Asapmi - Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infantojuvenil

Notas de Actualidad

Debates que no son inéditos ni inocentes

ASAPMI

(ASAPMI - Nota publicada por el Megáfono -Página 12 bajo el título "La suspensión del contacto paterno en el abuso sexual infantil" de fecha 31/10/2014 - versión impresa).
Los medios de comunicación suelen proponernos, sin mediación alguna, irrumpiendo en nuestras vidas y quehaceres “la noticia”.
Dentro de las tantas que se expresan en infinitas notas, comentarios más o menos entendidos, opiniones o aprovechamientos de ríos revueltos, nos convoca el video que ha obtenido enorme promoción con el argumento de la censura y que bajo la aparente defensa de los derechos conculcados a padres amorosos, por parte de sus ex cónyuges, despliega ataques a profesionales especializados en la temática, que la propia justicia considera violatorios de los derechos personales de los afectados.
Pero hablemos del fondo y de los efectos que vuelven a poner en debate el mal llamado Síndrome de Alienación Parental, dándole una entidad que evidencias serias desmienten.
Se intenta una vez más instalar una noción, que si no proviniera de profesionales, podría constituirse en un delirio conspirativo, respecto a comportamientos maliciosos y dañinos de todas las mujeres que se divorcian y no trepidan en utilizar a sus hijos, utilizándolos como una cápsula de Petri en la que inoculan escenas, eventos, sentimientos y opiniones con la finalidad de ganar un litigio judicial contra sus ex cónyuges.
Tan solo una mirada superficial o malintencionada podría sostener estas aseveraciones desconociendo el trabajo laborioso que profesionales sin ningún interés personal y con enormes consecuencias afectivas y sociales para sus personas, realizan en miles de situaciones en las que encuentran niños, niñas y adolescentes vulnerados por padres que se han destituido como referentes afectivos saludables sin intervención maliciosa de terceros alguna.
Desnaturalizar, poniendo en el orden de las intenciones y opiniones las consideraciones profesionales que se realizan centradas en datos reales, declaraciones rigurosas, evaluaciones sistemáticas y a veces tan repetidas que se vuelven revictimizantes, induce a pensar que se ha perdido el eje de cualquier debate serio y con reglas. Y uno de los mecanismos falaces que pueden observarse en esos discursos oportunistas es convertir las experiencias personales en verdades generales sobre las que se sacan pseudo-conclusiones, que en realidad antecedían al enunciado. Es decir uso inadecuado y en algunos casos malintencionados, de una casuística a la que nadie hasta el momento le ha dado magnitud.
A, entonces B, dando por cierto que A es verdadero. En consecuencia: todas las madres inmersas en divorcios son maliciosas, todos los profesionales intervinientes han sido “inoculados” por un pedófilo, todos los juzgados han sido influidos por el feminazismo tan en boga y que ha logrado, no sabemos cómo, vencer miles de años de patriarcado, todos los padres, por el hecho de serlo son amorosos y desean el contacto con sus hijos y así hasta donde alcance la falacia.
En este contexto, se hace necesario introducir algún grado de razonabilidad y quitar el velo que parece querer instalarse sobre el Abuso Sexual Infantojuvenil intrafamiliar y su impacto sobre las víctimas y las personas, familiares o no, que velan por su protección y cumplen la ley.
En ese sentido vale mencionar que la suspensión del contacto paterno-filial no es una decisión que alegremente adoptan jueces y juezas por la influencia nefasta de mujeres superpoderosas, sino una medida protectora provisoria, que suspende la posible reiteración de la vulneración de derechos hasta tanto en la mayor serenidad posible, niños y niñas puedan develar o ayudar a desestimar.
El eje de estas decisiones es el niño/a, no sus progenitores, que en ocasiones como esta, parecen ponerse en el centro de la escena, olvidando funciones parentales, pero ejerciendo titularidades. De esto se trata cuando, en cumplimiento de la CIDN jueces y juezas interrumpen contactos con el niño o niña de alguno de sus padres sobre el cual ha recaído una sospecha.
Dice al respecto el Dr. Norberto Garrote: “de esta manera establecemos las condiciones en las que se funda la factibilidad de la elaboración diagnóstica, para que sea creíble y sosteniendo el resguardo del niño de toda nueva victimización. Así se evita la reiteración de la (posible) situación abusiva, como también toda otra presión u hostigamiento que comprometa la salud psíquica del niño”.
Por otra parte, vale mencionar, citando a prestigiosas profesionales especializadas en el exterior en la temática, que “un período de investigación producto de acusaciones de abuso sexual, no interrumpirá un vínculo sano existente entre un padre con su hijo. … Pero, la influencia del ofensor puede llevar a que el niño/a se desdiga de las acusaciones vertidas. El/la niño/a puede llegar a no sentirse protegido, creído o puede sentir que las acusaciones de abuso sexual no son serias si, sin preparación alguna, él o ella comienza un régimen de visitas y llamadas telefónicas con la persona por la que dijeron haber sido abusados. Es necesario que tenga lugar un proceso antes del comienzo de las visitas.
La realidad nos dice que:
Ante una situación de sospecha de ASI puede suceder que:
a) el niño fue víctima de abuso, y su relato es creíble y exacto,
b) el niño fue víctima de abuso, pero padece un déficit cognitivo o emocional que impide que su relato sea creíble,
c) el niño fue víctima de abuso, pero tiene miedo de manifestarlo,
d) el niño fue víctima de abuso, pero una malentendida lealtad le impide relatarlo,
e) el niño no fue víctima de abuso, y su relato de abuso es producto de haber malinterpretado conductas de sus padres,
f) el niño no fue víctima de abuso, pero los padres han malinterpretado conductas que los llevaron a considerar la sospecha de abuso y
g) el niño no ha sido objeto de abuso, pero cuya convicción emana de la inducción o la co-construcción de/con alguno de sus padres: ello constituye un falso alegato.
Indagar para conocer con máximo grado de confianza frente a cuál de estas situaciones nos encontramos exige paciencia por parte de los adultos implicados, pericia por parte de profesionales y jueces/zas, resguardo de la integridad física y psíquica de niños y niñas y respeto de sus derechos, sobre todo por parte de los que dicen amarlos.
COMISION DIRECTIVA DE ASAPMI

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