Asapmi - Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infantojuvenil

Notas de Actualidad

COMUNICADO DE ASAPMI: VICTIMAS

VICTIMAS

Una vez más ASAPMI debe manifestarse para poner en evidencia hechos que atentan contra la implementación efectiva de una política de protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

El día 9 de enero de este año, un grupo de profesionales y técnicos/as con su directora al frente, renuncian a continuar sus tareas en el Área de Promoción y Protección de Derechos de la Municipalidad de San Fernando.

Estas renuncias se unen a un conjunto de medidas que se han tomado en todo el país consistente en dimisiones, ajustes de presupuestos, despidos de personal, desactivaciones de equipos de trabajo enteros, y otras decisiones, que precarizan, deterioran, impiden o lisa y llanamente anulan cualquier intervención del Estado en defensa de las víctimas de malos tratos, en especial cuando se trata de niños, niñas, adolescentes y mujeres.

Un doble discurso ha hegemonizado el espacio mediático argentino, por el cual parecería que son vertidos grandes esfuerzos en defensa de las víctimas, cuando en realidad ellas se encuentran cada vez más desprotegidas. Este doble discurso se apoya en que, desde el punto de vista macropolítico, en apariencia las victimas cuentan cada vez más con múltiples organizaciones proteccionales, importantes subsidios económicos y legislaciones pertinentes a su defensa, tal vez como nunca en este país.

Sin embargo, las micropolíticas no siguen el mismo trayecto. Abandonadas al personalismo de cada gobierno municipal, provincial, o simplemente barrial, suelen estar fragmentadas en un sinfín de organizaciones que hacen lo mismo. Cada una de éstas puede actuar como le da la gana, como para que las víctimas sigan siendo cada vez más víctimas. Con total impunidad, hasta a veces desconocen la Convención de Derechos del Niño y las leyes sancionadas en este país, para imponer conveniencias políticas o sectoriales de turno, que no vacilan en desmantelar esfuerzos de muchos años, sólo para garantizar lealtades y asegurar productividades, como si las víctimas de la violencia en sus diversas formas fueran tuercas en un mecanismo industrial imaginario.

De alguna manera consiguen que - desculpabilizándose de todo al decir que hacen mucho por los que menos tienen y pueden -, las victimas se sientan culpables de ser apaleadas, abusadas y denigradas. Aún más, no falta alguna mente lo suficientemente cruel como para acusar a la víctima de aprovecharse de su infortunio, “haciéndose la víctima” para lograr la simpatía ciudadana.

Así es, en el imaginario social victimizarse es la palabra llave para la hipocresía, de manera que ya nadie le cree a ninguna víctima por más heridas que exhiba.

No faltan voceros/as que suelen reclamar el alto costo para la Sociedad y el Estado de proteger a las víctimas que supuestamente buscarían vivir del asistencialismo del Estado. Tampoco faltan, mucho más en épocas actuales, voces exasperadas que, en nombre de la seguridad pública, solicitan castigos y penalización para estas víctimas cuando se transforman en victimarios/as y le cobran duramente a la sociedad su situación de vida.

Finalmente, cuando los recursos ideológicos ya no alcanzan, echan mano a teorías científicas que afirman una cierta vocación masoquista en las víctimas, en especial tratándose de mujeres, forzando teorías y marcos teóricos dentro de lo más cruel que la sociedad ya haya producido.

En verdad, resulta que en nuestro país cada vez resulta más conveniente ser victimario que víctima.

Los equipos de profesionales, técnicos/as y hasta colaboradores/as que con mucho esfuerzo y nobleza trabajan protegiendo a estas víctimas corren la misma suerte. Nadie los/as escucha. Al final, ¿quién les manda trabajar con mujeres apaleadas, niños y niñas abusadas o adolescentes simplemente abandonados/as y heridos/as física y emocionalmente?

Estos/as profesionales y trabajadores/as abandonados/as a su suerte, forman parte de la resistencia al abuso de poder que se ejerce tanto contra las víctimas, como contra ellos/as mismos/as. Siempre en la brecha y en la cuerda floja, ninguna estabilidad apoya su tarea, ni siquiera sindical, dado que también en ese campo existen los/as conocidos/as y los/as desconocidos/as de siempre.

Si como sociedad aspiramos realmente y sin hipocresías a que nuestros niños, niñas y adolescentes, así como las víctimas de todo tipo de violencias puedan vivir y ejercer en plenitud sus derechos en nuestro país, es imperioso que denunciemos las incongruencias entre lo que se declama y lo que efectivamente se hace.

Desconocer la importancia de las intervenciones llevadas a cabo por profesionales formados/as específicamente en un tema de altísima complejidad, lleva a suponer que todo da lo mismo, que cualquiera puede intervenir en cualquier cosa. Y si a pesar de las denuncias, este proceso se acentúa como lamentablemente parece estar ocurriendo, entonces estamos frente a una política que claramente se define por la no defensa y protección de las víctimas. Puras declamaciones, nada de contenidos.

De esta manera, al igual que las víctimas de la violencia, los niños, las niñas y adolescentes, las mujeres u otras minorías, los/as profesionales dispuestos/as a protegerlas quedamos solos/as en los territorios escolares, profesionales, de trabajo, barriales; en la protesta y el ejercicio del derecho de proteger a los que han sido excluidos de hecho; en el rechazo a toda imputación malvada y cruel de servir a “operaciones” tramadas por aparatos políticos.

Enero de 2012
Jorge Volnovich y Comisión Directiva





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