Asapmi - Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infantojuvenil

Notas de Actualidad

MANIFIESTO DE DESAGRAVIO

Una historia de triste recuerdo de la política autoritaria del Proceso culpabilizaba a las víctimas de la represión con el aforismo “algo habrán hecho”.

En el ámbito de la familia esa misma historia se reflejaba en responsabilizar a las víctimas de violencia familiar, la mayor parte de ellas mujeres, acusándolas de pasivas, conniventes, provocadoras y hasta cómplices en las zurras que prolijamente les propinaban los agresores.

También esas mujeres “algo habían hecho” por acción u omisión como para que les peguen, lo que también se extendía a los niños que seguramente “algo habían hecho” como para ser disciplinados violentamente.

De esa manera, las víctimas devenían culpables, co-responsables de la violencia sufrida, ganado el ofensor la legitimidad imaginaria de su delito, cuando no, hasta la legalización de su acto.

Hoy, frente a la grave acusación que pesa sobre Jorge Corsi por pedofilia y corrupción, dignos y nobles profesionales que trabajan en la defensa de los derechos vulnerados de los niños y adolescentes, así como en cohibir el flagelo de la violencia familiar, son difamados, acusados y denigrados bajo el argumento de haber abrigado en sus filas a un presunto delincuente, lo que significa “que algo habrán hecho” por acción u omisión para que así sea.

El efecto Corsi logró así una perversa revitalización del fenómeno denominado backlash vernáculo (contra-movimiento que cuestiona la defensa de niños y niñas maltratados/as y abusados/as). En brevísimo tiempo se reagruparon los mismos que privilegian el discurso sobre la unidad y la integridad de la familia por sobre la integridad psicofísica de sus miembros.

Ellos son prósperos terapeutas familiares, pretendidos psicoanalistas, caros abogados y costosos peritos de parte, incluso algunos que en otras épocas trabajaron dentro de la defensa de la infancia y que en la actualidad actúan en clara violación a códigos éticos y deontológicos. Junto a ellos encontramos conocidos personajes sobre los que pesan fundadas denuncias y consecuentes restricciones al contacto comunicacional, procesados y hasta condenados por delitos sexuales, eternos incumplidores de su obligación alimentaria, agrupados en organizaciones poco serias y provocadoras, que los avalan en su ideología.

También la coacción, la amenaza, la persecución y la intimidación se amplificó más que nunca hacia el poder judicial y más que nunca se pondera un supuesto Síndrome de Alienación Parental – al que la comunidad científica internacional desconoce como tal -, siendo la única violencia relevante la que deriva del divorcio violento, minimizando todo el conocimiento científico acumulado en el mundo por más de treinta años.

¡Y bien, algo hemos hecho efectivamente!

Hemos denunciado permanentemente que el maltrato y el abuso es ejercido por abusadores travestidos de caballeros y damas en la mejores familias.

Hemos insistido que la buena fe de aquellos que han sido víctimas se ve traicionada, en especial cuando se trata de una persona que goza de la confianza de todos y de la cual se espera lo mejor.

Hemos hecho hincapié hasta el cansancio en que la responsabilidad del acto delictivo cometido por el ofensor no puede abatirse como una condena para quien sufre con su crueldad, invirtiendo o equiparando la lógica que des-responsabiliza al agresor o el abusador.

Pero también algo haremos, como luchar contra la calumnia y la difamación que los ofensores y agresores han emprendido contra Juan Pablo Viar, Norberto Garrote, Gabriela Pastorino, Juan Pablo Gallego, Jorge Garaventa, Enrique Stola, Patricia Visir, Adriana Granica, a quienes se intenta descalificar para desterrar la palabra abuso del diccionario social-familiar y subjetivo.

De alguna manera la historia se repite y los ofensores buscan, como antaño, legitimar sus abusos aprovechando la oportunidad que les ofrece el haber encontrado en un pionero de la defensa contra la violencia, a un transgresor de lo que predicaba.

De la misma manera no dejan pasar este momento para, aprovechando el dolor de las víctimas, poner la responsabilidad criminal de la violencia en los adolescentes sin que estos tengan a nadie que demuestre que la adolescencia es víctima de la sociedad y no victimaria de la misma, mas allá y mas acá de la responsabilidad de adolescentes en actos delictivos.

Por ende la calumnia y la difamación que se abate sobre estos profesionales sirve a un doble propósito: por un lado exculpar a todos los ofensores y abusadores y por otro impedir que los derechos vulnerados de niños y adolescentes puedan ser defendidos.

ASAPMI como organización de profesionales destinada a la atención y prevención del maltrato infanto juvenil guarda su mayor solidaridad con las víctimas, no con los victimarios. Somos solidarios con los abogados, trabajadores sociales, psicólogos, médicos y otros operadores sociales que dedican su vida y su esfuerzo a la defensa de la causa de los niños y adolescentes, y al mismo tiempo rechazamos el intento difamatorio y descalificador de la prédica autoritaria que caracteriza a los ofensores porque “ ellos sí hicieron”, y tanto la sociedad como la justicia tienen la responsabilidad de que no queden impunes.

Comisión Directiva de ASAPMI: María Inés Bringiotti - Jorge Volnovich - Nicolás Fariña - Julieta Tomasini - Ester Siegel - Diana Rosenhek - Patricia Visir - Héctor Raffo - Ruth Teubal - Marta Ogly - Claudia Faganel - Edith Fuentes - Paola Arditi - Cecilia Manigrasso - Juan Pablo Viar - Fernanda Tarica - Susana Tesone - Nilda Saucedo - Andrea Borrajo - Cristina Bottini - Graciela Tilli.-
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