamos preguntarnos si resulta amable, gracioso o se puede disfrutar de las conductas del/la niñx que corre rápidamente en busca de consuelo, ante la tensión y si no se trata de una de las posibles respuestas, tal como lo es la del/la niñx que no se mueve del sitio de partida, ante un estímulo que le resulta desmedido. Ambas respuestas extremas, ante una demanda igual de exigente que requiere resolución para el organismo.
Por el contrario, parece operar, en el consentimiento y aceptación de esta dinámica, una interpretación tranquilizadora, por parte de padres/madres y adultxs en general, que lxs lleva a creer que lxs niñxs comprenden el contexto, buscan “ganar” o responden a la cantidad de estímulos que sus familiares utilizan para “atraerlos” hacia la victoria, en el caso de que avancen en la cinta provista para la competencia.
Por el contrario, aquellxs niñxs que no lo logren pueden cargar con el enojo de sus adultxs próximos, la asignación de atributos negativos (tontx, tímidx, lentx) y en particular de “perdedorxs”. Parámetros todos de un mundo adulto, en una sociedad individualista y en un mundo que mide el éxito en “likes” y no en valores humanxs y comunitarios.
Se olvida que se trata de niñxs pequeños, aún no deambuladorxs, con un alto grado de dependencia con lxs adultxs, a lxs que se está sometiendo a una alta exigencia física y emocional.
Cabe preguntarse si estas consideraciones son tenidas en cuenta o conocidas, tanto por lxs progenitorxs, como por lxs productorxs del programa. Es altamente probable que no.
Sin embargo, remitiendo a párrafos anteriores, sería importante que si “quieren” respetar el derecho de lxs niñxs, se ocupen, con antelación, en conocer las consecuencias de las ideas que han generado y que lxs padres/madres reflexionen sobre las necesidades y posibilidades de lxs niñxs, dejando de lado sus propios deseos personales de notoriedad.
Entendemos que se requiere un largo camino para que nuestrxs niñxs dejen de ser objeto de un incierto deseo y lograr constituirlxs en sujetxs de sus derechos y ese camino no será sin reflexión, a la que intentamos contribuir.

Comisión DIrectiva de ASAPMI

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