Asapmi - Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infantojuvenil

Notas de Actualidad

Documento de ASAPMI - Infancia Maltratada: Las Marcas de la Vergüenza

JUNIO/2005

En los últimos 30 años hemos sido testigos y partícipes de grandes avances en la prevención y la atención de niños y adolescentes objetos de maltrato, como correlato de un cambio profundo en la moral de la sociedad argentina que no podía aceptar más la crianza y la educación de los niños/as basadas en cualquier forma de violencia (lo que incluye violencia, negligencia, omisión, abuso emocional y abuso sexual).
Fueron 30 años destinados a generar un verdadero movimiento cuyo único objetivo ha sido impedir que las marcas de la verguenza continúen reproduciéndose a lo largo de nuevas generaciones de argentinos. Sin embargo, desde fines de los 90, un giro oscurantista comienza a detectarse cuando notamos que se han recreado nuevas formas y contenidos que amenazan volver a invisibilizar el maltrato.
Encabezando lo que se ha constituido en un verdadero contra-movimiento (denominado back lash), encontramos a agresores y ofensores, en algunas circunstancias agrupados en asociaciones que, amparándose en el justo de derecho al vínculo entre padres e hijos, justifican el carácter delictivo de sus conductas violentas, negligentes y/o abusivas.
Su principal estrategia ha consistido en acusar al que acusa, o sea, silenciar al que habla o al que intenta hacer prevalecer su palabra por sobre la verguenza y el estigma del maltrato.
A estas asociaciones se les han ido sumando profesionales que, si bien en las primeras etapas compartieron con los suscriptos congresos, jornadas y trabajos sobre esta problemática, hoy alzan sus voces “indignadas” cuando los agresores provienen de sectores profesionales, empresarios, políticos, artistas reconocidos, y/o responsables de niñ@s y adolescentes en instituciones educativas, religiosas o de salud. Precisamente estos profesionales, con argumentos pretendidamente “científicos” o supuestamente en defensa de los niños, comenzaron a diluir la responsabilidad por las acciones violentas y/o abusivas contra los niños dentro del seno de la familia, a la vez que proponen focalizar el maltrato infanto-juvenil siempre como resultado de los divorcios contradictorios.
Incluso se han sumado a esta posición doctrinaria profesionales que, autotitulándose “cientificamente neutrales”, se sitúan imaginariamente entre dos bandos antagónicos, recreando la reconocida “ teoría de los dos demonios” de la cual los argentinos tenemos buena memoria.

La diferencia innegable resulta de cotejar que los ataques más violentos destinados a silenciar a los hablan, han sido recibidos pura y exclusivamente por los sectores que tienden a visibilizar y denunciar los malos tratos, tanto es así que cada vez más psiquiatras, psicólogos, abogados han renunciado a la tarea o se han visto expuestos a una “quema” (burn out) precipitada de sus capacidades profesionales.
Finalmente, en los últimos años surge un enfoque en las instituciones sensibles a las cuestiones sociales, que se puede resumir en la frase "desjudicializar la pobreza", argumento esgrimido en todas las propuestas y proyectos de reformas tendientes a adecuar la legislación a la Convención sobre los Derechos del Niño. Este lema, si bien pretende dejar de culpabilizar a los pobres por la desatención de sus hijos a consecuencia de un estado ausente, no permite diferenciar adecuadamente entre aquellas familias que, por carencia de recursos básicos son negligentes ó inadecuadas, de aquellas que a pesar de recibir ayuda, ésta no redunda en el mejoramiento de las condiciones cotidianas de
vida de sus hijos por sus propias dificultades más allá de la pobreza.
Este "error" termina justificando en muchos casos la idea de que hay que
priorizar la familia sin distinguir la gravedad y las situaciones de extrema vulnerabilidad que atraviesan los niños, niñas y adolescentes que conviven en su seno.
El contrasentido al que ha llevado esta posición doctrinaria queda revelado cuando, con gran asombro, observamos como funcionarios de algunos servicios de protección a la infancia se enorgullecen de la devolución inmediata al hogar de niñ@s que habían abandonado su casa (en algunos casos desesperados), ante diversas formas de maltrato. Peor aún, esta reinserción familiar es realizada sin un seguimiento adecuado por parte de personas calificadas, acorde a la gravedad de la situación planteada .
Nadie desea niñ@s en situación de calle, menos aún niñ@s alojados en instituciones o sistemas alternativos donde corren el riesgo de padecer mayores situaciones de maltrato institucional (en muchos casos, con el conocimiento encubierto de actores del sistema). Pero tampoco podemos soslayar que, invariablemente hemos sido consultados por operadores de distintos ámbitos que, consternados, observaban como se proponía la reinserción inmediata al hogar, de niños/as que les habían suplicado por ayuda o protección.
Como corolario de este contrasentido, con no menor asombro hemos constatado que varias instituciones jurídicas, educativas y de salud, así como profesionales de algunas Defensoría de Niños/as y Adolescentes del G.C.B.A. y de servicios similares en el resto del país, representan con vehemencia a ofensores, golpeadores o abusadores, incluso cuestionando la intervención de equipos y/o profesionales especializados.
Pero, tal vez el efecto más importante producido por este verdadero contramovimiento, generado por las conjunción de los intereses de las corrientes aludidas, gira alrededor de que lo que se considera como último bastión alcanzado en el campo de la protección de la infancia: el abuso sexual infantil , especialmente el intrafamiliar; pero que se proyecta hacia todo el campo de la violencia familiar. Estas son, en la práctica, sus propuestas:

A) La desincriminación de las conductas abusivas cuando se producen dentro del seno familiar e institucional, con mantenimiento del vínculo físico del agresor con la víctima siempre y en todos los casos sin importar el sub-tipo de maltrato y la gravedad del mismo.

B) La erradicación del concepto de maltrato infantil y la reinstauración de algunos de otros tipos de abordajes en su reemplazo, sin intervención de la justicia, lo que implica una tergiversación del paradigma proteccional establecido en la Convención sobre los Derechos del Niño, Niña y Adolescente.

4 ) El rechazo de los invalorables aportes de la teoría del género sobre la violencia familiar y el maltrato infantil intrafamiliar y la consecuente abolición de la ley 24.632.

5) La “legitimación” en la práctica, de la paidofilia y otras conductas aberrantes en el seno de la familia y de las instituciones.

6) El retorno a la naturalización del maltrato infantil en todas sus manifestaciones en el seno de las familias pobres o indigentes.

7) La erradicación de todo tipo de atención estatal a la violencia intrafamiliar.

8) El no cumplimiento o el desaliento del cumplimiento de la Ley de Violencia Familiar, por parte de los profesionales, por la situaciónes anteriormente mencionadas, generando la consiguiente corrosión.

Para alcanzar estos objetivos, éstas son las estrategias que ha adoptado este contra-movimiento:

A- Una crítica sin bases empíricas respecto de las nociones y conceptos que permitieron percibir la violencia contra los niños y adolescentes, así como a quienes eran sus autores. Este proceso comienza por cuestionar la metodología de evaluación de la situación traumática vivida por el/la niño/a víctima, continua por poner en duda la idoneidad del profesional interviniente y termina por cuestionar el valor psicosocial que tendría la denuncia, todo fundamentado en estudios parciales de dudosa procedência, pero elevados al estatus de “científicamente aceptados”.

B – La minimización o alteración de cifras y consecuencias de las distintas formas de maltrato infantojuvenil, de manera tal que, cuando la estadísticas oficiales hablan de un máximo de 10 % de falsas denuncias, esos estudios hablan de un 10% máximo de verdaderas denuncias, ofreciendo estudios parciales y sesgados que los justifican. Debemos ser claros a este respecto: existen falsas denuncias que revisten el carácter de malos tratos a niños/as y adolescentes, muchas atendidas por nosotros mismos, pero las mismas no comportan el número ni el nivel que sostienen los defensores de la back lash.

C – La crítica al carácter de "especialización" que había tomado la temática, íntimamente vinculada con lo multidisciplinario e interdisciplinario, desde dos polos opuestos. Quienes la desacreditan por considerarla el sesgo extremista de situaciones que eran un correlato de parejas o familias “disfuncionales” en la crianza y trato de los niñ@s y jóvenes y, por otro lado, de quienes valorizando tal especialización, renunciaban a incluirla en la formación generalista de médicos, psicólogos, trabajadores sociales y abogados.

Aún declarando una pretendida solidaridad con la prevención y la atención del maltrato infanto-juvenil, terminan con la consabida frase: “lo sentimos mucho pero no tenemos una formación especializada, lo debemos derivar!”

Cuales fueron las consecuencias de estas confluencias en la acción de este contramovimiento (backlash) .

A En principio el debilitamiento de todas las políticas públicas y de la sociedad civil que enfrentan los malos tratos infanto-juveniles, afectando inclusive las ya insuficientes acciones tendientes a la puesta en práctica de Programas de Prevención para evitar el bullying (violencia entre niños y jóvenes en las escuelas), especialmente aquellos abordajes que podrían impedir su desarrollo en las instituciones escolares.

B Equipos desmantelados, profesionales especializados jaqueados por procesos civiles y penales y/o soportando todo tipo de agresiones. Instituciones y funcionarios políticos que terminan no apoyando a los equipos especializados dependientes de ellos, provocando que los profesionales y operadores terminen quedando solos y lanzados a su propia suerte.

C En materia de Investigación, protocolización y validación de instrumentos auxiliares, se ha generado una falta de políticas públicas "centralizadas" que, entre otros factores, ha impedido el delineamiento claro de roles, responsabilidades y articulaciones para normatizar la respuesta de todos los operadores volviéndolo realmente eficaz, frente a la coexistencia no armonizada de diferentes equipos de trabajos actuando de manera opuesta y sin uniformidad respecto a criterios de abordaje.

D Finalmente, como corolario del giro mencionado en el campo del abuso sexual infantil, la presencia mediática de familiares ofensores, supuestas víctimas de la justicia, ha comenzado a igualar o superar a la presencia de los profesionales y las víctimas de maltrato. Al mismo tiempo, empiezan también a exteriorizarse día tras día, en los mismos Medios de Comunicación, los abusos en las congregaciones religiosas y en las instituciones escolares, en procesos que terminan frecuentemente en absoluciones dudosas.

Todas y cada una de las consecuencias que genera este contramovimiento, tiende a instalar la idea de que la mejor defensa de los derechos del niño/niña y adolescente, consiste en volver a convivir con el ocultamiento de las Marcas de la Verguenza producidas por el maltrato. Porque en el ápice del discurso cínico ya no nos sorprende que, la protección de los derechos de los niños/as y adolesentes se ha transformado en un castigo para los mismos y que se ha targiversado convenientemente la ley para volverla adecuada a los intereses de los ofensores.

- Es nuestro propósito continuar produciendo los cambios necesarios en la historia del Maltrato Infanto-Juvenil en la Argentina , conjuntamente con los servicios de Salud, Educación y Justicia, sobre la base del compromiso de todos los actores y niveles de la comunidad. Los profesionales , técnicos y agentes sociales de las áreas jurídicas, sociales y psicológicas, no retrocederemos frente a las amenazas, las difamaciones y las exclusiones. Continuaremos con nuestro trabajo cotidiano y esfuerzo sostenido , enfrentado, estudiando y denunciando todos aquellos malos tratos que vulneren los derechos de los niños, niñas y adolescentes de nuestro país..


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