Asapmi - Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infantojuvenil

Notas de Actualidad

Foro Debate sobre el Fallo de Mar del Plata: Melo-Pacheco

JULIO/2006 - EN LA FELIZ, FELICES LOS NIÑOS: Osvaldo Fernández Santos

"Los monstruos existen pero son demasiado poco numerosos para ser verdaderamente peligrosos; los que son realmente peligrosos son los
hombres comunes." - Primo Levi
EN LA FELIZ, FELICES LOS NIÑOS: Osvaldo Fernández Santos
El Dr. Deleonardis, encargado de la redacción del primer voto del fallo al que adhirieron sus colegas, resumió todo el proceso con una palabra: Angustia. La síntesis escogida, constituye una buena muestra sobre la confusión de las consecuencias con las causas que suele darse en los casos de abuso sexual infantil (ASI), la palabra que define este proceso es: Perversión. En la sentencia se cita como principio: "tener por superadas las arraigadas creencias relativas de que ...el más grave error de la justicia es creer en los testimonios de los niños...", para luego desmentirlo en la argumentación de la misma.
La desmentida es uno de los mecanismos defensivos dominantes pero no específicos de la perversión, que consiste en reconocer una realidad pero al mismo tiempo reemplazarla por una teoría para negarla.
La verdad es que había tenido acceso a la sentencia, antes de conocer el material pericial que se ha aportado para estas jornadas. Una vez leído el material técnico me ha costado muchísimo volver a leer el fallo, porque si bien de entrada había entendido que era una ignominia, tal calificación se acrecentó al constatar que el Dr. Deleonardis tuvo una comprensión cabal de las pericias y los informes psicológicos, que evidentemente escaparon a la inteligencia de la fiscalía. Y me costó leerla, por la bronca que me generó la ignominia, no se asusten no me voy a quedar en lo contratransferencial, sino voy a ser estigmatizado como la Lic. Birades, quien dicho sea de paso, hizo algo más además de "sobreinvolucrarse" y exhibir lo que sentía, "por algo será" que la procesaron. Decía que no me iba a quedar en lo contratransferencial, sino analizar científicamente el material, porque parafraseando a uno de los más grandes pensadores de la historia, no es la ignominia de la injusticia lo que puede producir las transformaciones, sino la
conciencia de la ignominia, agregarle a la injusticia la conciencia de la injusticia; y estas jornadas organizadas por ASAPMI, tienden a eso.
Decía que el Dr. Deleonardis, comprendió cabalmente lo que podía leerse de las pericias e informes psicológicos, porque si bien en los mismos se corroboran los abusos sexuales y maltratos físicos y psíquicos a los niños, y se hacen referencias de que son acordes a "lo denunciado"; el material desplegado posibilita pensar con suma verosimilitud algo mucho más serio que del abuso del profesor Pacheco Melo, el material habilita sospechar de un sometimiento perverso sostenido en el tiempo y con cierta metodología sobre los niños por parte de varios adultos, entre los que podrían encontrarse además del mentado profesor: el cura, un fotógrafo, la directora, la portera, el hermano del profesor, un abuelo y alguna maestra. Siniestro. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo van a haber tantos adultos involucrados en el sometimiento perverso de niños? y encima en una escuela religiosa. Descontando la mención de la escuela religiosa, el
resto de las cuestiones pensadas como imposibles, aparecen claramente en la sentencia. También se vislumbra con nitidez que el juez entendió el material, y sosteniendo el pensamiento benevolente que se debe, podríamos decir que lo descartó horrorizado, aunque eso sí, con una
notable vehemencia panglosiana en la desinculpación; y tan cabal fue su interpretación, que se lo enrostró a la fiscalía: ¿Uds. creen en lo que dicen los niños o no?, porque solo toman fragmentos para la acusación, si considerasen los relatos completos deberían hacer una acusación más amplia. Impecable...
En el cuerpo de la sentencia antes de emprender el desarrollo conceptual, se aprovecha el apoyo extraordinario de la Fiscal, la Dra. Lorenzo: descartar a las colegas que tomaron las primeras entrevistas, que como se sabe, son las más importantes; pero además de haber tomado
las primeras entrevistas, una es una perito oficial y la otra, que si bien pareciera evidente que se sobreinvolucró, fue quien aportó la mayor cantidad de relatos de los niños, relatos que denotan fidelidad de transcripción... Entonces la fiscalía que presentó una denuncia que el propio juez le señala que es incompleta (¿incumplimiento de los deberes de funcionario público?), pide el procesamiento de las dos psicólogas, en fin... y el juez agrega un elemento irritativo e injusto para cuestionar a la Lic. Vitali, que haya protegido a dos niños de las sobreevaluaciones. Paradójico.
Deleonardis, despliega luego la base conceptual desde donde evalúa el material. Aunque lo menciona en una sola ocasión tangencialmente, cuando se refiere a la co construcción de memorias en los niños, y encima homologando a Padilla con Volnovich, su base ideológica es el SAP (La "teoría" de Gardener que dice que en realidad no existen tantos abusos sexuales, sino que las madres en los procesos de tenencia o divorcio, alienan a sus hijos con la co construcción de memorias sobre experiencias que no sucedieron...) Porque digo que es el SAP, porque cuando pondera el material, a lo cual luego me referiré, lo hace para demostrar por todos los medios que los niños fueron "influenciados", sin aclarar explícitamente que entiende por influenciados pero demostrando en la práctica que se trata de la supuesta co construccion de memorias. En el desarrollo de la fase conceptual, no recurre al impresentable Gardener, sino que se basa en Berlinerblau (en un acto de injusticia) en la técnica de entrevista pericial para niños abusados, en aspectos psicoanalíticos acerca de lo visto y lo oído, pero en vez de tomarlos como organizadores desde los cuales los niños metabolizan sus experiencias los toma como los instaladores de la experiencia en el discurso de los niños, es decir 100% SAP. También siguiendo a Berlinerblau, sostiene con corrección, que el perito debe tener cabal conocimiento de psicología evolutiva, conocimiento que luego se arroga para aplicar a piachere. A los requisitos que cita como indispensables, habría que agregarle conocimientos acerca de las implicancias del traumatismo psíquico. Aquí vale detenernos y aclarar, el saber hacer pericial corresponde a las pericias y las presentadas demuestran portarlo; el conocimiento acerca del traumatismo psíquico no debe faltar en los tratamientos clínicos, y no falta en los escritos de las colegas.
Las pericias y los informes psicológicos, están basados principalmente sobre la lógica y los conocimientos teóricos referidos al ASI intrafamiliar, como la bibliografía que citan evidencia. Aclaro que todo es más fácil contando con el diario del lunes para analizar los partidos del domingo, pero igual los informes no dejan de señalar la multiplicidad de personas que aparecen violentando a los niños. En el análisis que hace Deleonardis del material técnico, usa como punta de lanza su comprensión de lo que dicen las pericias y que la fiscalía descuidó, despliega un argumento socio-psicológico reiterativo: ¿Cómo tantas personas no vieron lo que supuestamente hacía el profesor, o mejor aún porque tantos docentes, directivos de años de trayectoria arriesgarían sus carreras por un profesor nuevo?, descartando por inverosímil que todos participasen de los abusos. Los dichos de los niños y las pericias indican otra cosa, pero principalmente la cantidad de niños involucrados y la presencia en casi todos los relatos del fotógrafo y las fotos, es lo que permite pensar la verosimilitud de la hipótesis de la intervención de
varios adultos en el abuso perverso de los niños. Al considerar además, el material que aparece en el relato de algunos niños: "las inyecciones", que se dormían, la filmación de videos, el ver sus propios videos, los disfraces... podría por lo menos abrirse la pregunta de si no se está, además, frente a un caso de pornografía infantil. Desafortunadamente, a la fiscalía se le escaparon estos detalles. En principio se podría contraponer otros argumentos socio-psicológicos, algunos de ellos con mayor fundamentación, que los desplegados por el juez. El primero sería ¿por qué tantos psicólogos de larga trayectoria se complotarían contra el profesor o como tantos peritos y psicólogos clínicos se equivocarían todos juntos?, ahora con mayor fundamento científico el argumento cuantitativo psicológico ineludible es:
¿Cómo se produce una epidemia de sintomatología vinculada al ASI en niños de 4 años? ¿Por qué de repente, los niños comenzaron a padecer: pesadillas, enuresis secundaria, trastornos de conducta, retraimientos, masturbación compulsiva, terrores nocturnos, etc? Síntomas por los cuales, varios padres habían realizado consultas psicológicas y/o atribuido a distintas situaciones familiares los cambios de conductas repentinas que observaban en sus hijos, antes de que se conociese el principal determinante.
Previo a desplegar como se pondera en la sentencia el material técnico, vale realizar una aclaración. Al tratarse de un abuso extra - familiar, ya sea individual o grupal en una institución como los relatos de los niños sugieren, una vez develada la amenaza que sostiene el silencio de los niños, la posibilidad de que relaten las experiencias traumáticas que padecieron resulta más sencilla que cuando se tratan de abusos intrafamiliares, porque: 1) Las amenazas no provienen de adultos significativos, 2) la coerción para el silencio sostenida en la amenaza
violenta disminuye su eficacia, al ser retirado el niño de la institución y al asegurársele que no volverá a ella, 3) El abuso generalmente, como en este caso, es de características violentas y no de progresiva seducción, 4) Los niños sienten el respaldo conjunto de sus seres queridos, y 5)
La amenaza no se concreta, no hay rupturas familiares, ni falta de creencia por parte de los adultos más cercanos; como suele suceder en los ASI intrafamiliares.
Resulta llamativo o no, el empeño puesto en la sentencia para "desculpabilizar" al juego de la cola del zorro, justificar la idea del secreto, e ignorar al fotógrafo (¿Será Wally?). La descripción
de los elementos que formarían parte del juego de la cola del zorro, pareciera destinada a demostrar la supuesta incoherencia de los relatos infantiles. Ahora bien, en los abusos en jardines y guarderías, parte de la "técnica" de los perversos es aportar a la confusión de los niños, en donde se les muestran algunos elementos y se los somete con otros:
¿Cómo va a ser duro un pedazo de tela? ¿Cómo le van a poner piedritas en la cola a los chicos? y ¿¡Un palo con pinches!? Entonces el veredicto es preciso, los chicos inventan o son influenciados; cuando los relatos recurrentes aparecidos en las pericias e informes, habilitan a pensar justamente el juego de la cola del zorro como una de las mascaradas principales de la técnica perversa, y algunos de los relatos a pensar que la cola del zorro era en ocasiones el pene del profesor. "Me puso la cola de adelante atrás", "cuando era bueno me ponía la cola por arriba de la ropa, después no..." "Me puso su cola adelante y atrás". El secreto es presentado de acuerdo al testimonio de la directora, como el secretito que había que tener cuando se preparaba una canción para los actos, para que no se enterasen los padres. Enternecedor, si se omite, que muchos niños, ante diferentes profesionales y diferentes padres, explicaron que no podían contar lo que le hacían porque sino iban a matar a sus padres. Aunque lo más probable es que hayan existido ambos secretos.
Otro argumento de descalificación global del relato de los niños, es el énfasis puesto en demostrar la imposibilidad fáctica de que los abusos ocurriesen en el cuartito de abajo de la escalera (según información extra, su dimensión sería de 2 m por 1,5 m), sin contemplarse que en los relatos de los niños, más allá de la posibilidad de ciertas maniobras distractivas, se incluyen otros lugares: los baños, el cuarto del cura, casas, un paseo en el lago.
El análisis que se realiza del material es sumamente particular, si se considera que se está evaluando, por lo menos, la posibilidad del abuso de un adulto sobre varios niños. Porque si bien es lógico y necesario, que se estudie la singularidad de cada caso, resulta incomprensible que no se realice ninguna valoración del material común que presentan los niños entre sí. Aunque en realidad, no es la única particularidad que existe en la valoración del material técnico, es más, comparada con las restantes parece hasta trivial, más allá de que no lo sea.
El mecanismo de ponderación del material utilizado fue el siguiente: 1) Se comparó "las declaraciones" de los niños en la cámara Gessel, con el testimonio de los padres para demostrar que no coincidían, 2) Se comparó el testimonio de los niños, con las citas que realizaron de ellos los profesionales, para demostrar que tampoco coincidían o para descartar el material aportado por los psicólogos porque contemplaban elementos que los niños no mencionaron, 3) Cuando cupo la oportunidad, se contrastó el diagnóstico del perito o del clínico que corrobora el ASI, con la opinión de otro profesional que tras dos entrevistas lo descartó o en su defecto con la visión (corta) de las peritos "colaboradoras" del Obispado de Mar del Plata. Tras esta atenta evaluación, se llegó a la conclusión Balá, que la sal es salada. Ahora bien, si se hubiesen aplicado para la lectura del material las recomendaciones explicitadas en la sentencia sobre los requisitos para realizar una evaluación, otro gallo cantaría, o por lo menos hubiese existido la posibilidad de cercar la verdad material.
Las entrevistas en la cámara Gessell, con cuyo contenido lamentablemente no contamos, fueron tomadas casi cuatro años después de los hechos que se investigaban. Según la información aportada, consistió en un solo encuentro por niño, con lo cual no se cumplieron los requisitos necesarios correctamente expuestos por Berlinerblau. No obstante, ese es un dato menor, comparado con el hecho de que se realiza una lectura sincrónica y atópica de los relatos de los niños. Cualquier ser humano adulto, producto de la elaboración secundaria, comenta diferente un hecho de su vida acontecido tres o cuatro años atrás, que el relato inicial que tiene sobre el mismo. Ahora bien, en el caso de niños de entre 4 y 5 años, la diferencia en el relato de una situación traumática, tres o cuatro años después es aún mayor por diversas razones, ya que en ese lapso de tiempo se pasa: a) De un psiquismo en constitución a la instauración del mismo, b)
de una dominancia organizativa edípica a la latencia, c) se enriquece marcadamente el lenguaje, favoreciendo nuevas representaciones y la capacidad metabólica, d) se pasa del pensamiento preoperatorio al operatorio concreto, y e) fundamentalmente existe la posibilidad y el derecho a reprimir las representaciones asociadas a las vivencias traumáticas.
Aunque resulte obvio, no puede dejar de señalarse, que es esperable que el relato actual de los padres se acerque más al relato inicial de los hijos, que la versión de los propios niños tres años y medios después.
No obstante, existen registros profesionales de los primeros relatos de los niños que fueron "casualmente" descartados, y otros posteriores que fueron desestimados. También es tedioso pero necesario, marcar otra obviedad: que es imposible comparar abductivamente, la
> producción de un niño durante un tratamiento psicológico de años, con lo vertido por el mismo niño en una cámara Gessell, dentro de un proceso penal, ante una persona que recién conoce y sabiendo que hay más gente observándolo del otro lado del cristal. Entonces en la sentencia,
al no existir coincidencias término a término de las comparaciones que se realizan, se concluye que los niños han sido "influenciados". En donde la definición implícita que se le da al termino, es la de la consabida "co-construcción de memorias". A modo de cierre, sobre la particular concepción acerca de la influencia, resulta digno de destacar, como se desacredita el relato del niño identificado como 15 en la sentencia: el niño sostiene en las entrevistas psicológicas los abusos padecidos aún contra la opinión de sus familiares presentes, el juez valora al padre porque este reconoce el apoyo que le brindó la institución escolar ante la muerte de su esposa, la fiscalía dice que en el caso de esta familia no se puede sospechar un interés económico (¡la
fiscalía!), la profesional que atendió al niño no es la Lic. Birades ni mantuvo contacto con la misma; ¿Entonces quién podrá salvarnos, digo influenciarlo?, un amiguito que era paciente de la Lic. Birades. Es verdad, aunque parezca mentira.

Osvaldo Fernández Santos.
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